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martes, 30 de diciembre de 2014

Ariño (Andorra - Sierra de Arcos)

Un paseo por la prehistoria y por el patrimonio hidráulico
Cosas de las cosas, hace un rato han desfilado ante mis ojos unas fotos de barrancos, con sus ríos, y me han recordado una excursión que hicimos hace algunos años por Ariño, por el Parque Cultural del Río Martín.
Aunque luego he visto que, oficialmente, ahora esta ruta empieza desde el mismo Ariño, en su momento nosotros la comenzamos desde casi el principio del cañón, dejando el coche en una pequeña explanada, un soleado día de finales de octubre.
El sendero, bien marcado, nos lleva en su primer tramo por unas paredes de arenisca en las que se habían formado una especie de cuevas que, por las pinturas rupestres que en algunas había, debieron de servir de cobijo a alguien hace muchos, muchos años. Y, por otro tipo de marcas, algunas también debieron de servir de escondite hace no tantos.
Esta primera parte del paseo nos deja en una explanada junto a las aguas del río Martín, donde se ha habilitado un merendero. es un sitio curioso, dentro del barranco, pues aquí también han aprovechado algunas covachas, en este caso para parideras de algún que otro rebaño de ovejas, corderos, cabras…
Aquí acaba la Prehistoria y, tras cruzar una pasarela, comienza una parte de la Edad Contemporánea.
Una brusca subida nos coloca junto a una canalización de agua y un acondicionado sendero a su lado, unas veces en forma de apañado camino, otras en forma de escaleras, y otras como tramos excavados en roca, a los que ha sido necesario colocar una sirva de seguridad. Las vistas del barranco siguen siendo magníficas y, ya al final, se divisa nuestra meta: una blanca construcción de la que aún tengo dudas de si se trata de una minicentral eléctrica (quieren verse algunos postes de distribución) o un molino (más improbable, aparentemente).
Así, a lo tonto, aún ha sido una excursión algo larga pero muy satisfactoria, regalándonos unas vistas preciosas y un camino muy llevadero.
Es ahora cuando te das cuenta de que, en realidad, tan sólo has llegado a la mitad del recorrido: queda volver.
Por no volver por el mismo sitio, y porque creímos en ese momento que, una vez alcanzada la carretera que une Ariño con Albalate, el camino iba a ser más corto, emprendimos la vuelta por pista, pista y más pista. Y más pista.Y cuando, al fin, llegamos a la carretera, pues ¡toma carretera!. Y más carretera. Fue una vuelta eterna, así que si algún día se os ocurre hacer este camino, procurad dejar un coche al final del mismo, y otro al principio. Vuestras piernas lo agradecerán.
Cuando mucho tiempo después, decía, llegamos al coche, emprendimos la vuelta a Ariño, con alguna parada: un puente colgante metálico sobre el río Martín, y el Santuario de la Virgen de los Arcos, donde pudimos ver pacer a la familia de Bambi.

Y tras esto, ya sí, a Ariño, al bar de la carretera, a beber la tradicional cerveza de fin de excursión. Y luego, cuesta arriba, ver el pueblo, cuesta abajo, coger el coche… y hasta la próxima.







miércoles, 9 de abril de 2014

Alacón (Andorra - Sierra de Arcos)

