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lunes, 27 de octubre de 2014

Torrecilla de Alcañiz (Bajo Aragón)

De libros, botánicos y despertadores
En la margen derecha del río Mezquín, y a escasos doce kilómetros de la capital del Bajo Aragón, se encuentra Torrecilla de Alcañiz, ciudad en tiempos protegida por una muralla de la que hoy día no queda nada. Posiblemente, como en otros casos similares, ésta haya pasado a formar parte de los muros de las casas del casco urbano.
Un casco urbano que se ubica en un llano de inviernos fríos y secos, y veranos calurosos pero llevaderos por la piscina y el bar. Un casco urbano más bien llano, ideal para moverse en bici, y un casco urbano del que destaca la iglesia y el ayuntamiento renacentista, con una pequeña lonja.
En Torrecilla de Alcañiz nació José Pardo Sastrón, eminente botánico aragonés que ejerció de boticario por todo el Bajo Aragón. Junto a Francisco Loscos y Bernal se dedico a catalogar minuciosamente la flora de la zona, con especial hincapié en las plantas medicinales (que para eso era boticario). Publicó varios libros especializados, y en Torrecilla completaron un jardín botánico en su nombre, que puede visitarse.
En uno de los muchos paseos que, por suerte, me ha tocado dar por este pueblo, y aprovechando que iba con alguien de allí, pregunté sobre algo que me había llamado la atención hacía tiempo: unas “placas” en muchas de las calles en las que ponía “Copla de los Despertadores”. Yo entiendo por “despertador” una esfera grande con numeritos y saetas, con su ruidoso tic-tac, y que cuando suena mona una escandalera que para qué… o bien una cuadrilla que vuelve a casa de madrugada y no tiene otra faena que ir armando alboroto, a voz en grito a poder ser, entonando cánticos regionales, y despertando a la gente. Casi acierto con esto último.
Me contó la persona en cuestión que, tradicionalmente, Torrecilla de Alcañiz había sido un pueblo de costumbres muy religiosas, tanto que cada calle podía considerarse una “unidad religiosa”, con su hornacina para el santo, sus marcas de vía crucis o, como comentamos, sus paradas de “Despertadores”. Bueno, pues resulta que en tiempos los domingos a primera hora (con la aurora) había misa y, por lo visto, tenía que ir todo el pueblo, así que para que nadie faltara con la excusa de “me he quedado dormido”, un grupo de hombres iba cantando por las calles para despertar a todo el mundo y que fueran al Rosario de la Aurora, que consistía en irlo cantando durante una segunda vuelta por el pueblo. Y luego, a misa.
Pero en uno de esos Concilios Vaticanos que se organizan de vez en cuando pusieron misa los sábados, quitando la de la aurora de los domingos, así que ya no había motivos para levantarse pronto ese día, y a punto (si no del todo) estuvieron de desaparecer estos “Despertadores”. Finalmente, como se lleva mucho lo de recuperar viejas tradiciones, en Torrecilla de Alcañiz han revivido estos “Rosarieros” o “Auroros” (como también se les conoce), aunque ahora más con fines folclóricos que religiosos. Si hasta han grabado un CD…
Para rematar esta historia, no puedo menos que añadir una curiosidad de esas que tanto me gustan; en este caso, sacada del libro “Guía mágica de la provincia de Teruel”, de Alberto Serrano Dolader (que la SGAE me perdone), y que atribuye poderes mágicos a los que leen libros en Torrecilla de Alcañiz. De hecho, cuenta tres casos:
Primer ejemplo: ”Un rebaño iba andando por la calle Mayor. Al llegar a las Yeserías se detuvo,  no había manera de hacerlo andar a pesar de los gritos y los palos del pastor. Levantando éste la mirada vio que en una ventana había uno con un libro, leyendo. Se dirigió a él y lo amenazó con el garrote. El otro paró de leer y el rebaño siguió andando”.
Segundo ejemplo: “Llegó a la plaza un vendedor de vajilla. En una casa vecina había uno leyendo en la ventana. Se apareció una perdiz sobre la vajilla, y los que estaban allí empezaron a dar garrotazos para matarla, pero no pudieron: siempre se escapaba. Hasta que el lector fue visto por el vendedor, que le increpó. El otro paró de leer y desapareció la perdiz. Bajó el lector y pagó el estropicio”.
Tercer ejemplo: “Había uno que se ponía a leer un libro y veía y hacia ver mujeres desnudas”.
Visto el último, casi dan ganas de coger un libro y leérselo en este pueblo.




lunes, 30 de diciembre de 2013

Orihuela del Tremedal (Sierra de Albarracín)

