lunes, 25 de junio de 2012

Terriente (Sierra de Albarracín)

Mirando la Sierra
Paramos en Terriente durante una de nuestras incursiones por la Sierra de Albarracín. Pueblo serrano, pues, dimos breve vuelta por las calles que separan sus pocas casas, distribuidas rodeando la plaza principal, algunas de ellas con claras connotaciones del alto nivel adquisitivo de sus históricos propietarios. Recuerdo con especial intriga la ventana de una de ellas, con curiosas tallas de símbolo solar y flor de lis, una a cada lado.
Tanto el ayuntamiento como la iglesia parroquial dedicada al Salvador son del siglo XVI, aunque Terriente tiene más fama por los numerosos manantiales de la zona, como el del Algarbe (que unas veces aparece escrito con "b" y otras con "v"), a unos 6 km. del núcleo urbano.
Y, hablando de El Algarbe: parada obligatoria en el mirador, desde podremos contemplar el poderío de los bosques de la Sierra de Albarracín, sus campos, sus sabinares y algún que otro pueblo de la redolada.



viernes, 22 de junio de 2012

Castellote (Maestrazgo)

Villa templaria
Son tantas las cosas que podría contar de Castellote y sus numerosas pedanías que, la verdad, no sé por dónde empezar. De alguna de sus pedanías ya he escrito; de las otras, espero escribir más adelante. Y de Castellote... bueno, como acabo de decir, no sé cómo empezar. Y como no sé cómo empezar, empezaremos por el principio.
Al principio era la nada. Luego, los dinosaurios corretearon alegremente por estas tierras. Después, otros bichos; más tarde, a unos señores se les ocurre pintar por las paredes de los montes y, aún más tarde, en el año 1158 d.C., a alguien se le ocurre mencionar en un escrito que Castellote existe. Luego hubo guerras y paces y, finalmente, un polideportivo y un frontón.
A Castellote se puede llegar por dos carreteras: la que viene desde Bordón, y que pasa bordeando el pantano de Santolea (fundamental parar en uno -o en los dos- miradores, a sacar fotografías), y la que viene desde el Bajo Aragón por Mas de las Matas, y que se junta con la de Molinos y Seno antes de la entrada triunfal. Ésta es mi favorita pues, al aproximarte, lo único que ves es una enorme muralla rocosa que parece inaccesible, y que es por donde antes tenían que cruzar los habitantes de Castellote para salir de su pueblo por esta parte. Pero tranquilos, que antes de estamparon contra la Sierra de los Caballos, atinaréis con el túnel que hace ya años se horadó en la montaña para facilitar el tránsito entre localidades. Ya digo, una entrada de película con una luz al fondo que se va acercando, acercando... y que nos hace acabar en una despejada rotonda, eje vertebrador de las comunicaciones por carretera, pero también eje vertebrador del propio Castellote, que parece separar su parte histórica de la zona más moderna.
Hay muchas cosas que ver y hacer en Castellote, como la que ya hemos comentado de los miradores sobre la margen derecha del Guadalope en el embalse de Santolea (de lo que nos podemos encontrar por su margen izquierda ya hablaremos en su momento, que también es muy interesante). Y, como no sé como juntar todas las cosas en un relato seguido, pues voy a hacerlo por trozos. Así que ahí van:
a) Visita obligada a la ermita del Llovedor, situada a la entrada del túnel (considerando que la salida del mismo es la plaza del pueblo). Recomiendo llegar allí con el coche, por no pasar andando por el túnel, y luego acercarse a pie. Son cuatro pasos, y hay una zona recreativa.
Se trata de una bonita ermita del s. XVIII encajada en la ladera norte de la cresta del castillo, donde las aguas surgen como fuentes, componiendo un precioso cuadro en el que los musgos contribuyen a dispersar el líquido y cristalino elemento en forma de lluvia fina. No hay que perdérselo.

