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viernes, 12 de abril de 2013

Estercuel (Andorra - Sierra de Arcos)

Fuego
Sólo he estado en Estercuel una vez, y sólo por la mañana. Y no, lamentablemente, no fue ninguno de esos días en los que se celebra la fiesta de La Encamisada, el fin de semana más próximo al 19 de enero de cada año, festividad de San Antón. Este santo patrón es famoso porque ha librado a muchos pueblos de Aragón (no sé si también a los del resto del mundo) de epidemias y pestes, y en estos lugares se agradece el hecho haciendo unas hogueras cuanto más grandes mejor. Pero en Estercuel, por los reportajes que he visto y por lo que me han contado, es que se pasan. Enormes hogueras arden por las estrechas calles del pueblo, calentando edificios, personas y mobiliario urbano, y poniendo en peligro a los veloces jinetes que, a galope tendido y bajo sus capas y sombreros negros, recorren el camino de fuego. A ver qué año me viene bien ir a calentarme por ahí...
Fuimos con un conocido, y el objetivo era que nos enseñase el Centro de Interpretación del fuego y de la fiesta, ubicado en lo alto del pueblo, en las antiguas cuevas del castillo que fue de los Atrosillo. Me encantó el cómo estaba acondicionado todo el espacio; a lo largo de estas cuevas/bodegas recuperadas nos vamos metiendo en el mundo del fuego (algo que me apasiona), su sentido mágico, sus usos y funciones según las estaciones del año... y, cómo no, la fiesta de La Encamisada. ¡Qué invento, el fuego!.
Tras este interesantísimo rato cultural, nos metimos un almuerzo de los de plato redondo en un bar cercano, y ya movimos.
Para cuando vuelva, más historias.



viernes, 27 de mayo de 2011

Alcorisa (Bajo Aragón)

Vuelta al cole
He estado en pueblos tan cortos que el cartel de bienvenida estaba pegado al del fin de la localidad. Alcorisa es todo lo contrario.
Desde que enfilas por la gasolinera hasta que por fin sales del pueblo por la otra punta, una de dos: o el tiempo se hace más lento o es que tienes la sensación de que Alcorisa no se va a acabar. Yo me inclino por la segunda opción.
El casco urbano de Alcorisa está partido por sus dos ejes vertebradores: la carretera y el río Guadalopillo.De la carretera hacia la montaña está la iglesia, alguna ermita y un monte donde, cada año para Semana Santa, se representa La Pasión. Del Guadalopillo para afuera está la parte nueva, con un parque muy majo arreglado hace poco y una colección de edificios más modernos. Y entre la carretera y el río está la parte que, dentro de lo que cabe, más me gusta del casco viejo de Alcorisa: la plaza del Ayuntamiento, con sus arcos y su fachada, sus estrechas (y frescas) callejas con imágenes de santos en las esquinas... y el Museo de la Escuela.
Llamadme nostálgico si queréis, pero la verdad es que me encanta este Centro en el que, además, he tenido la inmensa suerte de poner mi granito de arena a través de la empresa attis-multimedia.com, encargada de su remusealización.
El Museo de la Escuela está ubicado en el mismo edificio que el C.I. de la Semana Santa y el de los Iberos, y está adaptado para personas con movilidad reducida, así que ya sois más los que no tenéis excusa para visitarlo.
Además de conocer la historia de las escuelas rurales, de por qué se crearon y por qué desaparecieron, una recreación de una aula de las de antes, a través de un sonograma, irá sacando de nuestra memoria ese Cristo clavado encima de la pizarra pintada, esa foto de Franco y ese cuadro de la Virgen como motivos de decoración en las blancas paredes, esos pupitres de madera (biplazas), esos mapas en los que cualquier zagal de hoy día día estaría perdido...
Rizando el rizo y poniendo el broche de oro a la visita, el Centro alberga gran cantidad de interesantísimos zarrios y otras cosas de aquella época... ¡que se pueden tocar!. Así que (¡quién lo diría!) algunos van a tener una nueva oportunidad de leer El Parvulito o La Enciclopedia, jugar con esos puzzles cuyas piezas eran cubos de cartón (¡tenías 6 puzzles en uno!), escribir en los cuadernos Rubio... y el remate final: una foto con la bata del cole (azul para niños, rosa para niñas, lógicamente), con el correspondiente mapa detrás y la bola del mundo al lado, que os podréis hacer como bonito recuerdo (eso sí, con vuestra cámara digital).
Para los que hemos tenido el privilegio de educarnos de pequeños en las escuelas con los patios de recreo más grandes del mundo, este Museo de la Escuela nos va a volver a evocar ese pasado, dulce o amargo, que siempre permanecerá en nuestra memoria, queramos o no.