El barranco del Mortero
Pues dicho y hecho. Aprovechando el miércoles de la cincomarzada en Zaragoza, nos llevamos a dos de los tres sobrinos de excursión. Al barranco del Mortero, que ya lo habíamos dejado en "cosas pendientes".
Una buena previsión, a la larga más que acertada, hizo que comenzáramos la excursión desde la cabeza del barranco, espectacular por sus pinturas (que sólo César decía ver), sus cuevas, el lugar que, en tiempos de lluvias, debía desplomar una hermosa cascada y, en fin... por la belleza misma del rincón en sí.
Desde aquí, la excursión se convierte en un agradable paseo de suave bajada. Poco marcado, el camino no necesita nada pues el propio barranco te va guiando, paso a paso, por las trazas del sendero que discurre parejo al riachuelillo que se debe formar en días de tormenta fuerte.
El barranco es un escenario natural para abrir la imaginación; igual puedes estar en una película del oeste que, expectante, esperar que un animal prehistórico salga de alguna cueva. El entorno es fantástico.
Poco a poco, el barranco del Mortero se va abriendo; las miradas hacia arriba cada vez son menos y el camino pedregoso cada vez es más ancho. Hemos visto todo tipo de rocas, buitres y otros pájaros, César ha visto un fósil, Elena se ha manchado con una oliva madura, y todos nos hemos frotado las manos con las matas de romero que tanto abundan. Toda una experiencia para unos niños que, en la ciudad, pocas o ninguna de estas cosas tienen ocasión de conocer de primera mano.
El regreso nos vuelve a meter en la garganta del barranco; la airera no cesa y cuesta encontrar un lugar recogido donde dar buena cuenta de la comida, pues la excursión nos ha abierto el apetito a todos. Encontrado el lugar, y dando buena cuenta de la tortilla y los embutidos, ya sólo queda subir de nuevo la empinada cuesta que bajamos al llegar. Arriba el viento es aún más fuerte, así que da juego para que los críos y los no tan críos enreden un rato más antes de volver a meternos en el coche.
La siguiente parada es en Lécera, en el bar de la gasolinera, a tomarnos una cocacola, unas fantas y una jarra de cerveza. Que todos nos lo hemos ganado, qué caramba.




domingo, 9 de marzo de 2014

Alacón (Andorra - Sierra de Arcos)

Cuevas de hospitalidad
Tras conocer Blesa y su entorno, como aún era pronto para regresar a casa decidimos, en uno de esos días "colgados", tomar la carretera que sale entre Lécera y Muniesa en dirección a Alacón, a ver qué había por ahí. Era una de esas horas jaulas, concretamente la de después de comer, y la llana y solitaria carretera traía consigo algo de modorra. Así que, en una campa que vimos con maderas y lo que parecían unos carteles, decidimos parar y tomar un poco el aire para despejarnos (que, por cierto, soplaba bien ese día).
Esta vez, nuestro sorprendente Teruel rompió con el llano por el que veníamos, ofreciéndonos bajo los pies un impresionante cañón, profundo, largo y estrecho. Y abrigo de varias pinturas rupestres, a las que nos acercamos, y en la que nuestros inexpertos ojos no distinguieron nada a pesar de tener delante un esquema con la localización de los dibujos. El resto del barranco, a tareas pendientes.
Luego, lógicamente, nos acercamos al pueblo, curiosamente distribuido sobre una pequeña montaña: cara sur, el casco urbano; cara norte, agujeros que horadan los cimientos del casco urbano en forma de casas/bodegas. Una pequeña Tierra Media con calles/sendas que unen estas viviendas, unas mejor cuidadas que otras, pero todas con trazas de sitios donde pasar un agradable rato. De hecho, en más de una ya se habían reunido grupos de gente que, con brasa, vino y buena conversación, no iban a necesitar nada más durante un buen rato.
Subimos por un lado y bajamos por otro, con parada en el alto, donde la plaza de la iglesia hace de excelente mirador.,
Ya nos íbamos a volver cuando un sistema automatizado de riego en un huerto me llamó la atención (ya veis, en lo que nos entretenemos algunos). Y mirando el susodicho huerto estábamos cuando apareció el dueño, un vecino no muy mayor con el que enseguida cogimos capazo. Él nos contó su vida, nosotros parte de la nuestra… él se ofreció a enseñarnos su bodega y a probar el vino ("la más bonita de todas, seguro que os habéis tenido que fijar cuando habéis pasado" -añadió), nosotros tuvimos que declinar su amable invitación, más que nada porque estas cosas se sabe cómo empiezan pero no cómo ni cuándo acaban, y teníamos que volver a la capital.
Como, por lo visto, no nos podíamos ir de vacío, el hombre aún nos dio una generosa bolsa de almendras ("este año han salido más pequeñas, pero están muy buenas"). Y con las almendras nos despedimos, paramos un momento a ver la balsa empedrada de la ermita de San Miguel, del siglo XVII, y ya cogimos rumbo a casa.
Las almendras, efectivamente, estaban bien buenas. Muchismas gracias, de nuevo.






viernes, 12 de abril de 2013

Estercuel (Andorra - Sierra de Arcos)

