Bienvenidos al fin del mundoMe encantó Anadón. Tenía que soltarlo antes que nada.Anadón es otro buen candidato a los primeros puestos de la lista de nuestro Teruel profundo. Mal encajonado en la Comarca de Cuencas Mineras, Anadón pertenece a ese precioso y recóndito mundo de la Sierra de Fonfría, y sólo se llega de dos formas: o equivocándote en el cruce de Rudilla o porque sabes dónde vas.La única carretera que llega a Anadón es una laaaaaaarga cuesta abajo llena de curvas que, poco a poco, nos embelesaba con los cambios del paisaje en un día gris plomizo con amenaza de agua.Finalmente, nuestra compañera la carretera nos depositó suavemente en el pueblo. En pleno pueblo. Al lado de la enorme iglesia.Es un pueblo pequeño pero aparentemente acogedor en el que, como suele ser cada vez más habitual es nuestros pueblos pequeños, no nos encontramos a nadie en estos días de finales de otoño.La tarde cayendo, el bar cerrado, nadie por la calle... parecía como si Anadón se estuviera preparando para otro de los crudos inviernos de la sierra, proporcionando la sensación de hallarse en algún lugar lejos del mundo conocido, en algún lugar... del fin del mundo. 
A veces los bienes vuelven solosA pesar de ser primeros de septiembre caía un sol de justicia a mitad de tarde, cuando enfilamos la carretera A-224 que va de Híjar a Escatrón.Frente a nosotros se iba mostrando el valle que va abriendo el río Martín en su búsqueda del Ebro cuando, así de pronto, se comenzó a divisar un enorme edificio en la ladera de uno de los montes. Con el sol dándole de plano, todavía parecía mayor, como si fuera un gigante de piedra que vigilara que las aguas del río fluyeran sin problemas.Conforme íbamos avanzando, bajo esta magna construcción se empezaban a vislumbrar unos tejados, y bajo los tejados unas casitas, pequeñas en comparación con la Iglesia del Salvador.Llegamos a Samper de Calanda y lo primero fue asomarnos al mirador de la plaza de la iglesia; lo segundo, dar una vuelta a la par que protegernos del implacable sol con la frescura de la sombra de sus calles.En alguna de estas calles se pueden ver lo que se conoce como "Capillas Abiertas", y que son típicas del Bajo Aragón Histórico. Estas "Capillas Abiertas" son antiguas puertas de acceso a la población a las que en los siglos XVII y XVIII se les añadió una pequeña capilla con distintos santos a los que los vecinos de la villa se encomendaban para que les protegieran.Otra de las cosas que no faltan en Samper de Calanda son ermitas por sus alrededores, destacando la de Santa Quiteria, patrona del pueblo. A ella se puede llegar en coche, y es un excelente mirador no sólo del pueblo sino de la vega del Martín y, abrazándolo todo, la paramera y los montes de secano.No es de extrañar que hayan hecho a Santa Quiteria (a quien se le atribuyen sanaciones relacionadas con la rabia pues los perros siempre se calmaban en su presencia), patrona de Samper de Calanda, pues parece ser que no se quiere ir del pueblo. Dos veces la robaron y se la llevaron, y dos veces que volvió a casa.Esta historia es común en varios pueblos de Aragón, como la de la Virgen de Magallón, que está en Leciñena. Pero como esto es de la provincia de Zaragoza, que algún otro cuente la historia. Nosotros vamos a seguir con esta señora y los hechos que acontecieron en Samper, que tratan de perros, de pastores, de envidias... Hechos a los que algunos han bautizado como "La romería de los rabiosos":Cuenta la historia que a un pastorcillo de Samper le mordió un perro, contagiándole la rabia. Cuando el pobre pastor se dio cuenta del mal que padecía, se retiró al monte a esperar la muerte, mientras se encomendaba a Santa Quiteria.
Tal era su fervor, que la santa se apiadó de él y, apareciéndosele sobre una peña, al pie de la cual brota una fuente, curó al pastorcillo.
El milagro corrió por todas partes, y todas las personas afectadas por la rabia acudían a postrarse ante la imagen, con la esperanza de que Santa Quitera les sanase de su enfermedad. Y se produjeron muchas curaciones.
