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viernes, 19 de septiembre de 2014

Aguatón (Comunidad de Teruel)

Intento fallido
La altiplanicie sobre la que discurre la autovía de Teruel a Zaragoza luce en septiembre los tonos marrones propios tras la época de cosecha. En este tramo, la lengua de asfalto discurre prácticamente en línea recta, con las escapatorias justas para ir a los pueblos que quedaron pegados a la carretera vieja. De una de ellas se llega a Torrelacárcel y, desde aquí, una carretera secundaria parte perpendicularmente a la autovía y se adentra entre terrenos pardos en dirección a los campos de Visiedo.
Al poco, la monótona llanura se va fundiendo lentamente, imperceptiblemente, con el monte bajo y, casi sin darte cuenta, estás desplazándote entre montes y con un increíble barranco a tu lado. Cuando quieres ver con detenimiento esta impresionante falla holocena, una negra boca de túnel se abre ante ti y te traga, inmisericorde, como en algunas películas de viajeros en el tiempo, hasta que una luz al fondo se va acercando, cada vez más rápido, y acabamos siendo expulsados, arrojados a un mundo entre montañas con un pequeño pueblo en medio: Aguatón.
Atravesamos despacio el pueblo, casi de puntillas, y pasado el lavadero tomamos una pista en dirección a la ermita de la Virgen del Castillo. Había llovido últimamente, la pista se iba embarrando a la vez que difuminando, y acabamos en un campo, al lado de un corral, fuera de camino. El propósito del viaje era subir al Pico Palomera pero, lógicamente, los planes acababan de cambiar. Ni siquiera supimos llegar a la ermita. Media vuelta y al pueblo.
Esta pequeña localidad de apenas una veintena de habitantes y de los cuales no vimos a ninguno, se encuentra a una altitud de 1.225 m. por lo que los otoños deben ser frescos y los inviernos tirando a fríos, buenas condiciones para secar el jamón. La carretera que llega desde Torrelacárcel te deja en la amplia plaza, desde donde prácticamente se puede ver todo el pueblo: casas, merendero, iglesia parroquial…
La iglesia parroquial está consagrada a San Salvador. Barroca, es similar a otras muchas de los pueblos turolenses; pero en esta ocasión la iglesia guarda un secreto a la vista: en la parte lateral han acondicionado un precioso mirador plagado de plantas aromáticas, que ofrecen al visitante una delicia a la vista y al olfato.
Este bello rincón guarda, además, otro curioso secreto a la vista: en un supuesto antiguo acceso a la iglesia, ahora tabicado, está enterrada una persona a quien algún cronista/poeta le debía tener en gran aprecio, pues un breve epitafio cuenta quién fue el difunto, cuándo falleció, y cómo:

"(…) QUIETO Y PACIFICAMENTE 
HASTA LAS DOCE DURMIO 
Y A LAS 3 DE SU MAÑANA 
CADABER SE COMBIRTIO, 
EN ESTE PUEBLO HABITO (…)"

Y hasta aquí puedo escribir. Si queréis saber cómo acaba, acercaos a Aguatón.




viernes, 22 de noviembre de 2013

Teruel (Comunidad de Teruel)

Más cine, por favor
Que me gusta el cine no creo que a estas alturas sea un secreto. Una película que me encantó hace un par de años (y últimamente esto no es muy normal) fue "La invención de Hugo" (EE.UU., 2011), de Martin Scorsese, y ambientada en País, tipo "Amelie". El argumento gira en torno a un niño huérfano que vive en una gran estación de tren, y en un momento dado su historia se entronca con la biografía de Georges Méliès (París, 1861-1938), un pionero del cine que llegó a rodar más de 400 películas fantásticas, muchas incluso coloreadas, y cuyo emblema es el fotograma en el que un cohete "aterriza" en el ojo de la luna. Lamentablemente, parte de ese material se perdió.
Pero Georges no fue el único.
Por los mismos años en que Méliès "jugaba" con el cinematógrafo, un turolense también se dedicaba a lo mismo, a un nivel más profesional y comercial. Otro gran "mago del cine".
Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz (Segundo de Chomón, para los amigos) nació en Teruel en 1871 (diez años después de Méliès), hijo de un médico militar aficionado a la fotografía. En un primer viaje a París conoció a la que luego sería su mujer, Julienne Mathieu, que en aquél entonces trabajaba en los talleres de coloreado de los fotogramas de las películas de Méliès; y conoció también el cinematógrafo de los hermanos Lumière. Y ahí ya se le debió liar la cosa.
Tanto se le lió que acabó siendo uno de los pioneros de la historia del cine, junto a los hermanos Lumière, George Méliès y Charles Pathé. Fue director, técnico de iluminación y de fotografía, especialista en trucajes y revelado, y trabajó incansablemente en nuevos descubrimientos técnicos y efectos especiales que luego aplicaba a sus películas.
A caballo entre su base en Barcelona y sus trabajos en la productora francesa Pathé y la italiana Itala Film, el número de los cortometrajes y las películas en que metió mano, de una u otra forma, es enorme.
Rodando en Marruecos contrajo una enfermedad que acabó con él en París, en 1929 (nueve años antes que Méliès), sin darle tiempo a ver la siguiente revolución de su mundo: el cine sonoro.
Y ahora, en la era de Internet, podemos ver algunas de sus películas gracias a los muchos canales de la red. Ahí van algunos títulos interesantes: El hada primavera, El hotel eléctrico, algunos cuentos de Calleja, Los héroes del Sitio de ZaragozaSatán se divierte, Excursion dans la lune, o Cabiria.
 Segundo de Chomón



