jueves, 20 de febrero de 2014

Torre del Compte (Matarraña)

El pueblo de las puertas tabicadas... y una cárcel
Entre las orillas del río Matarraña y la antigua vía de tren que comunicaba Alcañiz con Tortosa (hoy reconvertida en Vía Verde) se encuentra la pequeña localidad de Torre del Compte.
Al parecer, su nombre proviene de "Torre de Cuentas" y no de "Torre del Conde", como podría suponerse en una primera impresión. Lo que no tengo claro es qué tipo de "cuentas" se llevaban a cabo: recaudaciones de impuestos, grano u otra producción agrícola o ganadera...
Como en otros muchos pueblos del Matarraña, el paisaje es típicamente mediterráneo. Esto, unido a lo bonito y tranquilo del pueblo en sí, ha hecho que algunos "artistas" europeos (sobre todo del norte) hayan acabado afincándose aquí.
Y es que un paseo por sus calles cargadas de historia, delimitadas por las fachadas renacentistas de sus numerosas casas señoriales, invita a un tranquilo paseo que bien puede empezar en la plaza, donde el tan fotografiado reloj de sol de la Casa Gran, aparte de darnos la hora, nos dice que lleva ahí desde 1701.
El recorrido por entre la arquitectura popular y las majestuosas "mansiones" solariegas nos mantienen atentos todo el rato, expectantes, a muchos de los detalles que esta localidad nos ofrece. Como el portal de San Roque, el único que queda en pie de aquellos que en tiempos medievales permitían el acceso a la villa. Sobre él, la clave del arco con el relieve del escudo de la localidad. ¡Cuántas gentes de cuántas épocas distintas habrán debido pasar bajo él...!.
O como las arcadas en piedra sillar, generalmente con un escudo tallado en la pieza principal, y que rodean protectores los robustos portones de acceso a las viviendas. Centrándonos en este tema, la última vez paré cuenta de una cosa curiosa: muchas de estas puertas talladas en piedra... estaban tabicadas. Bien por otras piezas "vulgares" con argamasa, bien con ladrillos... estas elegantes muestras de arquitectura dan acceso a... nada. Han abandonado su misión y han dejado de ver pasar gente bajo ellas, pasando a formar parte de un muro la mejor de las veces. Son muchas, y no me acaba de cuadrar la razón de tal cambio de oficio. Y es que pasa lo de siempre: ves una, te sorprendes, ves otra, dices "qué curioso", y a partir de ahí ya sólo te fijas en puertas que no dan a ningún sitio.
No os podéis perder, ya que estáis aquí, una visita a la cárcel medieval, situada en la lonja, en los bajos de un edificio anexo al ayuntamiento, e incluida dentro de La Ruta de las Cárceles del Matarraña, musealizada hace pocos años por la empresa ATTIS-desarrollo y multimedia, s.l., y visitable llamando al teléfono que pone en la vieja puerta de acceso. Este espacio carcelero se construyó en 1547, y consta de tres habitaciones comunicadas entre sí, siendo la primera la más grande, y el lugar donde el carcelero tenía su habitación, con el correspondiente agujero para vigilar a los presos, aunque dada la escasa o nula luz que llega, poco vería a no ser que tuviera una buena vela o lámpara. Los otros dos calabozos son muy pequeños, angostos, húmedos, fríos... y esto, unido a la oscuridad, da una sensación de agonía tal que en lo único que piensas es en salir de allí cuanto antes, a respirar y ver la luz.
Vamos, que vale la pena la experiencia.







lunes, 27 de enero de 2014

Fuentes Claras (Jiloca)