Fuego
Sólo he estado en Estercuel una vez, y sólo por la mañana. Y no, lamentablemente, no fue ninguno de esos días en los que se celebra la fiesta de La Encamisada, el fin de semana más próximo al 19 de enero de cada año, festividad de San Antón. Este santo patrón es famoso porque ha librado a muchos pueblos de Aragón (no sé si también a los del resto del mundo) de epidemias y pestes, y en estos lugares se agradece el hecho haciendo unas hogueras cuanto más grandes mejor. Pero en Estercuel, por los reportajes que he visto y por lo que me han contado, es que se pasan. Enormes hogueras arden por las estrechas calles del pueblo, calentando edificios, personas y mobiliario urbano, y poniendo en peligro a los veloces jinetes que, a galope tendido y bajo sus capas y sombreros negros, recorren el camino de fuego. A ver qué año me viene bien ir a calentarme por ahí...
Fuimos con un conocido, y el objetivo era que nos enseñase el Centro de Interpretación del fuego y de la fiesta, ubicado en lo alto del pueblo, en las antiguas cuevas del castillo que fue de los Atrosillo. Me encantó el cómo estaba acondicionado todo el espacio; a lo largo de estas cuevas/bodegas recuperadas nos vamos metiendo en el mundo del fuego (algo que me apasiona), su sentido mágico, sus usos y funciones según las estaciones del año... y, cómo no, la fiesta de La Encamisada. ¡Qué invento, el fuego!.
Tras este interesantísimo rato cultural, nos metimos un almuerzo de los de plato redondo en un bar cercano, y ya movimos.
Para cuando vuelva, más historias.



martes, 21 de diciembre de 2010

Alloza (Andorra - Sierra de Arcos)

Marchando una de patatas
Una de las veces que estuve en Alloza el cielo gris plomizo pesaba sobre esta tierra en tiempos poblada de almendros (de ahí su nombre árabe) y hoy sustituidos en gran parte por olivos.
Estábamos por cuestiones de trabajo, y llegamos a la cita hora y media antes de lo previsto, así que bajo la amenaza de una tromba de agua dimos una vuelta por las calles del pueblo. No había nadie.
Las calles estrechas nos subieron a la iglesia, con un formidable mirador desde el que se divisaba la Rambla y, allá a lo lejos, una ermita rodeada de cipreses. Seguíamos sin ver a nadie.
Desde aquí sólo podíamos bajar, así que lo hicimos hacia el otro extremo del pueblo. Y, sin quererlo (casi) dimos con el bar.
Y, claro, allí estaba todo el mundo. El bar (¿Gato negro puede que se llamara?) estaba perfectamente organizado: el grupo de al lado de la puerta, de charra con el camarero; el grupo de más al final de la barra, viendo en la tele uno de esos programas estúpidos de por las tardes; y, en la parte de arriba, mesas de gente (abuelos casi todos) jugando al guiñote.
Así que nos echamos una caña y, como ya se nos había hecho la hora, hicimos lo que habíamos venido a hacer y, con las primeras gotas que precedían al chaparrón que se avecinaba, marchamos.
Ahora viene lo bueno, que son esos chascarrillos que tanto me gustan y que quiero compartir acerca de Alloza. Uno me lo había contado uno de Andorra; los otros los he leído investigando un poco:

  • En los años 40 querían hacer en Alloza una central térmica que, finalmente, se hizo en Escatrón (¡cachis!).
  • En la guerra civil decidieron juntarse los de un bando y los de otro para protegerse mutuamente según quién conquistara el pueblo (¡chapó!).
  • En Alloza nació Joaquín Fernando Garay, ni más ni menos. Este hombre fue el que introdujo la patata en España, recibiendo por ello alguna distinción del rey Carlos IV. Pues eso, que sepáis que gracias a uno de Alloza podemos comer papas bravas, tortilla de patatas (los huevos ya los teníamos de antes), patatas rellenas de chorizo (los chorizos también los teníamos, y los seguimos teniendo), puré de patatas, patatas asadas, patatas fritas "El gallo rojo" (no me dan comisión), borrajas con patatas, papas con mojo picón...

jueves, 3 de junio de 2010

Ejulve (Andorra - Sierra de Arcos)