Naturaleza, patrimonio, historia y leyenda
Vayáis a Orihuela por donde vayáis, seguro que es atravesando extensos y densos pinares, principalmente de la variedad albar. Hoy día, la madera es uno de los recursos naturales de la localidad, acompañada (¡cómo no!) por la recolección de hongos y setas cuando es época.
Una primera panorámica del pueblo la podemos tener desde la gasolinera, antes de meternos en la plaza, que será un buen lugar para dejar el coche, nada más pasar el río Gallo, hábitat de la trucha común y solaz de pescadores.
Orihuela del Tremedal fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1972, y no es de extrañar pues basta con mirar alrededor para admirar las casas señoriales, comenzando por el propio Ayuntamiento y acabando con (perdón, "en") la mansión de los Franco Pérez de Liria, en cuya fachada se encuentra (y cito casi literalmente) "la mejor y más bonita reja de la Sierra de Albarracín".
Ya que fueron los caballeros del navarro Pedro Ruiz de Azagra quienes por estas tierras reconquistaron la taifa de Albarracín, es lógico que dejaran huella a su paso por aquí, y esa huella se traduce en el culto mariano de la Virgen del Tremedal y en la advocación de un santo riojano: San Millán de la Cogolla, al que se le unió el nombre del río Gallo (por alusiones) y la fuente del Gallo, a su vera.
Por las empinadas calles llegaremos, pues, a la iglesia parroquial de San Millán de la Cogolla, una enorme mole arquitectónica que resalta con creces sobre el resto del pueblo, y a cuya edificación le pega más ser una catedral que una iglesia. Si os la encontráis cerrada, como nosotros, habrá que conformarse con las vistas desde el excelente mirador que su ubicación ofrece, con leer (al que le apetezca) la lista de los "caídos por la patria" (tan extendida por los pueblos de Teruel) y, si paráis cuenta, veréis que en una piedra sillar de las que forman una esquina del edificio ha sido convenientemente tallada para que podamos saber la hora cuando no está nublado. Sí, es un reloj de sol.
Esta iglesia, declarada Monumento Nacional, parece ser que se construyó en tan sólo cinco años (entre 1770 y 1775) y, por si en Orihuela no tuvieran bastante con "la reja más bonita de la Comarca", y los "Ríos de Piedra más espectaculares del mundo" (luego os digo lo que son), la parroquial de San Millán es "la más hermosa del barroco de la provincia". Si es que no debemos tener abuela...
Fuera ya de este casco urbano de casi 600 habitantes, una carretera nos conduce por la hospedería y nos lleva a visitar, por un lado, unas curiosas vertientes de piedras a las que, originalmente, llaman "Ríos de Piedra" y que, debido a sus dimensiones, parece ser que constituyen unos de los más espectaculares a nivel  mundial. ¡Será por piedras en Aragón!. Continuando hasta el final de la carretera, llegamos a nuestro último objetivo: el Santuario de la Virgen del Tremedal, cuyos orígenes se remontan a los siglos XII-XIII y cuyo templo actual es del siglo XVIII, aunque al final se inauguró en 1884 por culpa de la Guerra de la Independencia (suceso del que ahora nos ocuparemos).
Varias cosas hay que contar del Santuario:
1) La primera, que es un excelente mirador de los Montes Universales ya que estamos en los límites de las provincias de Guadalajara y Teruel, aunque actualmente está bastante invadido por antenas y repetidores. Y es que la tecnología tiene un precio.

2) La segunda, que durante la Guerra de la Independencia los españoles de la zona se habían hecho fuertes en el santuario, y un general francés, Henriot para más señas, organizó una emboscada para acabar con ellos. Pero los españoles se percataron de la jugada y se retiraron hacia los pinares, dejando al francés con dos palmos de narices. Éste, muy muy muy cabreado, ordenó quemar el pueblo, el Santuario, los pinares y todo lo que se le iba ocurriendo en su personal rabieta. Las consecuencias fueron desastrosas para el pueblo y para la zona, pero los oriolanos supieron reponerse a la catástrofe. Eso sí, imagino que por aquí seguirán acordándose del francés y de su... tropa.
3) La leyenda de la aparición de la Virgen, que más o menos dice así:

A un pastor manco que apacentaba su rebaño por estos lares, en medio de una luz resplandeciente se le apareció la Virgen, que venía con hambre, y le pidió un trozo de torta que, misteriosamente, sabía que el pastor llevaba en su zurrón. Cuando fue a echar mano al zurrón, la Virgen le dijo que con el brazo bueno no, que lo sacara con el que no tenía. El pastorcillo debió pensar que le estaba tomando el pelo, y así se lo dijo. El caso es que, tras discutir un poco, la perra chica fue para la Virgen y el pastor metió el muñón en el zurrón y, a la que lo sacó, llevaba el brazo entero. Y el trozo de torta, imagino.

La historia acaba aquí; ya no cuenta si al final merendaron los dos juntos o si el pastor, directamente, echó a correr al pueblo a contar lo de su brazo nuevo.

No sé a vosotros, pero a mí se me asemeja a la del cojo de Calanda, sólo que cambiando un cojo por un manco...
4) La cuarta, que sepáis que "Tremedal" no es el apellido del pastor ni el de la Virgen que se le apareció, sino "un terreno pantanoso, abundante en turba, cubierto de césped, y que por su escasa consistencia retiembla cuando se anda sobre él" (R.A.E.). No es de extrañar, pues, que la ganadería sea otro de los pilares de la zona.
Y hasta aquí. Ya veis lo que puede dar de sí un día por estas tierras.




jueves, 24 de octubre de 2013

Frías de Albarracín (Sierra de Albarracín)

De atlantes y demonios... pero también de flores y princesas
Existe un libro sobre Teruel de no muchas páginas pero todas muy interesantes; pequeño, pero enorme en contenidos; que editó Ibercaja (mal que me pese hacerles propaganda) allá por el año 93, que he leído de una sentada bastantes veces y que recomiendo a todo el mundo. Se titula "Guía mágica de la provincia de Teruel", escrito por Alberto Serrano Dolader.
El otro día me lo volvía a leer, y como paré cuenta de que había varias historias/leyendas de Frías de Albarracín, y como me consta que a todos nos gusta leerlas (y a mí escribirlas y/o reescribirlas), aquí os dejo mi adaptación de ellas, eso sí, instándoos a leer el libro de A. Serrano.