La cúpula verde
Volvíamos ya de una de estas incursiones de fin de semana por Teruel cuando, vista ya próxima la hora del vermú, pensamos parar en algún lado y hacerle los honores a tan respetable momento. No estaba decidido dónde, cuando el sol de mediodía se reflejó en una curiosa torre verde de un pueblo que nos quedaba, más adelante, a la izquierda. Así que, además de por la hora, nos metimos también por curiosidad en Fuentes Claras.
Hacía un buen día por estas antiguas tierras de guerras y conquistas, y apeteció un tranquilo paseo por este pueblo llano. Llano, pero sin olvidar que estamos a más de 900m. de altitud.
Siguiendo una ley no escrita, pero que suele dar resultado casi siempre, dejamos el coche a la entrada del pueblo (que, en este caso, coincide con la salida del pueblo) y comenzamos el paseo chino chano. Pueblo pequeño, tranquilo, de escasa población y con algún toque un poco moderno, como el Ayuntamiento, las calles enseguida nos llevaron a rodear la iglesia de San Pedro, gótico-renacentista del siglo XVI, edificada sobre las ruinas de un antiguo castillo-fortaleza a la que llaman "la ciudadela". Su remate verde fue el que nos trajo hasta aquí.
Y justo al acabar de darle la vuelta a San Pedro, aparece una magnífica terraza de bar, con su bar al lado (como es menester), y junto a un verde césped. Desde la mesa se oye un rumor de agua, posiblemente del Jiloca, que aquí cruza el pueblo en sus primeras andaduras por el territorio aragonés que le ve nacer.
La pérgola deja pasar un agradable sol y sombra... así que vermú, que a eso habíamos venido también.



lunes, 30 de diciembre de 2013

Orihuela del Tremedal (Sierra de Albarracín)

Naturaleza, patrimonio, historia y leyenda
Vayáis a Orihuela por donde vayáis, seguro que es atravesando extensos y densos pinares, principalmente de la variedad albar. Hoy día, la madera es uno de los recursos naturales de la localidad, acompañada (¡cómo no!) por la recolección de hongos y setas cuando es época.
Una primera panorámica del pueblo la podemos tener desde la gasolinera, antes de meternos en la plaza, que será un buen lugar para dejar el coche, nada más pasar el río Gallo, hábitat de la trucha común y solaz de pescadores.
Orihuela del Tremedal fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1972, y no es de extrañar pues basta con mirar alrededor para admirar las casas señoriales, comenzando por el propio Ayuntamiento y acabando con (perdón, "en") la mansión de los Franco Pérez de Liria, en cuya fachada se encuentra (y cito casi literalmente) "la mejor y más bonita reja de la Sierra de Albarracín".
Ya que fueron los caballeros del navarro Pedro Ruiz de Azagra quienes por estas tierras reconquistaron la taifa de Albarracín, es lógico que dejaran huella a su paso por aquí, y esa huella se traduce en el culto mariano de la Virgen del Tremedal y en la advocación de un santo riojano: San Millán de la Cogolla, al que se le unió el nombre del río Gallo (por alusiones) y la fuente del Gallo, a su vera.
Por las empinadas calles llegaremos, pues, a la iglesia parroquial de San Millán de la Cogolla, una enorme mole arquitectónica que resalta con creces sobre el resto del pueblo, y a cuya edificación le pega más ser una catedral que una iglesia. Si os la encontráis cerrada, como nosotros, habrá que conformarse con las vistas desde el excelente mirador que su ubicación ofrece, con leer (al que le apetezca) la lista de los "caídos por la patria" (tan extendida por los pueblos de Teruel) y, si paráis cuenta, veréis que en una piedra sillar de las que forman una esquina del edificio ha sido convenientemente tallada para que podamos saber la hora cuando no está nublado. Sí, es un reloj de sol.
Esta iglesia, declarada Monumento Nacional, parece ser que se construyó en tan sólo cinco años (entre 1770 y 1775) y, por si en Orihuela no tuvieran bastante con "la reja más bonita de la Comarca", y los "Ríos de Piedra más espectaculares del mundo" (luego os digo lo que son), la parroquial de San Millán es "la más hermosa del barroco de la provincia". Si es que no debemos tener abuela...
Fuera ya de este casco urbano de casi 600 habitantes, una carretera nos conduce por la hospedería y nos lleva a visitar, por un lado, unas curiosas vertientes de piedras a las que, originalmente, llaman "Ríos de Piedra" y que, debido a sus dimensiones, parece ser que constituyen unos de los más espectaculares a nivel  mundial. ¡Será por piedras en Aragón!. Continuando hasta el final de la carretera, llegamos a nuestro último objetivo: el Santuario de la Virgen del Tremedal, cuyos orígenes se remontan a los siglos XII-XIII y cuyo templo actual es del siglo XVIII, aunque al final se inauguró en 1884 por culpa de la Guerra de la Independencia (suceso del que ahora nos ocuparemos).
Varias cosas hay que contar del Santuario:
1) La primera, que es un excelente mirador de los Montes Universales ya que estamos en los límites de las provincias de Guadalajara y Teruel, aunque actualmente está bastante invadido por antenas y repetidores. Y es que la tecnología tiene un precio.