Un cruce de carreteras
No sé la de veces que habré pasado por Ejulve, pero es que si viajas por esta parte de Teruel no te queda más remedio: Ejulve es el centro de un ramal de caminos que nos llevan, por un lado, a Aliaga y su parque geológico; por otra, al Maestrazgo; por otra, hacia Andorra y el Bajo Aragón; y, por otra, a Estercuel como entrada a las Cuencas Mineras.
La primera vez que paramos subimos al montecillo que hay detrás de la iglesia a comernos un bocadillo con vistas, y la bajada la hicimos rodando al resbalarnos en las traviesas que hacían de escaleras, pues ese día habían caído cuatro gotas.
La otra ya fue con idea de echar un bocado, así que pasando por la calle "Paso a la carretera" (que desemboca en la carretera), y la calle "Carretera" (porque coincide con la carretera), nos metimos en el bar "Carretera" (no tiene pérdida) que, bajo el lema "Meriendas, almuerzos y escabeches", prometía.
Así que nos comimos un plato de jamón, queso y cabezada con una botella de vino y abundante gaseosa; pero lo que más me atrajo del bar fueron dos cosas: una, el que para comer te pusieran de centro una ensalada (que sólo lo he visto en pueblos de Teruel, y que debería ser obligatorio en todo buen restaurante que se precie); y, la otra, la decoración de las paredes, con esos calendarios rurales tan elaborados, como el que hacía publicidad del servicio de taxi de la localidad, y que bajo la foto de un coche de época se podía leer: "Autotaxi Eliseo. Ni tren ni correo. Kilómetros de calidad".
¿Es o no es para hacerse una camiseta?


lunes, 1 de marzo de 2010

Andorra (Andorra - Sierra de Arcos)

Lignito rock

A mediados de los años 80 y principios de los 90, y un poco al carro de la "movida madrileña", en Aragón se produjo un boom de grupos musicales. Aunque la mayoría salieron de Zaragoza y alrededores (lógicamente pues, como dijo alguien una vez, "uno de cada diez aragoneses vive en Las Delicias"), las otras provincias se apuntaron también a esta "movida".
Es posible que el pistoletazo de salida ya viniera de 1982, cuando el Ayto. de Zaragoza organizó el I Concurso de Pop y Rock, al que siguió dos años más tarde la I Muestra de pop Rock y otros rollos y, finalmente, el Medio Kilo de Rock. Con la apertura de la sala Metro y la sala En Bruto, Zaragoza se convirtió en uno de los centros más activos del país en cuanto a música se refería. En la época de la que hablamos sonaban Más Birras, Especialistas, Héroes del Silencio, Intrusos, Doctor Simón y los enfermos mentales, Distrito 14, Niños del Brasil, Reverendos, Tako, Ferrobós, Vocoder, Combays, John Landis Fans... y, de Huesca y alrededores, Mestizos, Proscritos, y el agro-pop de Escoria Oriental.

Y de las entrañas mismas de la tierra, de negras galerías y ruidosas vagonetas, de las profundas vetas carboneras de Andorra, surgió A Colla d'o Sono Eléctrico, un poco despistados al recibir la luz del día pero que, después de mantener un "Diálogo marginal con la mente en blanco", poco a poco se fueron centrando y aportaron al panorama musical aragonés su "Lignito rock".
Al poco, y todavía en aquellos tiempos en los que Teruel aún no existía, "El grupo de sonido eléctrico" pasó a llamarse "A Colla" (El Grupo), mucho más cómodo a la hora de firmar, y, finalmente, "Acolla".

Su primer disco me costó 1.295 pesetas de las de antes (lo sé porque aún está el precio en el plástico del vinilo), que para ser el año 91 ya era bastante. Pero bueno, su medio rebelde a la vez que poético Lignito rock lo merecía. Era un rock nuevo, con sentimientos ocultos que, como el carbón en la mina, hay que sacar poco a poco. Y así surgieron canciones que deberían ser himnos, como Mercader de nubes, Triste carretera... y canciones duras que, como el lignito, deberían arder día a día para que las brasas de estos pueblos duros, estos pueblos mineros, no se apagaran nunca: Ya no quedan locos, Mago del paraguas...