Historia 1: Mitología
Hay quien sitúa la Atlántida por estas tierras allá por los tiempos antiguos, mucho antes del diluvio, en lo que fue una gran laguna fría. El deshielo rompió la cordillera que la contenía, y las aguas se desbordaron arrastrando con ellas un gigante que sólo pudo frenarse apoyando con un fuerte golpe los pies en la roca viva.
Y ahí siguen sus huellas, para que la historia no olvide a estos habitantes del continente perdido.
Historia 2: Demonología
Algunas partes de los bosques de alrededor de Frías eran dominios del diablo, pequeños reinos de los que los más viejos contaban terribles historias junto al fuego.
Un día un pastor, quizá por despiste, penetró con su rebaño en uno de estos lugares prohibidos. Pronto se empezaron a escuchar sonidos extraños, las cabras echaron a correr en desbandada y, con ellas, el pastor, perseguido por Satán. El pastor era rápido y, al llegar a los llanos, de un salto cruzó el arroyo que hacía de frontera con las tierras del diablo, dejando al demonio plantado al otro lado (pues de todos es sabido que esta criatura no se lleva bien con el agua).
Tal fue la rabieta que pilló Satanás por habérsele escapado el pastor que todavía permanecen en la piedra huellas de las pisadas del demonio, junto a las ruinas de un viejo molino.
Historia 3: Botánica
En lugares frescos y próximos al agua podemos encontrar en Aragón el tejo, un árbol normalmente no muy grande y que guarda cierta similitud con pinos y abetos. Es un arbolillo muy bonito que, sin embargo, segrega un alcaloide llamado "taxina", cuya ingesta puede ser mortal.
Se cuenta que el tejo da una flor que sólo florece en la noche de San Juan, y es visible sólo el tiempo que dura el sonido de las doce campanadas. En Frías de Albarracín, esa noche las gentes intentaban coger "la flor del tejo", pues se creía que quien lo lograra tendría asegurada una vida fácil y placentera. Eso sí, brujas, demonios, hadas y dragones estarían protegiendo la flor, con lo que la tarea no sería fácil.
Historia 4: Leyenda
En tiempos de los moros, uno de los muchos reyes que gobernaban en la península tenía una hija de gran belleza, a la que mantenía encerrada mientras le buscaba un matrimonio ventajoso (ventajoso para él, claro). Lógicamente, harta ya, la princesa logró escapar y ocultarse tan bien que ningún enviado del reyezuelo y ningún adivino consiguió dar con ella.
Pasó mucho, muchísimo tiempo, y una hechicera con más caché que las anteriores le reveló al desolado padre que la princesa estaba bien, que le gustaba ser libre, y que habitaba el pequeño y derruido castillo de Frías de Albarracín.
El rey encolerizado quiso castigar a su hija, pero el cariño que aún le tenía se lo impidió. Y aquí fue donde intervino la salomónica hechicera: "Puesto que ha elegido libertad para ser como el ciervo o el ave, que sufra como ellos también la necesidad: que cuando se acerque a saciar su sed en la fuente que existe junto al castillo en el que habita, se retiren sus aguas".
Así ocurrió, y a la fuente la llaman "La Mentirosa" o "La Burlona", porque de ella tan pronto mana agua como, de súbito, cesa de hacerlo.
Como yo, que ceso aquí de escribir historias de Frías, pero insisto en que leáis entero el libro de Alberto Serrano, pues hay muchas historias como éstas.

lunes, 17 de junio de 2013

Santa Eulalia (Comunidad de Teruel)

Pobre cría
Santa Eulalia es un pueblo "grande" para lo que es la tónica general de la provincia de Teruel. Dispone de todo tipo de servicios, incluidos varios bancos y/o cajas de ahorros, algo lógico pues concentra gran actividad agrícola e industrial, y está cerca de la capital. Como patrimonio, personalmente puedo destacar: alguna que otra casona, y la Iglesia de la Inmaculada, en cuya construcción intervino Pierres Vedel (el mismo que hizo el acueducto de Teruel y la Mina en Daroca, entre otras cosas), un señor francés que era arquitecto e ingeniero, y que le dio por trabajar en el sur de Aragón allá por el siglo XVI.
Y hete aquí que leyendo el panel informativo de la iglesia (soy gran lector de este tipo de carteles, por la parte que me toca), hete aquí, repito, me encuentro con un episodio de la vida de Santa Eulalia. Un episodio macarra, tirando a gore, que me impresionó bastante. Así que quise saber más acerca de la santa que le dio el nombre al pueblo, y me encontré con un relato espeluznante que pienso compartir, así que ahí va:
Eulalia era una niña cristiana que nació y vivió allá por el siglo III en España, y que a los trece añicos no se le ocurrió ora cosa que fugarse de casa e ir a ver a Daciano, gobernador romano, a echarle en cara las persecuciones contra los cristianos y a decirle que parara de una vez por todas. Éste no sólo le dijo que no, sino que más le valía abjurar de su fe cristiana o se iba a enterar de lo que valía un peine (que ya había peines en esa época). La niña lo debió mandar a cascala y Daciano, lógicamente cabreado pues para eso era el gobernador, la condenó a trece martirios, tantos como los años que tenía. Y vaya si se los aplicó:
1.-Primero la encerraron en una oscura cárcel.
2.-Luego le dieron una buena somanta de azotes.
3.-La pasaron por el potro de tortura.
4.-Aprovecharon para desgarrarle la carne con garfios, estilo Hellraiser.
5.-La pusieron sobre un brasero ardiendo.
6.-Le quemaron los pechos.
7.-Le frotaron las heridas (que a estas alturas ya debían ser muchas) con piedra tosca.
8.-Insistiendo en el tema, sobre dichas heridas le echaron aceite hirviendo y plomo fundido.
9.-La arrojaron a una fosa de cal viva.
10.-La metieron en un tonel lleno de objetos punzantes varios (clavos, hierros afilados, cristales...) y lo tiraron rodando por una calle cuesta abajo.
11.-Fue encerrada en un corral lleno de pulgas.
12.-La pasearon desnuda por la calle hasta el cadalso, donde...
13.-Fue crucificada hasta morir (eso si no llevaba ya rato muerta).
Como queriendo suavizar un poco el final de esta historia, la tradición cristiana dice que en su último suspiro le salió por la boca una paloma blanca (ya, lo que le faltaba), que alzó su vuelo hacia el Reino del Señor.
Y esta es la historia/leyenda de la chiqueta, digna de guión para una película de terror, sangre y vísceras. Y menos mal que Santa Eulalia tenía trece años, que si llega a ponerse chula con 30 ó 40, a Daciano le hubiera hecho falta muchísima imaginación para aplicarle la sarta de castigos.



miércoles, 20 de marzo de 2013

La Mata de Los Olmos (Bajo Aragón)