Pero he aquí que los del vecino pueblo de Híjar sintieron celos, llegando al punto de robar la imagen de la santa para colocarla en su ermita de San Blas. Sin embargo, a la mañana siguiente comprobaron con estupor que la imagen de Santa Quiteria no estaba; había regresado por sí misma a Samper.
Los de Híjar no se dieron por vencidos y pasado un tiempo volvieron a cometer el robo. Pero nuevamente se repitió el suceso de la vez anterior, y la santa regresó otra vez a Samper.
Como desagravio, todos los años los vecinos de Híjar van en romería a la ermita de Santa Quiteria, en Samper de Calanda.
Bueno, bueno... todo hay que decirlo, y es que esta romería no se hace por venganza de un acto de mala fe, sino que cada Lunes de Pascua Samper cede voluntariamente su soberanía a Híjar (esto es, el alcalde es el alcalde de Híjar) para que, aunque sólo sea por un día, los hijaranos puedan ostentar la propiedad de la imagen y, así, venerarla.He aquí una santa con un par. Que, aunque se le llevasen, siempre volvía a casa. Si pasara lo mismo con el resto de santos y con el resto de cosas, nos ahorraríamos un montón de burocracia. Eso sí, habría un gran caos de tráfico provincial, nacional e internacional durante una buena temporada.





Pero Gil
Hará ya un par de años estuvimos siguiendo la ruta del Guadalaviar, y paramos un poco en Villar del Cobo, bonito pueblo que (imagino) también debe su nombre a una familia, en este caso a los Fernández de Villar, y en cuya antigua casa se ubica en la actualidad el Ayuntamiento.Yo soy de los que creen que el Cid existió realmente (hay gente que está con la duda), y que fue un personaje histórico muy singular, un mercenario que igual daba espadazos a moros que a cristianos.Por el tiempo que estuvo por estas tierras turolenses, una de dos: o le gustaban mucho o es que aquí tenía mucho tajo. Yo me inclino por que fueran las dos cosas. El caso es que esta provincia se la pateó bien, y cuando digo "pateó" no me refiero sólo a que dejara un montón de historias/leyendas por donde pasaba, o su nombre en numerosos pueblos, sino que dejó sus huellas, literalmente, en las rocas de muchos lugares. En concreto, las de las patas de su caballo y las de los caballos de sus huestes.Una de esas huellas se puede ver en el Barranco Hondo, un cañón que hace el río Guadalaviar por Villar del Cobo, y la historia/leyenda asociada es ésta:El salto de Pero Gil
Pero Gil era un fiel escudero del Cid. En cierta ocasión fueron sorprendidos por un grupo numeroso de moros, hallándose ambos de pronto en un gran apuro. Para atraérselos y que no le sucediera nada al Cid, Pero Gil clavó espuelas y lanzó su caballo hacia el Barranco Hondo del Guadalaviar. Los perseguidores creían que Pero Gil habría de detenerse pues la profunda quebrada le cortaba el paso. Sin embargo, de un prodigioso salto, jinete y jumento volaron sobre el abismo y cayeron a la otra parte del desfiladero, con tal fuerza que quedaron grabados en la roca los cascos del animal.
Buen caballo, pardiez.
Marchando una de patatasUna de las veces que estuve en Alloza el cielo gris plomizo pesaba sobre esta tierra en tiempos poblada de almendros (de ahí su nombre árabe) y hoy sustituidos en gran parte por olivos.Estábamos por cuestiones de trabajo, y llegamos a la cita hora y media antes de lo previsto, así que bajo la amenaza de una tromba de agua dimos una vuelta por las calles del pueblo. No había nadie.Las calles estrechas nos subieron a la iglesia, con un formidable mirador desde el que se divisaba la Rambla y, allá a lo lejos, una ermita rodeada de cipreses. Seguíamos sin ver a nadie.Desde aquí sólo podíamos bajar, así que lo hicimos hacia el otro extremo del pueblo. Y, sin quererlo (casi) dimos con el bar.Y, claro, allí estaba todo el mundo. El bar (¿Gato negro puede que se llamara?) estaba perfectamente organizado: el grupo de al lado de la puerta, de charra con el camarero; el grupo de más al final de la barra, viendo en la tele uno de esos programas estúpidos de por las tardes; y, en la parte de arriba, mesas de gente (abuelos casi todos) jugando al guiñote.Así que nos echamos una caña y, como ya se nos había hecho la hora, hicimos lo que habíamos venido a hacer y, con las primeras gotas que precedían al chaparrón que se avecinaba, marchamos.Ahora viene lo bueno, que son esos chascarrillos que tanto me gustan y que quiero compartir acerca de Alloza. Uno me lo había contado uno de Andorra; los otros los he leído investigando un poco:- En los años 40 querían hacer en Alloza una central térmica que, finalmente, se hizo en Escatrón (¡cachis!).