A Salvador, el padre de la criatura, que se lo ha currado.

Más información en su web: http://www.museodelaescuela.com/


jueves, 14 de abril de 2011

La Cañada de Verich (Bajo Aragón)

Viva el alcalde
¡Ah, qué cosa más bonita es la democracia, que nos permite elegir políticos de vez en cuando! ¡Y qué bonitas son las subvenciones, que por artes mágicas te dan dinero por la cara!.
Fuera cinismos, la verdad es que admiro a algunas personas que, gracias a su cargo, hacen todo lo posible por su pueblo y por las gentes que en él viven. Conozco varios que han hecho de sus pequeños pueblos turolenses casi perdidos unos lugares en los que se respira vitalidad, ganas de quedarse y seguir adelante.
El momento de escribir estas líneas es época de elecciones municipales (entre otras), y algunos de estos alcaldes turolenses han sabido aprovechar el momento (y todo el tiempo anterior que llevan en el cargo) para poner guapo su pueblo. Así, estos días se han inaugurado tranvías y pantanos, pero también Centros de día, Parques de mayores, centros de interpretación... y se han arreglado calles, fachadas... Olé por estos últimos.
Esto viene a cuento de que, en La Cañada de Verich, además de otras cosas que se irán desvelando poco a poco, se ha hecho un Parque de mayores, un Centro de la Tercera Edad y, en el mismo edificio, el pasado mes de marzo tuve la suerte de asistir a la inauguración del Centro de Interpretación "Molino aceitero de La Cañada de Verich", una rehabilitada almazara del siglo XVIII que estuvo produciendo aceite hasta 1982.
El ambiente festivo rezumó también una atmósfera un poco mágica, en la que la sabiduría de la gente mayor, algunos de los cuales habían trabajado en el molino, se puso con gusto a disposición de los niños y no tan niños, que señalaban admirados cómo giraban las enormes piedras de moltura, mientras aprendían de primera mano cómo se elabora el aceite, y con los mejores profesores sobre el tema. Algo que nunca podrían aprender tan sólo con un libro de texto.
Cuando vayáis a La Cañada de Verich no dejéis pasar la ocasión de ver este Centro, único en su género en Aragón. Preguntad en el bar (porque, además, hay bar en el pueblo, y eso siempre es un buen aliciente de final de actividades).
Y, ya que os vais a acercar al bar, dad una vuelta por el pueblo. Hay una ermita, un curioso peirón al lado de una fuente, un lavadero rehabilitado, calles que invitan a un andar lento, la plaza de la iglesia, con el edificio que hace de Ayuntamiento (creo) y bar, con una curiosa calavera en el dintel de una de las piedras sillares que rodean la puerta de lo que en tiempo fueron las escuelas... Ah, y si la iglesia está abierta entrad a ver un cristo colgado con cuerdas en medio de la estancia. Ahí queda eso.
Como alguien os habrá acompañado al Molino Aceitero, o bien tendréis que devolver las llaves en el bar, preguntad también por la nevera.
La rehabilitada nevera está a unos 10 minutos andando, un poco en las afueras y por un paseo agradable, y pertenece a la ruta temática "Las bóvedas del frío". Este antiguo pozo de hielo almacenó y comercializó nieve entre los siglos XVII y XIX, y está incluido en los depósitos de gran capacidad que se construyeron en el territorio bajoaragonés durante la Edad Moderna.
El acceso actual que se ha practicado para facilitar la visita es a través de un túnel al más puro estilo Indiana Jones, y desemboca en lo que es la nevera en sí: un enorme espacio de planta circular de unos 8 metros de diámetro y con la abertura superior de lo que era la entrada original allá arriba, a casi 9 metros del suelo.Es impresionante, y con una acústica cuasiperfecta que invita a gritar chorradas como si tuviéramos diez años.
Sobre todo, cerrad bien la puerta cuando os vayáis y devolved la llave.
Cuando os alejéis de La Cañada de Verich, no os olvidéis de despediros con la mano del pueblo, por el buen rato que a buen seguro os habrá hecho pasar, y por lo mucho que os habrá enseñado. Y tened cuidado con la carretera estrecha y las curvas traicioneras. A ver si con otra subvención se puede mejorar el acceso...