De neveras y bautizos
Situada en la parte más occidental de la Comarca del Bajo Aragón, lindando con las comarcas del Maestrazgo y Andorra-Sierra de Arcos, y casi casi con las Cuencas Mineras, La Mata de los Olmos debe su nombre a la "matta" o masa forestal de su entorno. Aunque hasta 1857 la localidad siempre aparece como "La Mata" (a secas), algo debió de pasar ya que desde 1860 se emplea su denominación actual: La Mata de Los Olmos (Los Olmos es un pueblo de al lado, al que ya le llegará su turno -espero-).
Territorio ya ocupado por íberos y romanos, como todo el Bajo Aragón Histórico, La Mata de los Olmos se estructura a ambos lados de lo que en tiempos debió ser la calle principal y ahora es la carretera nacional N-211. De hecho, es en este tramo donde se hallan los dos bares del pueblo.
Además de los edificios del siglo XVI y XVII, iglesia incluida, La Mata de los Olmos es puntos de partida "oficial" de la ruta de "Las Bóvedas del frío", una serie de antiguas neveras del Bajo Aragón restauradas y musealizadas.
La nevera de La Mata de los Olmos está a la salida de la población, en dirección a Gargallo, a mano izquierda, al final de una cuesta que acaba en unas antiguas eras. El acceso es a través de una especie de búnker cuya misión es ser el centro de recepción/interpretación de la ruta, y donde se nos informa de la localización y temática del resto de neveras. Aquí encontramos una maqueta de cómo "funcionaba" una nevera, un interesante audiovisual de cómo se transportaba el pescado desde la costa hasta el interior (que en aquel entonces costaba días, y el pescado debía llegar fresco), y cómo no, la nevera: un pozo excavado en el propio terreno y asegurado por bóveda de sillería, de 9 m. de altura y 9,5 m. de diámetro, y con una muy buena acústica.
Esta impresionante nevera funcionó desde mediados del siglo XVII hasta finales del XIX, cuando empezaron a aparecer las máquinas que producían hielo a nivel industrial. Una visita que merece la pena.
Y, como a todo el mundo le gustan las historias y las leyendas, aquí va una sacada del libro "Guía mágica de la provincia de Teruel", de Alberto Serrano Dolader, que a su vez está sacada de un artículo de Francisco Lázaro en el Diario de Teruel del 4 de junio de 1992 (por si la SGAE pregunta). Vamos allá:
"Parece ser que, desde tiempos antiguos, los de La Mata de los Olmos debían llevar a Los Olmos a los niños recién nacidos para que fuesen bautizados. En La Mata de los Olmos no había pila bautismal y eso creaba cierto complejo entre los habitantes del pueblo. Sucedió, sin embargo, que, en una de las guerras -la leyenda duda de cuál sea- que le ha tocado soportar a España, llegaron al pueblo un puñado de soldados, hambrientos y heridos muchos de ellos. En ninguno de los pueblos por los que habían pasado les habían dado nada para comer ni ningún otro tipo de hospitalidad. Al llegar a La Mata de los Olmos, los habitantes recibieron con agrado y cariño al pequeño ejército. Los soldados, transcurridos unos días, partieron hacia sus tierras. Pasó el tiempo y, en prueba de agradecimiento, mandaron hasta La Mata una pila bautismal".




martes, 19 de febrero de 2013

Teruel (Comunidad de Teruel)

Las torres de San Martín y El Salvador
Hace no mucho hubo una temporada televisiva en la que el mudéjar de Teruel (provincia) acaparó bastante espacio, tanto en la cadena autonómica como en las otras nacionales (aunque en menor medida, claro). Se trataba de promocionar esta arquitectura tan presente en este territorio y de la que (al menos yo) los turolenses estamos tan orgullosos.
Así que, aprovechando que hace poco ha sido la representación de los Amantes, que no existe sólo esa historia de enamorados en Teruel, y que aún me queda alguna que otra historia/leyenda en el tintero, intentaré poner mi pequeño azulejo a la difusión de este patrimonio contando lo que se dice sobre la construcción de las torres de San Martín y El Salvador, un par de lugares de obligada visita.
La historia (¿o la leyenda?) es ésta:
A finales del siglo XIII dos arquitectos mudéjares se enamoraron de la misma mujer. La pugna por ver quién se quedaba con ella se resolvió decidiendo que cada uno de ellos levantaría una torre, y la que resultase más perfecta y hermosa daría el triunfo a su constructor, que desposaría a la pretendida.
El alarife de El Salvador comenzó haciendo trampa: compró a uno de los moros que trabajaba para el de San Martín, de tal forma que siempre podría añadir alguna mejora a los planos copiados.
De esta forma, las torres terminadas se parecían tanto que fue imposible para los jueces decidir cuál era la más hermosa. Ante esta indecisión la pretendida, que ya tenía hecha su elección, se encerró con el arquitecto de San Martín en la torre.
Finalmente, y tras muchas cavilaciones, los jueces otorgaron la victoria al arquitecto de El Salvador. Pero los enamorados no cedieron y, antes que separarse en vida, decidieron estar juntos para siempre; se arrojaron desde la torre de San Martín, muriendo ambos al pie de ésta.

 

miércoles, 11 de abril de 2012

La Ginebrosa (Bajo Aragón)