lunes, 17 de junio de 2013

Santa Eulalia (Comunidad de Teruel)

Pobre cría
Santa Eulalia es un pueblo "grande" para lo que es la tónica general de la provincia de Teruel. Dispone de todo tipo de servicios, incluidos varios bancos y/o cajas de ahorros, algo lógico pues concentra gran actividad agrícola e industrial, y está cerca de la capital. Como patrimonio, personalmente puedo destacar: alguna que otra casona, y la Iglesia de la Inmaculada, en cuya construcción intervino Pierres Vedel (el mismo que hizo el acueducto de Teruel y la Mina en Daroca, entre otras cosas), un señor francés que era arquitecto e ingeniero, y que le dio por trabajar en el sur de Aragón allá por el siglo XVI.
Y hete aquí que leyendo el panel informativo de la iglesia (soy gran lector de este tipo de carteles, por la parte que me toca), hete aquí, repito, me encuentro con un episodio de la vida de Santa Eulalia. Un episodio macarra, tirando a gore, que me impresionó bastante. Así que quise saber más acerca de la santa que le dio el nombre al pueblo, y me encontré con un relato espeluznante que pienso compartir, así que ahí va:
Eulalia era una niña cristiana que nació y vivió allá por el siglo III en España, y que a los trece añicos no se le ocurrió ora cosa que fugarse de casa e ir a ver a Daciano, gobernador romano, a echarle en cara las persecuciones contra los cristianos y a decirle que parara de una vez por todas. Éste no sólo le dijo que no, sino que más le valía abjurar de su fe cristiana o se iba a enterar de lo que valía un peine (que ya había peines en esa época). La niña lo debió mandar a cascala y Daciano, lógicamente cabreado pues para eso era el gobernador, la condenó a trece martirios, tantos como los años que tenía. Y vaya si se los aplicó:
1.-Primero la encerraron en una oscura cárcel.
2.-Luego le dieron una buena somanta de azotes.
3.-La pasaron por el potro de tortura.
4.-Aprovecharon para desgarrarle la carne con garfios, estilo Hellraiser.
5.-La pusieron sobre un brasero ardiendo.
6.-Le quemaron los pechos.
7.-Le frotaron las heridas (que a estas alturas ya debían ser muchas) con piedra tosca.
8.-Insistiendo en el tema, sobre dichas heridas le echaron aceite hirviendo y plomo fundido.
9.-La arrojaron a una fosa de cal viva.
10.-La metieron en un tonel lleno de objetos punzantes varios (clavos, hierros afilados, cristales...) y lo tiraron rodando por una calle cuesta abajo.
11.-Fue encerrada en un corral lleno de pulgas.
12.-La pasearon desnuda por la calle hasta el cadalso, donde...
13.-Fue crucificada hasta morir (eso si no llevaba ya rato muerta).
Como queriendo suavizar un poco el final de esta historia, la tradición cristiana dice que en su último suspiro le salió por la boca una paloma blanca (ya, lo que le faltaba), que alzó su vuelo hacia el Reino del Señor.
Y esta es la historia/leyenda de la chiqueta, digna de guión para una película de terror, sangre y vísceras. Y menos mal que Santa Eulalia tenía trece años, que si llega a ponerse chula con 30 ó 40, a Daciano le hubiera hecho falta muchísima imaginación para aplicarle la sarta de castigos.



jueves, 16 de mayo de 2013

Torremocha de Jiloca (Comunidad de Teruel)