Dedicado al abuelo que, entre amenas y divertidas batallitas, contó que su hermano y él fundaron/abrieron el bar "Cafetería de Verich", en Zaragoza, por el que casualmente paso todos los días al estar cerca de casa. ¡Cuántas veces me habré preguntado de dónde había salido la palabra "Verich"!.

Nota informativa para evitar malentendidos: No sé de que partido político es el alcalde de La Cañada de Verich. Ni me importa.



martes, 29 de marzo de 2011

Ráfales (Matarraña)

Recomendado para todos los públicos
Metido por ahí, por en medio de la Comarca del Matarraña, está Ráfales, un pueblo cercano al cauce del río Tastavins.
Aunque parezca un poco perdido, lo que puede dar lugar a pensar que está algo olvidado y dejado de la mano de Dios, la verdad es todo lo contrario. No es extraño que a los de Ráfales los llamen "raboses" (zorros), sin duda por la astucia y perspicacia con que levantaron, hace mucho mucho tiempo, este magnífico y acogedor pueblo.
Hay lugares enclavados en un entorno natural especial, hay lugares cargados de historia y patrimonio, hay lugares en los que se aprenden cosas, hay lugares hechos a propósito para relajarse y olvidarse del mundo por un tiempo, hay lugares donde se puede disfrutar de una excelente gastronomía, hay lugares donde se pueden practicar deportes de riesgo... creo que Ráfales lo tiene todo. O casi todo.
Si os gustan los paseos, un recorrido circular por los Estrets nos mostrará el paisaje típico del Matarraña, con su densa masa forestal, sus campos trabajados y sus masías desperdigadas. La ruta de los estrechos presenta rincones curiosos, no falta el agua en sus acequias y balsas, y sólo nos lleva unas tres o cuatro horas.
Algo más corto y tranquilo puede ser dar una vuelta por sus alrededores y visitar alguna de sus fuentes, claro.
Ráfales presenta una estructura de tipo medieval, con casas de piedra, como en muchos de los pueblos del Matarraña. Me cuentan que en tiempos "hubo un castillo aquí, pero ahora no quedan ni los cimientos. A la que te das un par de vueltas por el pueblo puedes ver dónde han ido a parar muchas de las piedras del castillo: a las paredes de las casas. Al fin y al cabo, el castillo tuvo su utilidad hasta el final".
El conjunto de los arcos bajo el ayuntamiento, la iglesia, los porches, la plaza con su fuente y esa fachada con el reloj de sol al que es imposible no fotografiar nos llevan a una época de mercados en las calles, de artesanos, de animales de carga regresando de los campos y de bullicio.
Precisamente bajo estos arcos del ayuntamiento, que en época medieval hacían las veces de lonja, se encuentra una antigua cárcel, enmarcada dentro de la "Ruta de las Cárceles del Bajo Aragón/Matarraña", que ha sido recientemente musealizada y a la que os aconsejo acercaros. Las luces y una locución teatralizada nos cuenta quién iba a parar aquí y cómo se las malapañaba. A algunos os gustará la historia, y a otros la ambientación y el lugar os pondrá los pelos de punta.
Algo más tranquilo es darse un paseo por el extenso jardín botánico, casi siempre cuidadosamente atendido, y donde podremos encontrar una gran variedad de plantas, con un panel explicativo de cada una. Tanto los mayores como los más pequeños aprenderéis aquí cosas curiosas sobre ellas: para qué se usan sus maderas, qué enfermedades curan sus hojas, por qué tienen colores llamativos, cuáles ahuyentan los mosquitos... Eso sí, no esperéis encontraros todas las plantas crecidas y florecidas a la vez; cada una lleva su marcha.
Otra oferta cultural que nos ofrece Ráfales es la visita al pequeño pero interesante Museo del aceite que se encuentra en el Molí de l'Hereu, un acogedor hotel que es una antigua almazara del siglo XVIII rehabilitada para pasar un fin de semana tranquilo, descansar y solazaros todo lo que queráis y más, pues el spa ya lleva funcionando algunos años.
La gastronomía de Ráfales (la que a mí me gusta) la encontraréis en el bar de la plaza; un bar tipo al que ya he comentado en muchas otras historias: de pueblo, normal, de los de toda la vida, donde todo el mundo se conoce, con una barra un poco triste y mesas propensas a la partida. Aquí he visto cosas que no creeríais... atacar naves en llamas más allá de Orión, untar un la cabeza de un tordo asado en la yema de un huevo frito y, de un bocado, comerse esa cabeza con sus ojitos y su pico chorreantes... ante la mirada atónita de un boquiabierto señor de Barcelona que sólo había pedido un café para almorzar. Excelente comida casera, vamos.
Y, por último, a todos aquellos a los que os gusten las actividades de riesgo, os recomiendo que os paséis allá para noviembre por la Feria de Ráfales, a echaros un orujo recién salido del alambique que ponen en la plaza y que, gota a gota, se pega todo el día destilando.