Con un par
El enebro es un arbustillo que puede alcanzar el porte de arbolillo, se adapta a csi todo tipo de suelos y es muy resistente a condiciones climáticas duras. Siempre verde, sus frutos son usados en la destilación de licores, principalmente ginebra, la base de los digestivos y refrescantes gintonics. Hasta aquí, la tradicional clase de botánica.
Debido a la gran abundancia de enebros en el término municipal, no es de extrañar que a este pueblo lo llamaran "La Ginebrosa", nombre derivado de la pronunciación "ginebre", que es como se conoce a estos arbolillos en la lengua de tradición oral de la zona: el chapurriao.
La Ginebrosa se ubica entre un par de ríos: el Mezquín y el Bergantes, al que los musulmanes llamaban Algerez. El Bergantes es un río normalmente tranquilo, y uno de los pocos no regulados del Valle del Ebro, así que cuando llega la época de tormentas fuertes se cabrea y arrambla con todo lo que pilla por delante. Aún así, sus aguas son generosas y aplacan la sed de algunos de los campos de La Ginebrosa, de la que (dicen) produce las mejores cerezas de la comarca.
De la muralla que en tiempos protegió la localidad ya sólo se conserva el portal de la Herrería como acceso medieval a una serie de calles alargadas, estrechas, con pasadizos... destacando entre la arquitectura popular su iglesia parroquial. Conforme vamos cruzando el pueblo por las calles intrincadas de la parte más antigua, las casas de piedra nos dirigen, casi sin quererlo, hacia la parte más alta del pueblo: las eras.
En La Ginebrosa hay un par de neveras o "pozos de hielo", donde hasta el siglo pasado se almacenaba la nieve caída durante el invierno para su uso y disfrute el resto del año. Una de estas neveras se halla en una finca particular. A la otra, integrada dentro de la ruta "Las Bóvedas del Frío", se llega desde las eras, bajando por la pista forestal en dirección a la carretera que sigue hacia Aguaviva. El camino está señalizado y, como no siempre está abierto el acceso al interior de la nevera, una buena idea para antes de ir es preguntar en el bar de las piscinas y, si acaso, que os dejen la llave (así también tendréis una buena excusa para, al ir a devolver la llave, echaros alguna cerveza que otra y, según quién esté en la barra, enteraros de las últimas noticias de la zona).
La visita a la nevera merece la pena, por un lado, porque se ha musealizado hace poco con la temática del fin de los pozos de hielo (asunto muy interesante) y, por otro, porque en realidad es una de las últimas neveras de la comarca en abandonarse, pues estuvo en uso hasta el primer tercio del siglo XX. Posiblemente quede alguna persona mayor en el pueblo que aún viera cómo se llenaba de nieve hace 80 ó 90 años.
Esta "Bóveda del frío" se utilizaba básicamente para el abastecimiento comunal, y una vez en la base nos podemos asombrar con un par de cosas que la caracterizan: arriba, una atractiva falsa bóveda de aproximación de hiladas de piedra; y, abajo, los restos del antiguo emparrillado formado por maderos entrecruzados que servían de plataforma aislante para la colocación de la nieve por capas, permitiendo así el agua del deshielo. Hay que verlo, que así contado pierde mucho.
La Ginebrosa cuenta con un par de cosas más en su término municipal: se trata de dos simas, una de las cuales tiene una profundidad de unos 50 m. y unas características similares a la de San Pedro en Oliete. El camino a ellas está sin señalizar (o lo estaba), y un intento de ir a visitarla me lo echó atrás uno delpueblo: "Si no vas con alguien, no la has de encontrar". Imagino que se referiría a "alguien" que supiera dónde está.
Hay una leyenda muy bonita relacionada con estas simas. Cuenta que, al principio de los tiempos, los obreros que estaban construyendo el mundo olvidaron colocar los dos últimos tornillos. Los agujeros donde debían haber ido son estas dos simas de La Ginebrosa.




viernes, 2 de diciembre de 2011

Griegos (Sierra de Albarracín)

Tesoros ocultos
Una carretera sinuosa y siempre ascendente obliga a ir a velocidad moderada y disfrutar de unos frondosos pinares que te arropan, dándote una sensación de paz y tranquilidad. Al rato, los pinos se van alejando de la carretera, van clareando, y poco a poco te enseñan más trozo de pradera, hasta que acaban ofreciéndote, ya casi al final, un remanso de calma en forma de una extensa dehesa donde al ganado parece no faltarle comida nunca.
Enhorabuena; acabáis de llegar a Griegos, una pequeña localidad a los pies de la Muela de San Juan y a más de 1.600 m. de altitud, así que coged la chaqueta cuando bajéis del coche. Porque aquí, en verano aún tira que te va, pero en invierno hace un frío que pela (a los de Griegos los llaman "los capuchinos", porque en tiempos llevaban capuchas para defenderse del frío).
Tras una vuelta por el pueblo entramos en el santuario de los santuarios: el bar.
He estado en muchos bares (en muchísimos, doy fe), y el de Griegos es uno de esos que se me han quedado grabados, tal vez por las fantasías que iba imaginando mientras la vista se me iba a todos y cada uno de los detalles y rincones del lugar. A esas horas de la mañana el bar está todavía vacío, como recién abierto, y el sol entra por el ventanal iluminando el local: una gran barra en forma de L, sólida, y el mobiliario, de madera, compuesto lógicamente por sillas y mesas distribuidas con holgura. Y entonces la imaginación va haciéndote alguna que otra jugarreta, y del silencio y del vacío surgen un pequeño murmullo y unas sillas ocupadas por algún que otro abuelo, y por alguien no tan anciano, que tras el silencio durante el transcurso de la partida de guiñote, elevan sus voces comentando la partida, piden otro café u otro carajillo, y echan el humo de sus cigarros o de sus perreros mientras cambian el palillo de una comisura de los labios a otra sin usar las manos. Las otras seis u ocho personas de alrededor siguen dando su opinión del coto que hace meses acabó, mientras ya se reparten cartas nuevas. Una nueva jugarreta de la mente hace que se oigan dos golpes secos indicadores de que alguien ha cantado las cuarenta y, como una señal, entonces el humo de la estancia se va disipando, la gente se desvanece, y el bar vuelve a quedar vacío. Pero a mí me queda una sonrisa y un día por delante.
Un día para seguir por estas tierras rodenas, escenarios de leyendas de moras y princesas, pero también de tesoros ocultos bajo estas redondeadas montañas, como el que algún día aparecerá en Griegos:
En la Muela de San Juan, que limita la Sierra de Albarracín con la de Cuenca, existió hace mucho tiempo una hermosísima ciudad, cuyo dueño y señor poseía como joya más preciada un pequeño toro de oro que procedía de un templo pagano que allí hubo antes de la predicación evangélica.
Pero un mal día llegaron las hordas berberiscas, destruyendo e incendiando cuanto encontraban a su paso. La ciudad fue destruida.
Entre las ruinas, el berebere Aben Jair encontró el toro de oro, y lo enterró en un bosque próximo confiando en recuperarlo a su regreso por aquel territorio. Pero en el cerco de otra ciudad, Aben Jair fue mortalmente herido y, antes de morir, confesó a su mejor amigo el lugar donde estaba oculto el tesoro. Cuando éste pudo volver al sitio que le había señalado su amigo, buscó el tesoro, sin poder hallarlo. Al final tuvo que desistir.
La existencia del toro de oro oculto se transmitió de generación en generación, siendo buscado en vano. Según la tradición, el toro de oro no será hallado hasta que sobre la Muela de San Juan vuelva a resurgir la maravillosa ciudad que allí se alzaba.


