Mostrando entradas con la etiqueta La Iglesuela del Cid. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Iglesuela del Cid. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de septiembre de 2010

La Iglesuela del Cid (Maestrazgo)

Donde la piedra seca se une al buen yantar
La Iglesuela del Cid es uno de esos poquísimos lugares donde la piedra adquiere un protegonismo sin igual. Sus calles empedradas las forman casonas señoriales hechas de piedra, como en otros muchos pueblos de Teruel; pero si dais una vuelta por los alrededores veréis que el uso de la piedra va mucho más allá, hasta convertirse en el elemento clave para el desarrollo del pueblo a lo largo de la historia.
Bancales, puentes, cabañas de pastor, escaleras... conforman un paisaje de piedra al que hay que acercarse y quedarse, por unos momentos, de piedra.
Este tipo de construcciones, fuera del núcleo urbano, se denomina "de piedra seca" porque, aunque parezca mentira, todas las piedras están colocadas sin usar ningún tipo de argamasa. Es todo piedra. Y sólo piedra.
Cuando más se disfruta de este paisaje es después de habernos quitado la mentalidad del siglo XXI, llena de prefabricados de hormigón y prisas, y ponernos la de las personas que "construyeron" las largas paredes que forman los bancales, en un intento y logro de aprovechar la dura orogrfía del terreno; de las personas que se construyeron las casetas para protegerse, él y sus útiles de labor, de las inclemencias del tiempo; de esas personas que, en un alarde de imaginación práctica, idearon ese sistema de escaleras casi invisible que permitía el acceso a los bancales sin tener que ir al extremo, colocando losas sobresaliendo de la propia pared. Es fabuloso, impresionante.
Visto lo que duran las construcciones que se levantan hoy día, no cabe duda de que nuestros antepasados nos llevaban siglos de ventaja.
Y, después de un ameno e instructivo paseo tan duradero como queráis, seguro que tenéis algo de hambre. Pues bien, en La Iglesuela del Cid esto no es un problema.
Si lo que queréis es comer como mandan los cánones (esto es, a la hora de comer y con las piernas debajo de la mesa), hay que ir a Casa Amada, señora a quien Dios guarde muchos años. Comida casera, buenas raciones, buen trato y, en algún caso, un toque de originalidad. A destacar los garbanzos con ali-oli, el conejo a la brasa (un conejo) y, de postre, helado de turrón (que no es helado, y yo para mí que ni es turrón, pero está delicioso). Pero el menú es mucho más, y además muy muy bien de precios.
Si, por el contrario, se os ha hecho la hora del vermú o, mejor aún, la de la merienda, id a un bar del que no recuerdo el nombre pero que está, si no me falla la memoria, al lado de la farmacia y un banco. Se llega tomando una de las calles que salen del parador/iglesia/ayuntamiento en dirección a la parte alta del pueblo. Se trata de un bar normal, con sus cuatro abuelos, la tele puesta, y una barra larga y triste con un bote de almendras y otro de aceitunas y pepinillos. Que no os engañen las apariencias: preguntad en la barra si tienen algo de cocina para picar alguna ración. Posiblemente salga de detrás de una cortina una señora que os diga que "bueno, algo os puedo hacer" y os suelte una retahíla de cosas. Los callos de ternera (caseros) los borda.

Nota: En Villafranca del Cid, un pueblo al lado de La Iglesuela pero ya provincia de Castellón, hay un "Museo de la Piedra Seca". No vayáis. Aparte de que no vale la pena, toda la información (paneles, folletos, etc.) está única y exclusivamente en valenciano. Y es que, como ya escribió en su día Arturo Pérez Reverte, "éste es un país de imbéciles".