Dedicado a JL Roda, el forestal, una mezcla de vikingo y del gigantón de Harry Potter; buena gente.
Y también dedicado a Gaudi, otro friki de Blade Runner.


lunes, 30 de agosto de 2010

Peñarroya de Tastavins (Matarraña)

Siete novias para siete jóvenes... y otras muchas cosas
Peñarroya de Tastavins es uno de mis pueblos favoritos de la Comarca del Matarraña. Hace poco leí un libro sobre mitos y leyendas de Aragón y me topé con una historia que alguien me contó como verdadera hace unos años, así que me he dicho: "¡Qué joderse! ¡Para leyendas, las nuestras!", y con ella voy a empezar mi relato de este pueblo.
Bueno, pues cuenta la historia/leyenda que, en tiempos de la peste, ésta había diezmado la población castellonense de Villabona, así que visto el panorama siete jóvenes del pueblo se fueron hasta Peñarroya (donde la peste no había hecho tanto estragos) a buscar siete mozas casaderas para llevárselas a su pueblo, casarse con ellas (con el consentimiento de ambas partes) y repoblar el pueblo de niños villabonenses. Esto, parece que no pero tiene su mérito, ya que los jóvenes se arrearon 30 km. a pie para buscarlas, y luego los mismos 30 km. con ellas para volver a casa (recordemos que en Plan -Huesca- fueron algo más listos: les pusieron un autobús, y a esperarlas en la plaza del pueblo).
Como veis, leyendas como "El rapto de las sabinas" y guiones de películas como "Siete novias para siete hermanos" o "Los siete samurais" no son más que burdas copias de lo que aconteció en Peñarroya (eso sí, sin violencia).
El acceso a Peñarroya es con vistas a un hermoso puente sobre el río Tastavins, y nada más cruzarlo aparece el antiguo monasterio Virgen de la Fuente, hoy día reconvertido en bar-restaurante-hotel o algo así, pero que merece la pena visitar, y que da nombre también a la marca de jamones que salen del secadero de este pueblo, y que no tienen nada que envidiar a los de la dehesa extremeña. Os aconsejo volver a casa con uno.
Peñarroya de Tastavins es un pueblo en la ladera de un monte, con sus calles cuesta arriba y sus correspondientes calles cuesta abajo (cuando bajas). Las calles son estrechas, con solera, algunas conservando todavía el azulete en sus fachadas, y nunca sabes qué te va a deparar cuando doblas una esquina.
Tú vas subiendo cara arriba, así, al azar, por una calle cualquiera, y puedes ir a parar frente a una impresionante iglesia barroca del siglo XVIII, o llegar a un cruce de calles frente a una casa con una preciosa balconada plagada de flores (según cuándo vayáis, claro); o encontraros con un antiguo lavadero que sigue cumpliendo su cometido hoy día; o daros de bruces con la puerta de entrada a una antigua cárcel (pedid la llave para visitarla; está dentro de la "Ruta de las cárceles" y la verdad es que por dentro acojona); o mirar cara a cara al tastavinsaurio en la subsede de Dinópolis (esto ya, pagando); o... o, simplemente, pasear por sus calles y casas de piedra, sólo por pasear, porque la vista se os va a ir a los mil y un detalles que hay repartidos por todos los sitios.
Aunque, sin duda, la joya de la corona de Peñarroya de Tastavins ya la habréis visto si habéis venido desde Monroyo: Les Roques del Masmut. Se trata de una formación geológica impresionante, de color rojizo (lo que, en parte, da nombre al pueblo) y que, en una tarde limpia, hace imprescindible llevar encima una cámara de fotos para guardar el maravilloso espectáculo que ofrecen los últimos rayos de sol del atardecer al proyectarse sobre esta mole con el pueblo a sus pies.
Alrededor de esta montaña, para el que le guste, se puede practicar senderismo, escalada... o contemplar la colonia de buitres que anida allí todo el año (eso sí, sin molestar). El entorno merece la pena, como debieron pensar también una comunidad de mujeres budistas que se instalaron en sus proximidades; algunos frikis creen que estas montañas forman parte de una "línea de poder" que surge desde la cercana localidad de La Fresneda.
Y... no os vayáis todavía, que aún hay más: en Peñarroya tenéis también un espacio gótico, casas rurales, centros de interpretación...
Pero, como no todo va a ser turismo deportivo y cultural, si hacéis la visita por la mañana, en una de sus estrechas calles, discreto como él solo y difícil de localizar, está el bar del pueblo: el de casa.
Entrad a almorzar.