martes, 25 de enero de 2011

Samper de Calanda (Bajo Martín)

A veces los bienes vuelven solos
A pesar de ser primeros de septiembre caía un sol de justicia a mitad de tarde, cuando enfilamos la carretera A-224 que va de Híjar a Escatrón.
Frente a nosotros se iba mostrando el valle que va abriendo el río Martín en su búsqueda del Ebro cuando, así de pronto, se comenzó a divisar un enorme edificio en la ladera de uno de los montes. Con el sol dándole de plano, todavía parecía mayor, como si fuera un gigante de piedra que vigilara que las aguas del río fluyeran sin problemas.
Conforme íbamos avanzando, bajo esta magna construcción se empezaban a vislumbrar unos tejados, y bajo los tejados unas casitas, pequeñas en comparación con la Iglesia del Salvador.
Llegamos a Samper de Calanda y lo primero fue asomarnos al mirador de la plaza de la iglesia; lo segundo, dar una vuelta a la par que protegernos del implacable sol con la frescura de la sombra de sus calles.
En alguna de estas calles se pueden ver lo que se conoce como "Capillas Abiertas", y que son típicas del Bajo Aragón Histórico. Estas "Capillas Abiertas" son antiguas puertas de acceso a la población a las que en los siglos XVII y XVIII se les añadió una pequeña capilla con distintos santos a los que los vecinos de la villa se encomendaban para que les protegieran.
Otra de las cosas que no faltan en Samper de Calanda son ermitas por sus alrededores, destacando la de Santa Quiteria, patrona del pueblo. A ella se puede llegar en coche, y es un excelente mirador no sólo del pueblo sino de la vega del Martín y, abrazándolo todo, la paramera y los montes de secano.
No es de extrañar que hayan hecho a Santa Quiteria (a quien se le atribuyen sanaciones relacionadas con la rabia pues los perros siempre se calmaban en su presencia), patrona de Samper de Calanda, pues parece ser que no se quiere ir del pueblo. Dos veces la robaron y se la llevaron, y dos veces que volvió a casa.
Esta historia es común en varios pueblos de Aragón, como la de la Virgen de Magallón, que está en Leciñena. Pero como esto es de la provincia de Zaragoza, que algún otro cuente la historia. Nosotros vamos a seguir con esta señora y los hechos que acontecieron en Samper, que tratan de perros, de pastores, de envidias... Hechos a los que algunos han bautizado como "La romería de los rabiosos":
Cuenta la historia que a un pastorcillo de Samper le mordió un perro, contagiándole la rabia. Cuando el pobre pastor se dio cuenta del mal que padecía, se retiró al monte a esperar la muerte, mientras se encomendaba a Santa Quiteria.
Tal era su fervor, que la santa se apiadó de él y, apareciéndosele sobre una peña, al pie de la cual brota una fuente, curó al pastorcillo.
El milagro corrió por todas partes, y todas las personas afectadas por la rabia acudían a postrarse ante la imagen, con la esperanza de que Santa Quitera les sanase de su enfermedad. Y se produjeron muchas curaciones.
Pero he aquí que los del vecino pueblo de Híjar sintieron celos, llegando al punto de robar la imagen de la santa para colocarla en su ermita de San Blas. Sin embargo, a la mañana siguiente comprobaron con estupor que la imagen de Santa Quiteria no estaba; había regresado por sí misma a Samper.
Los de Híjar no se dieron por vencidos y pasado un tiempo volvieron a cometer el robo. Pero nuevamente se repitió el suceso de la vez anterior, y la santa regresó otra vez a Samper.
Como desagravio, todos los años los vecinos de Híjar van en romería a la ermita de Santa Quiteria, en Samper de Calanda.
Bueno, bueno... todo hay que decirlo, y es que esta romería no se hace por venganza de un acto de mala fe, sino que cada Lunes de Pascua Samper cede voluntariamente su soberanía a Híjar (esto es, el alcalde es el alcalde de Híjar) para que, aunque sólo sea por un día, los hijaranos puedan ostentar la propiedad de la imagen y, así, venerarla.
He aquí una santa con un par. Que, aunque se le llevasen, siempre volvía a casa. Si pasara lo mismo con el resto de santos y con el resto de cosas, nos ahorraríamos un montón de burocracia. Eso sí, habría un gran caos de tráfico provincial, nacional e internacional durante una buena temporada.


viernes, 14 de enero de 2011

Villar del Cobo (Sierra de Albarracín)

Pero Gil
Hará ya un par de años estuvimos siguiendo la ruta del Guadalaviar, y paramos un poco en Villar del Cobo, bonito pueblo que (imagino) también debe su nombre a una familia, en este caso a los Fernández de Villar, y en cuya antigua casa se ubica en la actualidad el Ayuntamiento.
Yo soy de los que creen que el Cid existió realmente (hay gente que está con la duda), y que fue un personaje histórico muy singular, un mercenario que igual daba espadazos a moros que a cristianos.
Por el tiempo que estuvo por estas tierras turolenses, una de dos: o le gustaban mucho o es que aquí tenía mucho tajo. Yo me inclino por que fueran las dos cosas. El caso es que esta provincia se la pateó bien, y cuando digo "pateó" no me refiero sólo a que dejara un montón de historias/leyendas por donde pasaba, o su nombre en numerosos pueblos, sino que dejó sus huellas, literalmente, en las rocas de muchos lugares. En concreto, las de las patas de su caballo y las de los caballos de sus huestes.
Una de esas huellas se puede ver en el Barranco Hondo, un cañón que hace el río Guadalaviar por Villar del Cobo, y la historia/leyenda asociada es ésta:
El salto de Pero Gil
Pero Gil era un fiel escudero del Cid. En cierta ocasión fueron sorprendidos por un grupo numeroso de moros, hallándose ambos de pronto en un gran apuro. Para atraérselos y que no le sucediera nada al Cid, Pero Gil clavó espuelas y lanzó su caballo hacia el Barranco Hondo del Guadalaviar. Los perseguidores creían que Pero Gil habría de detenerse pues la profunda quebrada le cortaba el paso. Sin embargo, de un prodigioso salto, jinete y jumento volaron sobre el abismo y cayeron a la otra parte del desfiladero, con tal fuerza que quedaron grabados en la roca los cascos del animal.
Buen caballo, pardiez.