Tu presencia en las tinieblas
pocos mundos derribó.
El fondo de una mina
no da tiempo al soñador.
Acolla - "Lignito"

En este primer L.P. aparecen, entre otras reseñas, una de Gabriel Sopeña y otra de Pedro Elías (más biográfica) que, por lo buenas e interesantes, reproduzco a continuación con el único fin de que no caigan en el olvido:


Conocí a Nico y a Fernando en verano del 79, a Luis le conocería más tarde. Poco tiempo después ya me consideraba su amigo y, creo, he sido correspondido en la amistad desde entonces.
Llevaban más de dos años en esto. Comenzaban a pasar los tiempos de tocar con equipos malos y prestados, pero todavía quedaban algunas "milis" por cumplir y los cambios de componentes en el grupo eran abundantes: Ernesto, Carlos, Gijón, Pastor...
Se hacían llamar A colla d'o sono electrico (El grupo de sonido eléctrico, en aragonés), tocaban a veces con dos baterías y acababan de editar, con gran disgusto de sus bolsillos, una tirada de cassettes con un título, "Diálogo marginal con la mente en blanco", y seis temas atmosféricos, algo sinfónicos y experimentales. José Juan Chicón, de Radio Zaragoza-SER, les apadrinó la grabación.

Ensayaban, siempre lo han hecho, en el cine del Club de Endesa, en Andorra (Teruel), empresa explotadora de las minas de lignito de la zona para nutrir su central térmica. Fernando y Nico trabajaban para ella, bajando a la mina, uno, y en la sección informática, el otro. Cediéndoles su local, la empresa cubre una parcela de la "promoción cultural" de sus trabajadores...

Su primer concierto, reivindicando la inexistente fiesta autonómica de Aragón, fue el 23 de abril del 78, en la plaza de Andorra, previo aviso al alcalde y a la Guardia Civil, para evitar "problemas"... Desde aquél, cientos de escenarios, algunos relevantes: Fiesta anual del P.C.E. en Madrid (18-7-82), finalistas por Aragón, junto a Héroes del Silencio, en el XVI Festival Nuevo Pop Español de R.C.E., en Salamanca (verano 86), segundo puesto fase interregional de concurso nacional organizado por Cadena 40 Principales, en Pamplona (verano 79), finalistas concurso municipal zaragozano (verano 82), teloneros de Paul Collins "Beat" (Fiestas Pilar 86) y de Dr. Feelgood, Golpes Bajos, Inhumanos...

Otros hitos: segundo premio en el concurso sintonía oficial Vuelta Ciclista a Aragón (86), sintonía de T.V.E.-Aragón en las retransmisiones internacionales del Mundobasket-86 (versión instrumental de "El Mercader de Nubes"), varias apariciones en programas musicales de T.V.E.-Aragón ("Musicaire", "Babilonia"...).

Volvamos a la historia. La actual formación de trío, con Luis (hermano de Fernando) a la batería, se afianzó a partir del 82; un año antes habían reducido su nombre, Acolla, y denominaban "Lignito Rock" a su sonido. Como tantos grupos, han pasado por momentos de crisis internas por motivos personales, pero todo lo han sabido superar. Y aquí los tienes.

Desde el año 83, han editado cuatro singles, todos incluídos en este elepé en plan recapitulación de su historia musical, singles que han tenido dispar difusión a nivel nacional.

El primero, "Libre" y "Mago del paraguas", salió al mercado en abril del 83 y llegó a ser candidato a la lista de 40 Principales. Tuvo su anécdota en que Fernando salió de un encierro laboral de tres días en la mina sólo horas antes de la cita con el estudio de grabación en Madrid. "Libre" acaba con un recuerdo a las tamborradas de Semana Santa de su Bajo Aragón.