b) Excursión obligada por una parte de la historia de Castellote. El camino está perfectamente señalizado y sube hasta la parte más alta, hasta el castillo. Este castillo templario, estratégicamente situado sobre un cortado rocoso, ha sido parte implicada en todas las guerras que se han ido sucediendo desde la Reconquista. Aquí, las vistas panorámicas abarcan toda la entrada del Maestrazgo. A nuestros pies, la parte más antigua de Castellote, lo auténtico. Un poco más allá, la época moderna en forma de edificios nuevos, un hotel, unos "algo" que no sé lo que son y, más allá, todo. Merece la pena sentarse y relajarse, respirar, mirar, sentirse parte de la historia...
El paseo no acaba aquí. Por lo que sería la parte de atrás del castillo, el sendero continúa en descenso por la ladera trasera hasta llegar a un estrecho de altas paredes de roca digno de una película de Indiana Jones. Se trata del Acueducto de Las Lomas, una construcción que en tiempos canalizaba el agua que abastecía a la villa. Caminando por este paisaje fantástico llegamos a lo más de lo más: el Puente del Gigante, la parte del acueducto que cruza el estrecho de lado a lado a unos impresionantes 14 metros de altura.
Y ahora sí, continuando el camino, llegamos de nuevo al pueblo, finalizando así esta ruta circular.

c) Paseo obligado por el centro urbano, hoy día Conjunto Histórico-Artístico. Preparaos a subir y bajar cuestas, como corresponde a la orografía del terreno, y sobre todo, sobre todo, no se os ocurra hacer la visita en coche; esto es algo reservado a la gente que vive aquí el día a día, y a los repartidores asiduos. Sólo ellos pasan por estas estrechas calles sin partir los retrovisores, sólo ellos conocen los recovecos donde cruzarse con otro coche, sólo ellos conocen qué escaleras se pueden subir o bajar con el vehículo...
Bueno, a lo que vamos: a tirar cuesta arriba, agarrados a la baranda si hace falta (imaginaos, en invierno, subir o bajar sin estos apoyos, con las calles heladas...), hasta llegar a lo más alto: la iglesia de la Virgen del Agua, románica del siglo XII. A partir de aquí, vamos bajando hasta llegar a otra plaza, en la que se encuentra la iglesia gótica de San Miguel y el Torreón Templario, un edificio defensivo convertido hoy día en un Centro de Visitantes gracias a una excelente musealización (según la crítica) que nos introduce en la vida de la Orden del Temple en particular y en la historia de Castellote en general.
Ahora ya, el resto lo hace cada uno, y se trata de ir callejeando para encontrarse con un antiguo lavadero, el Ayuntamiento con su interesante lonja y, junto a él, un precioso abrevadero con una curiosa decoración a la que llaman "la dama de la sargantana". Durante el paseo, no hay que perder de vista las casonas por las que se pasa, algunas con unos interesantes aleros, y muchas, desgraciadamente, condenadas al derrumbe. En general, no son visitables, pero sólo lo que son los edificios en sí es algo que ya vale la pena.

d) Paradas gastronómicas voluntarias: en el hotel se come (y se cena) muy bien a precios asequibles, y en el bar de la rotonda hacen unos muy buenos bocatas para almorzar (eso sí, hay que esperar a que abran la panadería de enfrente). Y, para echar alguna cerveza (esto sí que es obligatorio, permitidme insistir en ello), id a La Bodega. Se pasa por la puerta a poco que se dé una vuelta por el pueblo, y se reconoce en seguida porque es la que tiene los periódicos y las revistas en la calle, y que a veces hay que recoger para que no los pise alguna ocasional furgoneta o pequeño camión que pase por la calle (porque pasan). Bueno, también se reconoce por el cartel de encima de la puerta, pero es menos romántico.
Un matrimonio mayor lleva la pequeña barra de este bar/tienda/kiosko y, a poco de coba que les deis, os podrán contar muchas historias. Hay que decirles también que os enseñen la bodega, abajo. Y que os hablen de ella, que les encanta. No habréis echado el rato (ni las cervezas) en vano.
Ah, y que no se os olvide en esta visita a Castellote parar cuenta de los montes de vez en cuando. No sería de extrañar que vierais alguna que otra cabra hispánica, tan habituadas ya a los humanos que están como locas por dejarse fotografiar.