lunes, 4 de octubre de 2010

La Fresneda (Matarraña)

El poder de un conjunto histórico
Os sugiero poneros como obligación ir a La Fresneda al menos una vez al año. Las razones son muchas; yo sólo os voy a contar algunas.
Dejad el coche al lado de las piscinas y enfilad la ancha calle que lleva al casco urbano. Pero eso sí, hacedlo con las manos en los bolsillos (o, mejor aún, en la espalda) y caminad lentamente, a paso de pastor. Sin prisa alguna. Dejando que sean las calles las que os guíen.
Echadle un vistazo a la fachada de la iglesia; alcahuetead por El Convent (un enorme convento que ahora es un hotel-restaurante); entrad en el Palacio de La Encomienda si la puerta está abierta (realmente fue un palacio) y llevaos alguna garrafa del mejor aceite de la zona; en la carnicería de enfrente podréis comprar un cabrito delicioso... y que vuestros pasos os vayan llevando hacia la plaza del Ayuntamiento. Pero no lo hagáis por la calzada, sino por la preciosa bajocubierta que, en algunos tramos aún conserva el azulete de años atrás y, en las callejuelas que de ella salen, todavía están suspendidas de unos maderos unas ancianas escaleras usadas para coger la oliva o la almendra, y que todavía cumplen su función.
Cuando lleguéis a la plaza del Ayuntamiento, poneos en medio y girad poco a poco 360º para contemplar un pueblo hecho de piedra: el portal, los tintes renacentistas del algunas partes del ayuntamiento, los arcos que abrazan las puertas de madera... y algún coche. Porque, todo hay que decirlo, en esta plaza siempre hay algún coche (debe ser por el poder mágico de este pueblo, y del que hablaremos más adelante).
El Ayuntamiento se puede visitar (para eso es un ayuntamiento), y alberga algo que tendréis pocas ocasiones de ver: dos cárceles medievales. Una era para ricos y otra para pobres. Que os las enseñe la guía porque, la verdad, es muy muy curioso de ver (la oficina de turismo está abajo, en la calle por donde habéis pasado).
Y ahora, ya sí. Coged aliento y tomaos con calma la subida empinada que por calles estrechas y cuidadas os van a llevar a lo alto del pueblo, a esos misteriosos edificios en los que seguramente os habréis fijado al llegar al pueblo: la ermita, el castillo, y como "otra cosa" en medio. La gracia está en ir subiendo por unas calles para bajar luego por otras distintas, así que da igual por dónde empecéis este recorrido "de altura".
Para empezar, el castillo ya no es un castillo. Del antiguo castillo, destruido unas cuantas veces, ya sólo queda un torreón; eso sí, con unas vistas impresionantes de la Comarca del Matarraña que vamos a mantener hasta que bajemos.
Para seguir, la "otra cosa" es el antiguo cementerio, medieval, en el que se conservan unas estelas íberas (¿o celtas?) y, al lado, un aljibe musulmán bajo una gran roca.
El último tramo nos conduce, por un Vía Crucis arreglado, hasta la última loma, desde donde ya realmente se controla todo el Matarraña (podéis ver un montón de pueblos), y donde se levanta la ermita de Santa Bárbara, medio derrumbada tras su reedificación hace cien años, porque las anteriores se las fueron cargando: se cargan una, se construye otra... se la cargan y hacen otra... se la cargan y hacen otra. Así son las guerras.
Aquí arriba podéis estar un buen rato, en la explanada, disfrutando de las vistas, del aire que corre... y del poder, como los Masters del Universo.
Porque habéis de saber que estáis en el centro de un lugar mágico, en el lugar de donde parten líneas de poder hasta el resto de localidades. Y, para describiros este mundo friki (que tiene su encanto), os transcribo la sinopsis del libro de Jesús Avila Granados titulado "Matarraña insólito":
El elevado factor religioso de estos pueblos, desde el Neolítico y la Edad del Bronce, se pone de manifiesto al comprobar la riqueza de enclaves sagrados que hemos podido localizar, repartidos por toda la comarca, enlazados en gran parte a través de “líneas-ley”, que tienen como punto de partida la colina de Santa Bárbara, en la villa de La Fresneda. Son lugares de energía, en donde el visitante puede percibir la fuerza de unas vibraciones relacionadas con el Más Allá. Puntos energéticos que, más tarde, durante los siglos medievales, los magos del Temple y también los perfectos cátaros, supieron recuperar, alzando santuarios en las cimas de montañas sagradas, en la oscuridad y silencio de una gruta natural, o en aislamiento de un valle. Todo ello, y mucho más, ofrece el Matarraña.
Un patrimonio que hemos logrado recuperar del olvido a través de las evidencias, y que espera la llegada de un viajero –no un turista- capaz de captar estas vibraciones.
Así que ya sabéis, si queréis sentir el poder tendréis que ser viajeros, no turistas.
Y, dicho esto, y como se habrá hecho la hora de comer (que, como ya sabréis, es uno de mis mundos frikis), si habéis venido con buena cartera o una visa con fondos os recomiendo hacerlo en el restaurante Matarraña: cocina casera de la zona, ideal para probar cosas deliciosas que no encontraréis en ningún otro sitio (o casi).
Bueno, pues eso, que es un poco caro, pero con tanto poder, tanto poder... bien habrá que darse un homenaje, ¿no?.

Nota: Tenéis más información sobre las líneas de poder o "líneas ley" de La Fresneda en la web de la revista "Más allá".