Subida al Pico Palomera
Siguiendo las indicaciones que nos dio un vecino del pueblo, enfilamos la pista que se dirige a los pies de la Sierra Palomera. Al poco nos apareció, a la izquierda y en un agujero, un circuito de karts en plena ebullición competitiva. Y a continuación, un aeropuerto (pequeño, eso sí, como para vuelos ligeros y paramotores). Nos preguntamos quién (y cuándo) había "escondido" esas cosas ahí... lo que estaba claro es que la mañana comenzaba con sorpresas.
La larga pista atraviesa todo el llano y acaba en la ermita de la Virgen del Castillo, lugar de esparcimiento y punto de reunión de los vecinos de Aguatón, Torrelacárcel y Torremocha de Jiloca. El entorno está acondicionado con una construcción de obra para hacer brasa, mesas de merendero, y fuente, por si queremos coger agua (cosa recomendable). Más o menos aquí dejamos el coche y, chino chano, tiramos por la pista.
Un primer cruce a escasos metros de la ermita nos señala una PR hacia una tejería. Ese es el camino que NO debemos tomar; hay que seguir por el ramal derecho de la pista, en dirección a nuestro objetivo.
Pasados unos corrales ya medio derrumbados, un cartel nos advierte de que la pista se corta, para vehículos, unos 200 metros más adelante. Pero es de broma: a la que llegamos a la sirga que impide el paso de vehículos no autorizados llevamos andados ya un par de kilómetros, más o menos. Así que si os queréis ahorrar este primer paseo, con un coche medio bueno podéis hacerlo, pues la pista está en buenas condiciones.
Unos 4 ó 5 metros más adelante de donde se "corta" la pista, un poste señalizando una PR nos indica que debemos abandonar ésta y comenzar la subida.
La senda sigue las trazas de una barranquera, entre carrascas y quejigos. Comienza con una suave pendiente, continúa con una pendiente algo mayor y, al final, un repecho de fuerte pendiente nos coloca en el collado de la Cruz (la pendiente no nos la quita nadie). Aquí tiramos a la izquierda, ya con una subida más llevadera, hasta llegar al collado de los Picachos, llamado así por los farallones rocosos que ya nos van dando un avance de lo que nos encontraremos al final del camino. Desde aquí, ya vemos el vértice geodésico del pico, así que sólo hay que dirigirse hacia él por el sendero que llanea por la parte de la ladera que queda a nuestra derecha, hasta llegar a los últimos escarpes rocosos que, tirando por donde podamos, nos llevan a la cima: al Pico Palomera. Desde que arrancamos en el poste que nos sacaba de la pista apenas han transcurrido tres cuartos de hora.
Allí arriba, a 1.533 m. de altitud y con el buen día que nos salió. las vistas son impresionantes: por un lado, los campos de Visiedo; por otro, toda la llanura del Jiloca con la Sierra de Bronchales y el Tremedal al fondo, enlazando con la Sierra de Albarracín... y es que ancho es Teruel. Ni Castilla ni nada.
Entre los dos vértices geodésicos, el estándar y otro enorme, con sol y buen tiempo, no podemos sino sentarnos a contemplar esta tierra, cuyos campos de cultivo despliegan una gama cromática impresionante, a jugar a adivinar la gran cantidad de pueblos que se divisan desde aquí, la mayoría junto a la autovía nueva y la carretera vieja, a ver correr la sombra que proyecta alguna nube por las laderas del resto de los montes de la sierra, algo más bajas...
Pero no podemos quedarnos aquí para siempre, lógicamente, y hay que empezar el descenso.
Un camino, por el collado de la derecha, nos bajaría rápidamente hasta una pista que, más adelante, enlaza con el punto en el que tomamos el desvío. Nosotros preferimos volver por donde vinimos, para contemplar un rato más el precioso paisaje.
La excursión nos ha dejado más que contentos y llegamos de nuevo a la ermita con una gran satisfacción, y con la idea de recomendar a todo el mundo este paseíco, apto para los niños, que a buen seguro lo disfrutarán enormemente.
Y así, cada vez que volvamos a circular por la única autovía de España sin áreas de descanso ni gasolineras, señalaremos con el dedo el Pico Palomera y diremos: "Ahí hemos estado".





martes, 19 de febrero de 2013

Teruel (Comunidad de Teruel)