martes, 12 de junio de 2012

La Cuba (Maestrazgo)

Pequeño, pero saleroso
La Cuba es un pequeño pueblo del Maestrazgo. Tan pequeño que en sus escasos 6,5 km2 casi no hay sitio para pastos ni para agricultura, así que sus gentes comenzaron a trabajar el esparto hace años.
A La Cuba se accede por tierras de Teruel, pero también por tierras valencianas, en las que se hunde la cuña de su forma al este de nuestra provincia. Por meterlo en un ranking de esos que tanto nos gustan, La Cuba es el lugar más bajo de la Comarca, a 882 m. de altitud, que no está nada mal. Y es que el Maestrazgo es así.
Pueblo templario, en sus orígenes se llamó "El Valle del Oro" y, con respecto a su cambio de nombre, hay dos versiones:
* Una se remonta a los escritos del monje Fray Juan Moles, y viene a decir que, hace mucho tiempo, se cometió un robo en el pueblo, escondiéndose los ladrones en el cubo del diezmo, donde los pillaron. Así, los llamaron "los de la cuba" y, por extensión, al final fueron todos de La Cuba.
* La otra versión habla de una guerra en la que mandaron llamar a las gentes del Valle del Oro a luchar. Estos no debían estar muy por la labor; algunos huyeron y otros se escondieron en las cubas de los diezmos. Cuando, tras registrar el pueblo, los encontraron, se los llevaron presos. Pero ya se quedó el nombre de "la cuba".
Como ya hemos dicho, el pueblo es bastante pequeño, y sus pocas casas se agrupan en torno a la iglesia del siglo XVIII. De su calle principal, la más larga, parten otras mucho más cortas y mucho menos empinadas que en otros pueblos del Maestrazgo. Esta calle pasa por el ayuntamiento, situado sobre una lonja en la que hay una vieja cabina de teléfonos y alguien a quien saludar. Abunda el nombre de Ulpiano González Medina, de quien he sabido que Franco lo nombró Gobernador Civil de la provincia de Teruel, cargo que desempeñó entre 1969 y 1972. Lo que no he encontrado es qué relación "directa" tenía este hombre con La Cuba.
Y ya para rematar la fiesta, y nunca mejor dicho, que a nadie le asombre encontrarse por estas latitudes la calle "Manolo Escobar". Este gran cantante actuó aquí para las fiestas de agosto de 1978, y la gente se lo debió pasar tan bien que le nombraron hijo adoptivo de La Cuba y le pusieron su nombre a una calle. Sí, señor.





miércoles, 30 de mayo de 2012

Los Alagones (Maestrazgo)

El Morrón
El pequeño núcleo de Los Alagones, que en 2008 contaba con tan sólo 6 habitantes, es un modesto barrio de Castellote. Aún así, hay algo que no pasa inadvertido a todo aquél que circula por su carretera: la impresionante a la par que curiosa mole rosácea de El Morrón.
A este original fenómeno de la naturaleza, curtido por siglos de erosión, se llega pronto y fácilmente dejando el vehículo a un lado de la carretera.
Imprescindible la foto con El Morrón y un tranquilo vistazo a la panorámica que se divisa en dirección al pantano de Santolea.