A Sara, Paco, Añón, Toñito, Ramón, Bernardo... un poco brutos, pero muy buena gente.




lunes, 30 de agosto de 2010

Peñarroya de Tastavins (Matarraña)

Siete novias para siete jóvenes... y otras muchas cosas
Peñarroya de Tastavins es uno de mis pueblos favoritos de la Comarca del Matarraña. Hace poco leí un libro sobre mitos y leyendas de Aragón y me topé con una historia que alguien me contó como verdadera hace unos años, así que me he dicho: "¡Qué joderse! ¡Para leyendas, las nuestras!", y con ella voy a empezar mi relato de este pueblo.
Bueno, pues cuenta la historia/leyenda que, en tiempos de la peste, ésta había diezmado la población castellonense de Villabona, así que visto el panorama siete jóvenes del pueblo se fueron hasta Peñarroya (donde la peste no había hecho tanto estragos) a buscar siete mozas casaderas para llevárselas a su pueblo, casarse con ellas (con el consentimiento de ambas partes) y repoblar el pueblo de niños villabonenses. Esto, parece que no pero tiene su mérito, ya que los jóvenes se arrearon 30 km. a pie para buscarlas, y luego los mismos 30 km. con ellas para volver a casa (recordemos que en Plan -Huesca- fueron algo más listos: les pusieron un autobús, y a esperarlas en la plaza del pueblo).
Como veis, leyendas como "El rapto de las sabinas" y guiones de películas como "Siete novias para siete hermanos" o "Los siete samurais" no son más que burdas copias de lo que aconteció en Peñarroya (eso sí, sin violencia).
El acceso a Peñarroya es con vistas a un hermoso puente sobre el río Tastavins, y nada más cruzarlo aparece el antiguo monasterio Virgen de la Fuente, hoy día reconvertido en bar-restaurante-hotel o algo así, pero que merece la pena visitar, y que da nombre también a la marca de jamones que salen del secadero de este pueblo, y que no tienen nada que envidiar a los de la dehesa extremeña. Os aconsejo volver a casa con uno.
Peñarroya de Tastavins es un pueblo en la ladera de un monte, con sus calles cuesta arriba y sus correspondientes calles cuesta abajo (cuando bajas). Las calles son estrechas, con solera, algunas conservando todavía el azulete en sus fachadas, y nunca sabes qué te va a deparar cuando doblas una esquina.
Tú vas subiendo cara arriba, así, al azar, por una calle cualquiera, y puedes ir a parar frente a una impresionante iglesia barroca del siglo XVIII, o llegar a un cruce de calles frente a una casa con una preciosa balconada plagada de flores (según cuándo vayáis, claro); o encontraros con un antiguo lavadero que sigue cumpliendo su cometido hoy día; o daros de bruces con la puerta de entrada a una antigua cárcel (pedid la llave para visitarla; está dentro de la "Ruta de las cárceles" y la verdad es que por dentro acojona); o mirar cara a cara al tastavinsaurio en la subsede de Dinópolis (esto ya, pagando); o... o, simplemente, pasear por sus calles y casas de piedra, sólo por pasear, porque la vista se os va a ir a los mil y un detalles que hay repartidos por todos los sitios.
Aunque, sin duda, la joya de la corona de Peñarroya de Tastavins ya la habréis visto si habéis venido desde Monroyo: Les Roques del Masmut. Se trata de una formación geológica impresionante, de color rojizo (lo que, en parte, da nombre al pueblo) y que, en una tarde limpia, hace imprescindible llevar encima una cámara de fotos para guardar el maravilloso espectáculo que ofrecen los últimos rayos de sol del atardecer al proyectarse sobre esta mole con el pueblo a sus pies.
Alrededor de esta montaña, para el que le guste, se puede practicar senderismo, escalada... o contemplar la colonia de buitres que anida allí todo el año (eso sí, sin molestar). El entorno merece la pena, como debieron pensar también una comunidad de mujeres budistas que se instalaron en sus proximidades; algunos frikis creen que estas montañas forman parte de una "línea de poder" que surge desde la cercana localidad de La Fresneda.
Y... no os vayáis todavía, que aún hay más: en Peñarroya tenéis también un espacio gótico, casas rurales, centros de interpretación...
Pero, como no todo va a ser turismo deportivo y cultural, si hacéis la visita por la mañana, en una de sus estrechas calles, discreto como él solo y difícil de localizar, está el bar del pueblo: el de casa.
Entrad a almorzar.

A Román. Buena gente.

viernes, 2 de julio de 2010

Teruel (Comunidad de Teruel)

Las sopas de ajo
Como vuelve a hacer tiempo que no meto una historieta en este Teruel Profundo, aquí va una que es curiosa, y que me gusta mucho pues junta a reyes medievales con sopas de ajo:
"Tras asistir a una cacería por tierras de Gea de Albarracín, el rey Jaime I El Conquistador cayó gravemente enfermo, y conforme pasaban los días se volvía más triste y más débil. Los médicos desconocían la causa de la enfermedad, y ya daban por seguro el trágico final de su rey.
Entonces apareció un súbdito de Teruel con una idea que tiempo atrás había funcionado con un familiar suyo. La idea en cuestión consistía, simple y llanamente, en un caldo caliente con pan y ajos. A los médicos les pareció un disparate y a punto estuvieron de echar al hombre a patadas, pero tan desesperada era la situación que decidieron probarla. Sin embargo, cuando fueron a buscar ajos se encontraron con que no había en todo Teruel ni una miserable cabeza de ajos, ya que era considerado alimento de gente vulgar. Habría que ir a buscarlos a tierras de Valencia, que entonces andaban ocupadas por moros.
Seis caballeros turolenses se ofrecieron voluntarios para ir a buscar los ajos, y partieron en dirección a Valencia. Una vez allí, lograron burlar a los moros y conseguir cinco o seis cabezas de ajos, pero en la vuelta hacia Teruel cayeron en una emboscada y cinco de los seis caballeros perdieron la vida en la refriega. El caballero que quedó vivo llegó malherido a Teruel con los ajos, e inmediatamente se dispuso todo para preparar las sopas.
El rey se tomó su sopa de ajos y, a la mañana siguiente, se levantó totalmente recuperado. Sus consejeros le relataron la aventura de los seis caballeros sin omitir las vidas que había costado conseguir los ajos.
-Caros ajos -contestó el monarca-. Y para que no vuelva a haber más pérdidas de vidas por esta causa, desde hoy mismo dispongo que el cultivo del ajo se propague por todo mi reino.".

Buena, ¿no?.