Las torres de San Martín y El Salvador
Hace no mucho hubo una temporada televisiva en la que el mudéjar de Teruel (provincia) acaparó bastante espacio, tanto en la cadena autonómica como en las otras nacionales (aunque en menor medida, claro). Se trataba de promocionar esta arquitectura tan presente en este territorio y de la que (al menos yo) los turolenses estamos tan orgullosos.
Así que, aprovechando que hace poco ha sido la representación de los Amantes, que no existe sólo esa historia de enamorados en Teruel, y que aún me queda alguna que otra historia/leyenda en el tintero, intentaré poner mi pequeño azulejo a la difusión de este patrimonio contando lo que se dice sobre la construcción de las torres de San Martín y El Salvador, un par de lugares de obligada visita.
La historia (¿o la leyenda?) es ésta:
A finales del siglo XIII dos arquitectos mudéjares se enamoraron de la misma mujer. La pugna por ver quién se quedaba con ella se resolvió decidiendo que cada uno de ellos levantaría una torre, y la que resultase más perfecta y hermosa daría el triunfo a su constructor, que desposaría a la pretendida.
El alarife de El Salvador comenzó haciendo trampa: compró a uno de los moros que trabajaba para el de San Martín, de tal forma que siempre podría añadir alguna mejora a los planos copiados.
De esta forma, las torres terminadas se parecían tanto que fue imposible para los jueces decidir cuál era la más hermosa. Ante esta indecisión la pretendida, que ya tenía hecha su elección, se encerró con el arquitecto de San Martín en la torre.
Finalmente, y tras muchas cavilaciones, los jueces otorgaron la victoria al arquitecto de El Salvador. Pero los enamorados no cedieron y, antes que separarse en vida, decidieron estar juntos para siempre; se arrojaron desde la torre de San Martín, muriendo ambos al pie de ésta.

 

lunes, 14 de enero de 2013

Torrelacárcel (Comunidad de Teruel)

Agipe
Tras un intento fallido de subir al Pico Palomera, y del que tal vez escriba en otro momento, nos plantamos en Torrelacárcel, pueblo que debe su nombre a una torre situada junto a la iglesia parroquial, y que en tiempos realizó las funciones de cárcel.
Llegamos a una de esas horas importantes en el día a día de los pueblos pequeños: cuando el panadero, tras recorrer rápidamente el pueblo a base de bocinazos, abre las puertas de su furgoneta para congregar en ese punto a gran parte de los habitantes, mayoritariamente mujeres, que no tardan en empezar a ponerse al día.
Tras las indicaciones de una señora, tomamos una pista rumbo a Sierra Palomera y, pasada la caseta del Charco (que es para verla), dimos con el agipe.
Nunca había oído esta palabra, y quiero pensar que se trata de un localismo de esta zona para referirse a lo que comúnmente se conoce como "aljibe", es decir, un lugar donde se almacena agua de lluvia o de corrientes subterráneas para un posterior uso. En este caso, y dada su ubicación, todo parece indicar que la finalidad principal de este aljibe era (es) su uso agrario.
El caso es que me encantó este desconocido vocablo, lo eché al morral de palabras y expresiones aragonesas, y nos fuimos a Calamocha a por un jamón.



martes, 20 de noviembre de 2012

Cervera del Rincón (Comunidad de Teruel)

Más lugares fabulosos
Otro de los lugares "imaginarios" que alimentaron en algún momento mi infancia es Cervera del Rincón. De él oí historias de parrinos que acudían aquí para fiestas, a hacer baile. Parrinos que al día siguiente, con el handicap correspondiente, tenían que volver a los animales y a los campos.
La airera que nos llevaba acompañando toda la mañana amainó bastante cuando llegamos a Cervera, y un agradable sol nos permitió una placentera vuelta por este pequeño pueblo casi perdido al pie de un extremo de la Sierra de San Just, y a más de 1.200 m. de altitud.
El paseo, lógicamente, no fue muy largo, pero aún así nos dio tiempo a saludar a tres de los escasos 20 habitantes que debe tener el pueblo, brazo en alto y "buenos días" con sonrisa por ambas partes. Admiramos el frontispicio de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, según reza en la inscripción latina de la puerta de entrada, y vimos la torre medieval y algún que otro peirón.
Hasta hace relativamente poco, Cervera del Rincón era uno de esos pueblos perdidos de final de carretera. Ahora, ya no.
Nos despedimos de él agitando el brazo desde la ventanilla y tomamos la "nueva" pista asfaltada que ns fue descubriendo bellos e insospechados rincones hasta enlazar con el Chorredero y conducirnos, finalmente, a Las Parras de Martín.