"Triste carretera" y "El aviador" conformaban el segundo, en el 85, con portada de Xavier Montada, entonces colaborador de la revista "Cairo". El primero de los títulos fue durante seis semanas candidato a "40" y "El aviador" alcanzó el sexto puesto en la clasificación anual de singles nacionales de Radio Heraldo y Heraldo de Aragón, diario regional. ¿Anécdota? Acolla presentó el disco en Zaragoza, en la sala KWM, actuando en directo con la colaboración de un violinista callejero al que habían encontrado tocando dos horas antes y al que no conocían de nada. Así son ellos.
El tercero, con "Mercader de Nubes" y "Lady Cacahuet", se editó en otoño del 86. El cuarto, integrado por "La Bruja está triste" y "Ya no quedan locos", contó con subvención de Endesa... y salió a la venta en el 89. Estos dos temas y el resto de la cara B de este elepé que tienes delante se grabaron en San Sebastián, en enero ¡del 88! Ahora, en el 91, Acolla ha decidido que debían ver la luz.
En líneas generales, esta es la biografía de un grupo, Acolla, que puede gustar o no, pero cuenta, y mucho, para todos los que seguimos de cerca la vida musical de Aragón.

Son buena gente.
Pedro Elías Domínguez Coll
(Radio Zaragoza - Cadena 40 y el Día de Aragón)

La primera vez que tuve ocasión de escuchar a Acolla, en 1982, su música era tan incisiva, intuitiva y visceral como ahora. Había una magia iurresistible en aquella forma áspera de interpretar, en lo básico de la ejecución, en el riesgo que ofrecían. Magia: ¿qué otra cosa buscábamos todos en aquel tiempo en que era tan fácil levantarse que nada importaba caer? Los primeros ochenta, con Madrid como cabeza de todas las propuestas, tendieron una emboscada sobre un Aragón desprevenido, casi virgen, que por aquél entonces comenzaba a saldar su tremenda deuda -para bien y para mal- con la música de autor y los escarceos sinfónicos. Con insoslayables referencias de los setenta, los grupos que fuimos actores y testigos de tal nacimiento estábamos abocados a una adaptación inevitable en un contexto de una energía y una creatividad que ahora, escribiendo estas líneas, recuerdo como extraordinario, y experimentamos el vigor de los cambios en un lapso de tiempo que dejó a muchos en la cuneta y mantuvo a la deriva a algunos hasta hacerles encallar cuando cesó la corriente. Sólo unos pocos culminaron la década; pero han hecho falta diez años, mucha brega y mucho sudor para clarificar las ideas, tomar bien el rumbo. Transitar aquel campo parecía entonces un futuro lejanísimo que hoy es una realidad al menos abarcable razonablemente para quienes inician su carrera musical. Acolla tuvieron mucho que ver en toda esta historia, sucintamente esbozada aquí.
Desde el principio Acolla fue un referente muy preciso para todos nosotros y, sin duda, lo han seguido siendo hasta hoy. Teruel existía sólo porque existían ellos, sus períodos de silencio suponían la extinción de tal provincia. Es duro decirlo: es real, rigurosamente real. En una situación cambiante día a día, donde prima lo postizo, lo ridículo, lo afectado y donde el estúpido más atroz vende millones de copias bendecido por designios de interesados aborregadores, Acolla han sido sistemáticamente un modelo de dignidad y de entrega para quienes creemos que la generosidad del espíritu y una severa actitud ética conforman los caracteres que deben definir también a un artista de rock. Me permito sugerir a quienes comienzan que los escuchen si quieren curarse para siempre de la gazmoñería y la tentación de ser un cretino disfrazado de payaso para complacer a la industria.

Parafraseando a alguien, si Acolla no existieran no quedría más remedio que inventarlos. Han luchado durante toda su carrera en favor de unos valores que convierten lo sincero en norma de conducta. Y así, este disco es testimonio vivo de una hermosa página del rock aragonés, reflejo del espíritu del pionero y del presente de una banda a la que tanto los veteranos, como yo, cuanto los noveles, le deben mucho. Nunca fueron los galanes engolados de esta película; han sido y son mucho más, infinitamente más que eso, todo casta y todo corazón. Campeones, imprescindibles.
Gabriel Sopeña Genzor
(Músico. Líder de los grupos "Ferrobós" y "El Frente")

Esto es lo que apareció escrito allá por 1991.


Ocho años después, en 1999, publicaron "En la calle del mago" y, desde entonces, parece ser que no paran (sin prisa pero sin pausa, haciendo las cosas bien). Lo último, en 2008, ha sido "A cielo abierto", como esas minas que sustituyeron a los negros túneles, y que fueron el principio del fin de la minería en Teruel.