2) La segunda, que durante la Guerra de la Independencia los españoles de la zona se habían hecho fuertes en el santuario, y un general francés, Henriot para más señas, organizó una emboscada para acabar con ellos. Pero los españoles se percataron de la jugada y se retiraron hacia los pinares, dejando al francés con dos palmos de narices. Éste, muy muy muy cabreado, ordenó quemar el pueblo, el Santuario, los pinares y todo lo que se le iba ocurriendo en su personal rabieta. Las consecuencias fueron desastrosas para el pueblo y para la zona, pero los oriolanos supieron reponerse a la catástrofe. Eso sí, imagino que por aquí seguirán acordándose del francés y de su... tropa.
3) La leyenda de la aparición de la Virgen, que más o menos dice así:

A un pastor manco que apacentaba su rebaño por estos lares, en medio de una luz resplandeciente se le apareció la Virgen, que venía con hambre, y le pidió un trozo de torta que, misteriosamente, sabía que el pastor llevaba en su zurrón. Cuando fue a echar mano al zurrón, la Virgen le dijo que con el brazo bueno no, que lo sacara con el que no tenía. El pastorcillo debió pensar que le estaba tomando el pelo, y así se lo dijo. El caso es que, tras discutir un poco, la perra chica fue para la Virgen y el pastor metió el muñón en el zurrón y, a la que lo sacó, llevaba el brazo entero. Y el trozo de torta, imagino.

La historia acaba aquí; ya no cuenta si al final merendaron los dos juntos o si el pastor, directamente, echó a correr al pueblo a contar lo de su brazo nuevo.

No sé a vosotros, pero a mí se me asemeja a la del cojo de Calanda, sólo que cambiando un cojo por un manco...
4) La cuarta, que sepáis que "Tremedal" no es el apellido del pastor ni el de la Virgen que se le apareció, sino "un terreno pantanoso, abundante en turba, cubierto de césped, y que por su escasa consistencia retiembla cuando se anda sobre él" (R.A.E.). No es de extrañar, pues, que la ganadería sea otro de los pilares de la zona.
Y hasta aquí. Ya veis lo que puede dar de sí un día por estas tierras.




miércoles, 11 de diciembre de 2013

Valmuel y Puigmoreno (Bajo Aragón)