Dedicado a mi padre, in memoriam. Un excelente narrador de anécdotas. Y parrino.




lunes, 29 de octubre de 2012

Celadas (Comunidad de Teruel)

Ayuntamiento, iglesia y fuente
Llegamos a este pueblo con nombre de pieza de armadura con el objeto de aprovechar las últimas horas de luz de un buen día de febrero, y el tranquilo paseo por sus calles me sorprendió mostrándome unas casas (y casonas) en las que la piedra predominaba en todas sus construcciones.
En lo que fue un castillo-palacio del s.XIV ahora se erige una mole de líneas rectas que alberga el Ayuntamiento, y que tal vez por seguir conservando el espíritu de anteriores tiempos actualmente está catalogado como Bien de Interés Cultural.
De la iglesia, similar a otras de la provincia, lo que me llamó la atención fue el pasaje en uno de los laterales que la comunica (o parece haber comunicación) con el Hogar del jubilado. No sé cómo interpretar esto: si como una rareza constructiva original o si como que en tiempos fuera la "casa del cura" y el pasaje le permitiera ir al trabajo sin pisar la calle. El caso es que este tipo de uniones religioso-civiles no se ven a menudo.
Antes de irnos, aún fuimos a ver la Fuente Vieja, una serie de canalizaciones para el aprovechamiento del agua que en 1850 construyó Pierres Vedel, el mismo que hizo el acueducto de Teruel. Aunque un poco dejada (había vasos y bolsas de plástico en el agua, y mucho "pan de rana"), mereció la pena ver este conjunto de fuentes, canales y abrevaderos.






martes, 8 de mayo de 2012

Alfambra (Comunidad de Teruel)

La Roja
Estando situado en el valle del Alfambra, junto al río Alfambra, no es de extrañar que a este pueblo los árabes lo llamaran Alfambra*, que significa "La Roja", debido al color rojizo intenso de las tierras de alrededor. Y si juntamos el río Alfambra (río "rojo") con el Guadalaviar (al que los musulmanes llamaron "río blanco") a la entrada de Teruel, de esta mezcla de colores obtenemos el río Turia (ya de color "normal").
En esta villa se fundó la Orden del Monte Gaudio, a quienes se la donó Alfonso II el Casto en 1174; luego pasó a manos de la Orden de San Juan de Jerusalén y hoy día podemos admirar en su casco urbano alguna casa modernista y el trazado de una línea ferroviaria que se está convirtiendo, poco a poco, en una Vía Verde.
A lo que vamos: nada más aparcar en Alfambra, lo primero que hay que hacer es salir de allí... y subir al cerro rojo que abraza la localidad. El inicio del camino se intuye, y la subida es ya una ancha pista con una parada intermedia antes de llegar arriba del todo: los interesantes restos de una iglesia medieval, que surgen del suelo al que se aferran duramente para que el fuerte viento, cuando llega y sopla, no se lleve al olvido esta Iglesia Alta. Más arriba, es decir, arriba del todo, queda la casi nada de un castillo fortaleza que, por su valor estratégico, amontona un gran curriculum de batallas y ocupaciones desde el siglo XII. De lo que fue, sólo queda un cristo que alguien puso allí en los años 50 del siglo pasado, a falta de alguna idea mejor. Otro cristo, como el de Muniesa, el de Graus... e incluso en Río de Janeiro llegaron a poner otro (lo siento, no soy muy amigo de estas cosas y sigo prefiriendo los restos de una muralla). Tanto desde el cristo como desde la iglesia medieval hay una vista perfecta de la estructura del casco urbano de Alfambra, y cualquiera de ambos puntos es un buen inicio de ruta para (ahora sí) bajar al pueblo y callejear a nuestro aire. Que, por cierto, bien que soplaba la última vez que estuvimos.
Aquí debería acabar mi reseña de Alfambra, pero no va a ser así porque, indagando un poco sobre la localidad (al igual que hago casi siempre con los demás pueblos), me encontré con algo que no me encontré estando allí. Resulta que aquí está el único reloj analemático de Aragón, que es uno de los más grandes de España, y en el que la figura del gnomon se escribe en primera persona. Así que una de dos: o esperáis a que vuelva a Alfambra y os cuente mi aventura "analemática", o vais corriendo a la wikipedia a ver qué rayos significan estas palabrotas. Queda dicho.