Mazaleón (Matarraña)

Echando la mañana
Poéticamente, los árabes lo llamaron manzil ayun ó manzal al'ayun, que significa "parador de fuentes". Los reconquistadores, algo más brutos, no se partieron mucho la cabeza y, como echaron a los moros luchando con mazas y peleando como leones, pues le pusieron Mazaleón como nombre al pueblo. Y así, el blasón de su escudo es un león blandiendo una maza.
El río Matarraña baja tranquilo por estos lares, sobre un curioso cauce rocoso y generalmente con poca agua, aunque sí la suficiente como para abastecer la huerta antes de juntarse con el Ebro en tierras zaragozanas. Sus aguas discurren entre dos colinas: sobre la de la margen izquierda se asienta el casco urbano de Mazaleón; en lo alto de la de la margen derecha se adivina una ermita.
Para visitar Mazaleón, recomiendo dejar el coche a la entrada de la población (al lado del río es un buen lugar pues luego habrá que pasar por ahí). Más que nada porque en estos pueblos pequeños, como no seas de aquí y te lo conozcas más que bien, si te metes puedes acabar encajado en alguna calle estrecha. Por eso, y porque los pueblos hay que verlos andando por sus calles, tocando sus paredes, bebiendo de sus fuentes, hablando con la gente...
Comenzaremos por el peñasco de la margen izquierda, donde una calle empedrada nos sube hasta la plaza del ayuntamiento, en la que aún puede verse parte de la roca donde se asientan los cimientos de la localidad. En la arcada bajo el ayuntamiento se encuentra la cárcel medieval, muy particular porque conserva cepos y algún potro de la época. Pero lo que realmente la hace singular es la colección de grafitis que, en las paredes, hicieron los reos que pasaron por estas dependencias. Visitarla es casi obligatorio; hacerlo no es fácil: en la cerrada puerta no hay un triste papel (nada de información, vamos) con un teléfono o una dirección o un aviso de alguien a quien pedirle que nos deje entrar.
La ruta que propongo continúa recto y, tirando poco a poco hacia la derecha, entre casas de regio abolengo, la pendiente va subiendo hasta lo más alto de Mazaleón donde, entre flores, permanecen los restos de un antiguo castillo, en una plaza con un mirador al río Matarraña y a la otra colina, que luego habrá que subir.
Y, siguiendo el recorrido circular, pronto nos encontramos con la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, cuya fachada extraordinariamente preciosa y monumental es casi imposible sacar entera en una única fotografía (cuando se está allí, en seguida se ve por qué). Desde aquí, ya sólo queda bajar por una empinada cuesta hasta encontrarnos de nuevo con el ayuntamiento. Si necesitamos comprar algo, ahora es el momento pues la tienda que hay en el pasaje tiene de todo: pan, comida, bebida, zapatillas, navajas, cuadros, figuritas que cambian de color según el tiempo que va a hacer...
Volvemos al río Matarraña para situarnos de nuevo entre las dos colinas, bajo el mismo cielo en el que un día San Clemente deshizo milagrosamente un huracán que amenazaba con arrasar todo.
Tomando el camino empedrado subimos hasta la ermita de San Cristóbal a través de un calvario y, desde allí, contemplaremos cómo se distribuyen los edificios de Mazaleón por las laderas de su montaña. Ampliada y reformada en el siglo XVII, las piedras de la ermita rezuman historia; y, tanteando con cuidado, acaso encontremos dos muy especiales, que nos indican los años en los que las riadas se llevaron el puente.
En la parte de atrás de la ermita, y compartiendo nombre con ella, se encuentra al lado de un merendero un yacimiento íbero cuyo actual esqueleto debió ser un gran poblado, allá por los siglos VII y VI a.C.
Los orígenes de Mazaleón se pierden en el tiempo, así que si todavía os queda tiempo en esta mañana que tan bien habréis aprovechado, podéis ir a ver vertigios de pinturas rupestres, o acercaros a otro poblado íbero que hay un poco antes de llegar a Mazaleón, viniendo desde Valdeltormo o Calaceite: el de los Escodines. Eso sí, si ya se ha hecho la hora del vermú (o la de comer, si nos hemos entretenido a gusto)... la decisión es vuestra.