- En la guerra civil decidieron juntarse los de un bando y los de otro para protegerse mutuamente según quién conquistara el pueblo (¡chapó!).
- En Alloza nació Joaquín Fernando Garay, ni más ni menos. Este hombre fue el que introdujo la patata en España, recibiendo por ello alguna distinción del rey Carlos IV. Pues eso, que sepáis que gracias a uno de Alloza podemos comer papas bravas, tortilla de patatas (los huevos ya los teníamos de antes), patatas rellenas de chorizo (los chorizos también los teníamos, y los seguimos teniendo), puré de patatas, patatas asadas, patatas fritas "El gallo rojo" (no me dan comisión), borrajas con patatas, papas con mojo picón...




A muchos metros bajo tierraEl primer recuerdo que tengo de haber subido a Escucha es en moto, con mi padre, a cobrar su nómina. En aquél entonces las nóminas de la mina se cobraban en metálico, en un sobre, y había que ir a por ellas si querías cobrar.Lógicamente, luego he estado en Escucha en infinidad de ocasiones: por estar al lado de Utrillas, por el trabajo en la pescadería, para fiestas... Escucha era un hervidero de gente, de bares con tapas... y, presidiéndolo todo, la central térmica siempre humeante bajo la cual había que pasar cada vez que entrabas o salías.Pero el tiempo trajo el cierre progresivo de las minas de la cuenca (y de las otras cuencas), y Escucha fue uno de los pueblos en los que más se cebó el infortunio. Aunque hayan hecho casas, obras nuevas y alguna cosa más, la verdad es que ahora Escucha, sin su humeante chimenea, ya no es ni la sombra de lo que fue. De hecho, hasta la nueva carretera le ha dado la espalda.Así que hubo que apostar por alguna alternativa, y como lo que ahora nos sobra por aquí son minas abandonadas, ¿por qué no convertirlas en un reclamo turístico?.Y así se hizo el Museo Minero de Escucha, unos cientos de metros de una de las galerías mineras adaptado al turismo y preparado con toda la parafernalia necesaria para que niños y no tan niños se lo pasen estupendamente: te visten, te ponen un casco, te pintan la cara... y te bajan a la mina. ¿Se puede pedir más para un sábado por la mañana, por ejemplo?.He visto en varias ocasiones las caras de la gente, cuando bajan y cuando salen, y se nota que se lo han pasado bien.Tal vez se haya dado con algo que pueda devolver a Escucha parte de lo que fue.Yo no he bajado. Es algo personal.Antes de iros de Escucha, es fundamental hacer dos cosas más por ahí:a) Subir, pasando el túnel, hasta el desvío de Valdeconejos; cruzar la carretera y tirar por el monte hasta el repetidor o hasta la zona de parapente. Se llega en coche por buena pista y las vistas, desde lo alto de San Just, de Utrillas, las Barriadas, Escucha, y Montalbán muy al fondo, son impresionantes.
b) Y la segunda cosa es, volviendo hacia Escucha y al poco de pasar el túnel de antes, coger un desvío que hay a la derecha y que, por la antigua carretera, nos lleva hasta la Fuente del Vaso. Es un agua buenísima, fresca, y la fuente ya lleva el vaso incorporado para beber a morro.
Nota: Pido disculpas porque cuando utilizo verbos como "subir" o "bajar" lo hago tomando como referencia a Utrillas. La costumbre.Dedicado al listo de mi padre, que una vez abajo en la mina quería volver andando a casa porque se sabía el camino por las galerías. Lógicamente, no le dejaron ni la guía ni mi madre. 