(*) Chiste fácil basado en unas líneas de Rafael Andolz.
 




lunes, 6 de febrero de 2012

Almohaja (Comunidad de Teruel)

Madoz
Si tuviera que elegir un nombre de pueblo bonito turolense, posiblemente me quedaría con éste: Almohaja. Lo tiene todo: no está formado por varias palabras, su pronunciación es suave, evoca a tiempos de árabes, y lleva una "h"intercalada.
Aprovechando esta localidad de tan bello nombre, permitidme que os hable de un hombre que no es turolense; ni siquiera aragonés: Madoz. Pascual Madoz Ibáñez.
D. Pascual Madoz Ibáñez fue un señor que nació en Pamplona en 1806, estudió en los escolapios de Barbastro y en Zaragoza, se dedicó a la política y, por caprichos del destino, acabó muriendo en Génova en 1870. Hasta ahí, todo normal.
Este hombre hizo muchas cosas, pero la que más nos interesa es una concreta: la elaboración de un "Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar", aunque es más conocido como "el Madoz", a secas.Se trata de una especie de enciclopedia que recoge los datos de TODOS y cada uno de los pueblos y ciudades de "España y sus posesiones...". Una labor de muchísima paciencia tanto de coordinación de la recopilación de datos como de la ordenación de los mismos, y cuyo resultado es una obra de arte que hay que saborear poco a poco y con añoranza cuando leemos cómo era nuestro pueblo en 1850.
Y así era Almohaja hace casi 200 años...
ALMOAJA: l. con ayunt. de la prov. y adm. de rent. de Teruel (6 leg.), pert. jud. de Albarracin (4), aud. terr., c. g. y dióc. de Zaragoza (21), SIT en parage montuoso, aunque no de sierras elevadas, combatido mas particularmente por los vientos del N. y S. que hacen su CLIMA frio y bastante sano, sin que por lo general se padezcan otras enfermedades, que algunas tercianas producidas por la humedad que exhala una balsa que se halla debajo de la pobl. Ésta la forman 30 CASAS, distribuidas en varias calles; una muy regular para el ayunt., y la cárcel que se halla en la misma: hay escuela de primeras letras, á la que concurren 10 niños; y una igl. aneja de la parr. de Peracense, bajo la advocación de Ntra. Sra. del Rosario, servida por un coadjutor, junto á la cual está el cementerio. El TÉRM. confina por el N. con el de Peracense (3/4 de leg.), por el E. con el de Pozondo (1), por el S. con el de Alba (1 1/2), y por el O. con el de Rodenas (1): dentro de su circunferencia se encuentran varias fuentes, de cuyas aguas se surten los vec., y una ermita dedicada á Maria Santísima de la Rosa. El TERRENO es montuoso y de secano: la parte que se cultiva será de unas 780 fanegadas, de las cuales 80 quedan generalmente sin cultivar; hay 270 de monte blanco y 280 de carrascal, en el que tambien se crian malezas de estepas, aliagas y otros arbustos: de este monte se surte el vecindario de leña, para sus hogares; pero no sirve para madera de construccion: ningun r. ni arroyo corre por él, pero si hay varias fuentes, como se ha dicho, y un manantial llamado el caño que sirve para abrevadero de bestias y ganados, y para dar impulso á las ruedas de un molino harinero de una sola piedra, aunque no puede ser contínuo su movimiento, porque las aguas á que debe este beneficio, no son muy abundantes; no hay tampoco arbolados de otra clase, pero si buenas yerbas de pasto. Los CAMINOS son locales y de herradura; por lo regular se encuentran en buen estado, aunque alguno hay muy malo. El CORREO se recibe de Calamocha por medio de una hijuela que llega á Villar del Salz, donde va á buscarse los lunes y jueves, y se lleva los martes y viernes. PROD.: trigo puro, morcacho, cebada, avena y lentejas, y cria ganado lanar, cabrio y abundante caza de perdices, liebres, conejos y algunos venados y corzos. POBL. 30 vec.: 190 alm. CONTR.: 4,373 rs. 7 mrs.
Curioso a la vez que bonito e interesante, ¿no?. Pues así con todos y cada uno de los pueblos y pedanías de nuestra gran provincia. Bueno, y de Aragón, y de España, y de ultramar, aunque de estos dos últimos no he leído nada (falta de interés, supongo).
Paramos en Almohaja a ver un castillo que no vimos. Dejamos el coche junto a la iglesia: un robusto edificio en piedra roja que, a pesar del tiempo vivido, mantiene su pose altiva, orgullosa y vigilante. Tal vez protectora, aliada con el castillo que aguarda una visita, de un pueblo por el que dimos una pequeña vuelta en la que sólo vimos un perro.
Caía la tarde y la climatología parecía venir de un humor de perros, por lo que arrancamos en dirección a la capital. Almohaja se fue haciendo cada vez más pequeño en el espejo retrovisor... y dejó de verse.
Nota: ¿Os habéis fijado que en 1850 Almohaja no llevaba en el nombre esa preciosa "h" intercalada?