A Román. Buena gente.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Alcañiz (Bajo Aragón)

Esto son pinturas

No hace mucho estuvimos viendo una exposición de pinturas en el Paraninfo de Zaragoza y, al igual que una vez anterior en otra exposición en el Palacio de Sástago (también en Zaragoza), no deja de sorprenderme la cantidad de gente buscavidas que pretende (y, lo que es más triste, a veces lo consigue) "vender" como arte cuatro brochazos mal dados a un lienzo en el que a veces pegan cosas como un trozo de saco viejo de arpillera (verídico) o un calcetín sudado.
Por eso, ante tante cara, de vez en cuando conviene dejar a esta gente con sus trapicheos en supuestas salas de "arte", procurando que sus lienzos emborronados no salgan de ahí, e irse a ver ARTE de verdad.
Y como en Teruel vamos sobrados de arte, en este caso me gustaría que os acercárais a lo más alto de Alcañiz, al rehabilitado castillo calatravo que fue cárcel, cuartel, palacio, cementario, residencia... y, actualmente, alberga en el interior de su recinto amurallado un parador nacional.
Además de contemplar unas excelentes vistas sobre el río Guadalope y el valle (y las obras de la variante), podremos visitar el interior del castillo acompañados de un/a guía (la entrada no es cara, y el/la guía, imprescindible) y admirar las increíbles pinturas murales que alberga en su interior, cuyos frescos representan uno de los conjuntos más importantes de España.
Y si nada más entrar, la decoración de la bóveda y columnas de este "recibidor" ya nos quita el hipo, dejad que el/la guía os transporte ocho siglos atrás y recread la imaginación; veréis escenas de batallas y caballeros, demonios y santos, monstruos y gente humilde... porque el recorrido nos lleva por pinturas funerarias, religiosas, civiles, militares... y posiblemente infantiles, pues en una de las salas está representado el cuento de "La Bella y la bestia" (vamos, que no se lo inventó Disney). El despliegue de arte, cultura e historia parece no tener fin.
Pero, como todas las cosas, se acaba. Y se acaba con la mente satisfecha, bien a gusto. Con esa sensación de haber aprovechado el tiempo.
Si hacéis la visita por la mañana, se puede combinar esta visita cultural con otra también agradecida: la gastronómica. Y, para eso, lo mejor es ir a La Parrilla (al final de la cuesta que hace la carretera nacional): comeréis y beberéis bien, os tratarán de fábula en la cueva/restaurante (porque el sitio también se las trae) y, sobre todo, al final pedid el postre especial de la casa que hacen ellos: pastel ruso con chocolate blanco caliente y una chorrada de vinagre (está de vicio, de verdad).
Y los que no sirvan para otra cosa, que sigan echando pegotes manchando lienzos.