Me hubiera gustado añadir aquí algunos temas musicales (o parte) de esos que han hecho historia, pero no quiero arriesgarme con esta nueva ola de ladrones que han surgido amparados por la ley (llámese SGAE), así que voy a tener que conformarme con transcribir la latra de una sus canciones: Un autobús.

El autobús está esperando
a la rutina del temor.
V
a saturado de colillas
pintado con carbón.


Cuando regresas a ese fondo en grises

donde la luna dice adios

el tiempo se convierte en arte

de fango, de sudor.


Un autobús que se llevará

mil recuerdos sin valor.


El autobús está esperando

mientras barnizan la labor

ojos negros marchitados,

mitos de profesión.


Un autobús que abandona tu carne,

un autobús que nunca tendrá

aventuras negras, tu obsesión.


En fin, como dicen en su canción "Mercader de nubes", "Ya no hay sueños manejando la razón". Y es una pena.


Algo más de información (poco más) en www.acolla.es

Dedicado a todos los que entraron a trabajar en la mina con 14 años, y no salieron hasta pasados los 50. Y a los que no salieron.

martes, 23 de junio de 2009

Andorra (Andorra - Sierra de Arcos)

Las dos Andorras
Por si no lo sabíais, el originario poblado de la actual Andorra de Teruel se encontraba en el Regallico de San Julián, y se llamaba Las Masadicas Royas. San Julián era el patrón del pueblo.
Era cosa habitual en aquel entonces que bajasen al té
rmino los pastores transhumantes andorranos con sus ganados.
Sucedió que uno de estos pastores solía alojarse en una casa en la que tenían un hijo herniado. El pastor comentó a los padres del chico que en su tierra eran muy devotos de San Macario, abogado precisamente de los herniados, y que el santo podría sanarle.
Así pues, la vez siguiente que el pastor fue a Andorra se bajó una imagen de San Macario y la dejó en la casa del niño herniado. Y he aquí que al poco el chico se curó.
Después del milagro, se erigió una ermita a San Macario, a la que acudían por su fama muchas gentes.
Poco a poco, se fue dejando de lado a San Julián y las gentes se juntaron con San Macario, hasta el punto de que la población pasó a llamarse San Macario de Andorra.

Fue cuestión de tiempo que, de ahí, pasase a llamarse sólo Andorra.

jueves, 11 de junio de 2009

Oliete (Andorra - Sierra de Arcos)

Tierra íbera
Oliete está situado en la Sierra de los Moros, en el Sistema Ibérico, junto al río Martín. Aunque su casco urbano es interesante, sobre todo por los tres arcos que lo delimitan, en esta ocasión vamos a hablar (perdón, "escribir") de lo que hay en sus afueras.
En efecto, si salimos de Oliete en dirección a Ariño (la carretera la arreglaron hace poco, y está muy bien), a unos 5 min. en coche encontraremos un desvío a mano izquierda que nos llevará a los yacimientos íberos de San Pedro y El Palomar (también nos lleva a la sima de San Pedro, pero de ella nos encargaremos en otro momento). Aunque podemos llegar en coche a ambos yacimientos, como la pista no está muy allá sugiero dejar el coche abajo, nada más pasar el río, y dar un paseo (que no sea un día de mucho sol, pues no hay ninguna sombra ni agua por ahí).
La pe
culiaridad de Oliete con respecto a los íberos reside en que conjuga en sus dos yacimientos las tipologías de estos poblados del siglo III a.C. Por un lado, San Pedro, con su estructura militar fortificada y, por otro, El Palomar, poblado "llano" que se dedicaba, sobre todo, a la agricultura y la ganadería. Merece la pena pasearse por ellos, asomarse por el acantilado a ver la verde ribera del río Martín, y encontrarse por un momento en una historia que se remonta a hace más de 2.300 años.
Nuestra visita cultural se debería completar con una visita al Centro de Interpretación que hay en el propio pueblo de Oliete, y que se centra en las actividades económicas íberas.

El modo de vida íbero se presenta en todos los Centros de la ruta Iberos en el Bajo Aragón, entre otros soportes, a través de audiovisuales didácticos que ha realizado expresamente para la ruta la empresa Attis-multimedia. Podéis obtener más información de esta ruta en su página web: http://www.iberosenaragon.net.

Para otras ocasiones dejamos otros pueblos y otros yacimientos...