lunes, 16 de mayo de 2011

Alba (Comunidad de Teruel)

Historia de dos autovías
Corría el año del Señor de 2009 cuando, tras tiempos de reivindicaciones, accidentes, obras, protestas sin fundamento, obras para apañar las obras, más protestas (con y sin fundamento), obras para apañar las apañadas obras, y varias inauguraciones (totales y parciales), los usuarios parecieron dar por buena la autovía que unía, por fin, Zaragoza con Teruel. ¡Qué digo Zaragoza con Teruel! ¡Unía Nueno, en la provincia de Huesca, con Sagunto, en la provincia de Valencia!.
Atrás quedaban las largas colas en la senda de los elefantes, las cerradas curvas, los pasos por cascos urbanos y el triste recurso de intentar atajar yendo por la carretera de Utrillas. Por fin las tres provincias de Aragón quedaron unidas por una carretera de alta velocidad y dos carriles (por cada lado).
Pero esto, que tanto ha costado, al fin y al cabo no es ninguna novedad.
Cuando corría el año 0 (más o menos, que todavía no había ningún "Señor"), ya circulaban carros, caballos y peatones en forma de legiones por una autovía que, pareja a la que se haría unos dos mil años después, unía el puerto romano de Saguntum con la próspera Caesaraugusta.
A mitad de camino, ambas vías/autovías han cogido en medio a Alba del Campo (o Alba, a secas, como aparece oficialmente en algunos sitios).
Quedando hoy día un poco al margen de la autovía, en la época romana debió ser un centro logístico bastante importante, y así continuó siéndolo durante bastantes siglos pues en el s. XIII se edificó un castillo, en un primer momento para controlar la "autovía" romana y, más tarde, como baluarte defensivo en una posible guerra con Castilla.
Y, sin embargo, y esto ya son tontadas mías, lo que más me sorprendió de Alba es que fue el único pueblo de la redolada donde pudimos comer algo. Resulta que estábamos visitando el castillo de Peracense (otra vez), un pueblo casi sin bar, y de allí nos mandaron a Alba porque en Almohaja tampoco habría nada. El caso es que en Alba, casi perdidos tras un corto recorrido por lo que me pareció un extenso pueblo, acabamos preguntando a un hombre que a todas caras volvía del campo. El abuelo arrojó la ligona y, en un intento de sujetarse los pantalones por el cinto, corrió a ver en qué podía ayudar a estos pobres forasteros. Así que se nos acercó y nos dio toda la información y más que necesitábamos, acompañándonos casi hasta la puerta del bar. "Demanden a María", añadió finalmente. Y, efectivamente, demandamos a María y María nos dio de comer.
Así que a él, y a todos los que día a día hacen vida bajo lo poco que queda de un impresionante castillo, va dedicada esta historia.

Nota: Ya solo falta unir Teruel con Cuenca. Y poner estaciones de servicio en la autovía.


lunes, 25 de abril de 2011

Son del Puerto (Comunidad de Teruel)

Imaginado lugar real
Al igual que en la literatura artúrica aparece el reino de Avalon, Asgard en la mitología nórdica o las célebres crónicas de Cthulhu surgieron de la inquietante mente de H.P. Lovecraft, creo que en mi subconsciente siempre ha estado latente un lugar legendario, rodeado de un aura de misterio. Este lugar, perdido en el Teruel profundo, tiene un nombre: Son del Puerto.
Mi padre era de Las Parras y en algunas ocasiones comentaba que, de joven, iba a Son del Puerto andando o en burro (el transporte público estaba un poco mal, en aquél entonces), bien a por vino, o a fiestas, o a por simiente de algo, o a algún huerto... no sé; el caso es que recuerdo que, en más de una ocasión en la que estábamos por el Chorredero, decía: "Tirando por aquí arriba llegas hasta Son del Puerto", y luego siempre añadía alguna coletilla de algo de allí.
Y yo, que aquella zona me la conocía ya bastante bien, frente al paredón de parideras, dejaba volar mi imaginación pensando cosas como: "Tras atravesar estas corralizas y estas cuevas, oscuras salvo una que tiene entrada de sol, con sus estalactitas y sus estalagmitas, algunas habitadas por familias de murciélagos y otras tan sólo llenas de cagadas de ovejas, se llega a un prado verde y luminoso, con un tranquilo río discurriendo apaciblemente sin saber que, poco más abajo, va a caer en ruidosa cascada; y, más allá, pasada esta Tierra Media, está Son del Puerto...".
Nunca llegué hasta allí.
El tiempo fue implacable con Las Parras y, en mi cabeza, posiblemente Son del Puerto corriera igual o peor suerte. Pero fueron pasando los años, y fueron cambiando algunas cosas; en Las Parras se volvieron a levantar casas caídas y se construyeron otras nuevas, se arreglaron algunas calles... y volví a acordarme de Son del Puerto, y deseé que en este imaginario lugar mío hubiese pasado algo parecido, que si algún día llegaba a ir allí, no me encontrara con cuatro casas en ruinas.
Pues bien, he estado en Son del Puerto, allá donde la solitaria carretera acaba en el barranco del Cubo, y no he encontrado casas en ruinas. Por el contrario, he visto casas y cosas arregladas, un anciano caminando poor la calle, un coche, un cartel informativo de cosas que hacer por la zona, un buzón de correos... un pueblo vivo, en fin.
Había merecido la pena desviarnos de nuestra ruta original pues había visto un sueño cumplido.
Y así, con pena y gloria abandonamos el lugar despidiéndonos de antiguas gentes prehistóricas, de íberos y de romanos que ahora yacían bajo nuestros pies tras haber levantado y consolidado en este territorio una legendaria población en la que, según cuentan algunas crónicas, nace el río Martín.