Pueblos de colonización
colonizar.
1. tr. Formar o establecer colonia en un país.
2. tr. Fijar en un terreno la morada de sus cultivadores.
colonia (del latín colonia, de colonus, labrador).
1. f. Conjunto de personas procedentes de un territorio que van a otro para establecerse en él.
2. f. Territorio o lugar donde se establecen estas personas.
No es que me haya entrado "vaguitis"; es simplemente que tanto Valmuel como Puigmoreno, además de estar próximos entre sí y ser ambos pedanías de Alcañiz, son muy semejantes en su estructura urbana. Vamos, que para los que no somos de allí, después de haber estado en los dos, si te vendan los ojos, te dan vueltas y te dejan en uno de ellos, te costaría saber en cuál has ido a parar.
Y es que Valmuel y Puigmoreno son dos claros ejemplos de lo que se conoce como "pueblos de colonización", pueblos creados en los años cincuenta (del siglo XX) con el propósito de desplazar parte de la población a zonas de cultivo próximas a poblaciones más o menos grandes (tanto es así, que un centro de interpretación y una estatua -cada cosa en un pueblo- recuerdan sus orígenes).
En este caso, los pueblos se construyeron en la vaguada del río Regallo, actualmente zona de gran producción melocotonera y de vides. Son pueblos llanos, de calles rectas y viviendas unifamiliares, normalmente de un máximo de dos plantas y con amplio patio trasero destinado en sus orígenes a acomodar los animales de labor y de granja, y actualmente reconvertido en garaje/jardín. Las casas suelen organizarse en torno a la plaza principal, donde generalmente se ubican también la iglesia, el ayuntamiento y el médico.
Son pueblos tranquilos, agrícolas y ganaderos (como decía un conocido de San Jorge), con escaso o nulo desnivel en sus calles, merendero bajo pinos... una pocholada de pueblos, vamos. Como de cuento. Me encantan.
Como ya habéis leído, estos pueblos se construyeron a mediados del siglo XX, pero para hacernos una idea mejor de esta época histórica, decir que, en sus orígenes, Puigmoreno se llamó Campillo de Franco, posteriormente Puigmoreno de Franco y, finalmente, Puigmoreno a secas. Similar suerte corrió Valmuel, que en un principio se llamó Alpeñés del Caudillo, posteriormente Valmuel del Caudillo y, tras la dictadura, Valmuel.






viernes, 22 de noviembre de 2013

Teruel (Comunidad de Teruel)

Más cine, por favor
Que me gusta el cine no creo que a estas alturas sea un secreto. Una película que me encantó hace un par de años (y últimamente esto no es muy normal) fue "La invención de Hugo" (EE.UU., 2011), de Martin Scorsese, y ambientada en País, tipo "Amelie". El argumento gira en torno a un niño huérfano que vive en una gran estación de tren, y en un momento dado su historia se entronca con la biografía de Georges Méliès (París, 1861-1938), un pionero del cine que llegó a rodar más de 400 películas fantásticas, muchas incluso coloreadas, y cuyo emblema es el fotograma en el que un cohete "aterriza" en el ojo de la luna. Lamentablemente, parte de ese material se perdió.
Pero Georges no fue el único.
Por los mismos años en que Méliès "jugaba" con el cinematógrafo, un turolense también se dedicaba a lo mismo, a un nivel más profesional y comercial. Otro gran "mago del cine".
Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz (Segundo de Chomón, para los amigos) nació en Teruel en 1871 (diez años después de Méliès), hijo de un médico militar aficionado a la fotografía. En un primer viaje a París conoció a la que luego sería su mujer, Julienne Mathieu, que en aquél entonces trabajaba en los talleres de coloreado de los fotogramas de las películas de Méliès; y conoció también el cinematógrafo de los hermanos Lumière. Y ahí ya se le debió liar la cosa.
Tanto se le lió que acabó siendo uno de los pioneros de la historia del cine, junto a los hermanos Lumière, George Méliès y Charles Pathé. Fue director, técnico de iluminación y de fotografía, especialista en trucajes y revelado, y trabajó incansablemente en nuevos descubrimientos técnicos y efectos especiales que luego aplicaba a sus películas.
A caballo entre su base en Barcelona y sus trabajos en la productora francesa Pathé y la italiana Itala Film, el número de los cortometrajes y las películas en que metió mano, de una u otra forma, es enorme.
Rodando en Marruecos contrajo una enfermedad que acabó con él en París, en 1929 (nueve años antes que Méliès), sin darle tiempo a ver la siguiente revolución de su mundo: el cine sonoro.
Y ahora, en la era de Internet, podemos ver algunas de sus películas gracias a los muchos canales de la red. Ahí van algunos títulos interesantes: El hada primavera, El hotel eléctrico, algunos cuentos de Calleja, Los héroes del Sitio de ZaragozaSatán se divierte, Excursion dans la lune, o Cabiria.
 Segundo de Chomón