En verano, cuando era un joven sano y delgado, pasábamos bastante tiempo en Las Parras, donde teníamos casa. Y algunos días nos acercábamos, por sendas poco conocidas, hasta "El Chorredero", donde comíamos o merendábamos, y nos bañábamos. El paraje era impresionante pues, por un lateral de la aparentemente impracticable pared de roca, se despeñaba el agua del río, en una fabulosa cascada. De ahí el nombre, del "chorro" de agua que caía.
La pared de roca de la que hablaba en realidad estaba completamente horadada, y una senda te llevaba a la parte alta del Chorredero, a una pradera. Las cuevas que había a lo largo de esta senda eran un escenario ideal para jugar y hacer el cabra; algunas eran enormes, y de sus techos colgaban, como chupones de hielo, multitud de estalactitas, Estas cuevas las aprovechaban los pastores a modo de parideras y donde refugiarse y refugiar el ganado llegado el caso.
Una de las últimas veces que fui a Las Parras nos acercamos al Chorredero por una nueva pista asfaltada que ahora une este pueblo con Cervera y Pancrudo. Allí vimos lo que quedaba de él, pues una gran riada hacía unos años había desprendido una serie de rocas que habían roto un poco la magia de la cascada de siempre, mostrándonos ahora un simpático riachuelillo, manso, que discurría con resignación.
También habían colocado un cartel, de esos que llamamos "paneles interpretativos" o "mesas de información". Y aquí ya fue cuando se me cayó el alma al suelo y se me hinchó la vena, al ver que a este paraje lo habían rebautizado como "Las cuevas de las brujas" o algo así, y, para más inri, este cartel aún se atrevía a explicar que allí se reunían las brujas para hacer qué me sé yo qué. No sé a qué tipo de mente retorcida se le habría ocurrido inventarse semejante hatajo de estupideces; imagino que a alguien que, aparte de no conocer el sitio, pensaría que unas brujas atraen más turismo que un fantástico espacio natural.
En fin, espero no tener que encontrarme más con estas cosas, al menos en los sitios que conozco y a los que de pequeño cogí cariño.
Nota: Hace algún tiempo estuvimos visitando "La cueva de las güixas (las brujas)" en Villanúa, un pueblo al lado de Jaca (Huesca). Preguntada con alevosía, la guía nos contó que hasta hace poco en la ladera de ese monte se cultivaban muchas guijas (una legumbre parecida a la judía), y que, en aras de aumentar el turismo en la zona (volvemos a lo mismo), quedaba mejor reclamo llamar a la cueva "de las güixas" (de las brujas) que "de las judías" (de las guijas). La verdad es que aquí lo tenían fácil para cambiarle el nombre. Luego, como hay frikis para todo, se desarrolló toda la parefernalia brujeril que ha derramado ríos de tinta.