jueves, 31 de marzo de 2011

Rillo (Comunidad de Teruel)

Aire y viento
Rillo lleva recibiendo visitantes desde antes de la Edad de Bronce y, cuando le tocó recibirnos a nosotros, lo hizo soplando fuertemente un aire más bien fresco que, al fin y al cabo, es lo que corresponde a estas altitudes del oeste de la Sierra de San Just.
Pero no nos amedrentamos y, luchando contra el viento (que no contra la marea), subimos a la ermita de Santa Bárbara, desde donde pudimos contemplar una amplia y magnífica panorámica de la Sierra de Lidón, con el pueblo a nuestros pies.
El cielo estaba de un azul subido y las nubes, blancas, se desplazaban a gran velocidad sobre la ermita, de tal forma que, colocados junto a la puerta y con la vista puesta en lo alto, daba la sensación de que la fachada se te venía encima, provocando un mediovértigo.
Bajamos con el viento de espaldas y volvimos a probar esa sensación, entre vértigo y caída libre, frente a la portada barroca de la iglesia parroquial del siglo XVIII. El efecto fue mucho más impresionante.
Las blancas nubes querían ponerse grisáceas y la airera no cesaba, así que decidimos continuar camino... con viento fresco.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Camañas (Comunidad de Teruel)

Landmannalaugar
La carretera se empeñaba en que fuéramos directos a Camañas, pero el sol se puso en su contra: comenzaba a ocultarse y sus rayos de otoño daban de lleno en los Campos de Visiedo, cosechados haría un mes o dos.
El color de los tallos cortados se mezclaba con el rojo de la tierra, dando un anaranjado que contrastaba fieramente con el blanco que mostraba Sierra Palomera.
Intentamos seguir avanzando pero a unos pocos kilómetros tuvimos que detener de nuevo el coche. El sol había virado algo su color, y había seguido descendiendo, como a hurtadillas, volviendo a cambiar la macedonia de colores, ahora acompañadas por una serie de tonos rojizos, grises y marrones de las pequeñas barranqueras arcillosas.
Retomamos el viaje y tras una loma divisamos Camañas, pero tuvimos que bajar y apearnos de nuevo, pues al sol juguetón le dio por lanzar sus penúltimos rayos contra la extensa paramera, componiendo una nueva sinfonía de colores naranjas.
Al mismo tiempo comenzó a proyectar la sombra del Pico Palomera contra el casco urbano de Camañas, sombra que avanzaba lenta pero inmisericorde.
Sombra que cubriría el pueblo cuando llegara el tractor que, acabada la jornada por hoy, se dirigía al mismo sitio que nosotros. Años de pasar otoños, inviernos... veranos y primaveras trabajando el campo consiguen cálculos precisos sin necesidad de usar los números. Cálculos que harán que el tractor descanse a tiempo en su cochera justo cuando el sol, ya rendido por el día pasado, se haya ido a descansar, y la oscuridad y su compañero el frío de finales de septiembre se hayan apoderado de estas antiguas tierras donde moros y cristianos libraron cruentas batallas.
Llegamos a Camañas antes que el tractor, y para entonces ya sabía dónde había visto otro paisaje de tal belleza cromática. Salvando las distancias, el paisaje a que me refiero está en Islandia, y se llama Landmannalaugar.

Nota: "Landmannalaugar" significa "El bosque de Thor".