Direcciones de interés sobre arte y sinvergonzonería:
Muchachada Nui:
http://www.youtube.com/watch?v=EfV3iu9SWg8
Tele 5 (El Buscador): http://www.youtube.com/watch?v=Pj4MVtoNWZc
SinvergüenzaTV: http://www.youtube.com/watch?v=1bwyvrDwCcc

A Carlos, que me mandó los dos primeros videos.


jueves, 19 de noviembre de 2009

Calanda (Bajo Aragón)

El Centro Buñuel
Sinceramente, no soy nada fan de Buñuel. He visto dos o tres películas suyas y no me han hecho mucha gracia (soy más de Indiana Jones y de La Jungla de Cristal). Son demasiado "raras".
Bueno, pues es precisamente el universo marciano de Luis Buñuel el que han trasladado a este museo de Calanda (que para eso nació allí). Y, pese a no gustarme mucho Buñuel (insisto), el Centro lo han bordado.
Meterte ahí es entrar en otro planeta: un planeta con teléfonos colgados que te hablan, proyecciones en bombos, puzzles imposibles, películas contigo de protagonista mientras te/las ves sentado en una taza de váter... y así un montón más de una entretenida y divertida locura.
Para flipar. Si caéis por Calanda, entrad en el Centro Buñuel y pasad del mundo por un rato.
Podéis ver más información en http://www.cbcvirtual.com/.

jueves, 27 de agosto de 2009

Jaganta (Bajo Aragón)

El molino de aceite
Jaganta es un pueblecito de unos 50 habitantes, perteneciente al municipio de Las Parras de Castellote. Es un pueblo simpático y tranquilo, y que tiene un molino de aceite construido y utilizado desde el siglo XVII. Actualmente no está en uso (lógicamente), sino que se conserva como una especie de museo.
Si preguntáis por el pueblo, os dirán a quién podéis acudir para que os lo enseñe. Y a buen seguro que la señora dejará todo lo que esté haciendo para acompañaros, enseñároslo y explicaros cómo funcionaba, para qué servían los distintos utensilios que allí hay, y daros alguna teoría de cómo rayos debieron, en aquellos tiempos, meter la prensa de eje: una viga monumental, impresionante. La más grande de todas, y perteneciente a la tipología más antigua que se pueda encontrar en todo Aragón.
Y, lo que es mejor, a la señora le encantará contaros todo esto porque lo vivivió y, cada vez que lo enseña, se llena de satisfacción al recordarlo. Es muy posible que también os revele alguna anécdota curiosa... vale la pena visitar el molino.
Justo al lado hay un antiguo lavadero al que, hoy día, todavía van las mujeres a lavar la ropa, algo raro de contemplar en estos tiempos que corren.

miércoles, 15 de abril de 2009

Fórnoles (Matarraña)

Braulio Foz, un adelantado a su tiempo
Cronista, progresista y liberal, este aragonés ilustre nacido en la pequeña localidad de Fórnoles ejerció de Decano en la facultad de Letras de Zaragoza y fundó el periódico liberal "El Eco de Aragón". Aunque, sin duda, pasó a la historia por ser el autor de la obra costumbrista aragonesa "Vida de Pedro Saputo".
Actualmente su casa natal se ha reconvertido en un centro de visitantes en el que se profundiza en su vida y obra a través de imágenes, decorados y audiovisuales multimedia.
La musealización la ha realizado la empresa attis-desarrollo y multimedia, llevando a cabo una gran labor en cuanto a contenidos, decoración y detalles relacionados con su persona.
Podéis obtener más información en la web de la localidad: http://www.fornoles.com y, si queréis leer on-line la novela de Pedro Saputo, la tenéis en la biblioteca Cervantes virtual.