martes, 29 de marzo de 2011

Ráfales (Matarraña)

Recomendado para todos los públicos
Metido por ahí, por en medio de la Comarca del Matarraña, está Ráfales, un pueblo cercano al cauce del río Tastavins.
Aunque parezca un poco perdido, lo que puede dar lugar a pensar que está algo olvidado y dejado de la mano de Dios, la verdad es todo lo contrario. No es extraño que a los de Ráfales los llamen "raboses" (zorros), sin duda por la astucia y perspicacia con que levantaron, hace mucho mucho tiempo, este magnífico y acogedor pueblo.
Hay lugares enclavados en un entorno natural especial, hay lugares cargados de historia y patrimonio, hay lugares en los que se aprenden cosas, hay lugares hechos a propósito para relajarse y olvidarse del mundo por un tiempo, hay lugares donde se puede disfrutar de una excelente gastronomía, hay lugares donde se pueden practicar deportes de riesgo... creo que Ráfales lo tiene todo. O casi todo.
Si os gustan los paseos, un recorrido circular por los Estrets nos mostrará el paisaje típico del Matarraña, con su densa masa forestal, sus campos trabajados y sus masías desperdigadas. La ruta de los estrechos presenta rincones curiosos, no falta el agua en sus acequias y balsas, y sólo nos lleva unas tres o cuatro horas.
Algo más corto y tranquilo puede ser dar una vuelta por sus alrededores y visitar alguna de sus fuentes, claro.
Ráfales presenta una estructura de tipo medieval, con casas de piedra, como en muchos de los pueblos del Matarraña. Me cuentan que en tiempos "hubo un castillo aquí, pero ahora no quedan ni los cimientos. A la que te das un par de vueltas por el pueblo puedes ver dónde han ido a parar muchas de las piedras del castillo: a las paredes de las casas. Al fin y al cabo, el castillo tuvo su utilidad hasta el final".
El conjunto de los arcos bajo el ayuntamiento, la iglesia, los porches, la plaza con su fuente y esa fachada con el reloj de sol al que es imposible no fotografiar nos llevan a una época de mercados en las calles, de artesanos, de animales de carga regresando de los campos y de bullicio.
Precisamente bajo estos arcos del ayuntamiento, que en época medieval hacían las veces de lonja, se encuentra una antigua cárcel, enmarcada dentro de la "Ruta de las Cárceles del Bajo Aragón/Matarraña", que ha sido recientemente musealizada y a la que os aconsejo acercaros. Las luces y una locución teatralizada nos cuenta quién iba a parar aquí y cómo se las malapañaba. A algunos os gustará la historia, y a otros la ambientación y el lugar os pondrá los pelos de punta.
Algo más tranquilo es darse un paseo por el extenso jardín botánico, casi siempre cuidadosamente atendido, y donde podremos encontrar una gran variedad de plantas, con un panel explicativo de cada una. Tanto los mayores como los más pequeños aprenderéis aquí cosas curiosas sobre ellas: para qué se usan sus maderas, qué enfermedades curan sus hojas, por qué tienen colores llamativos, cuáles ahuyentan los mosquitos... Eso sí, no esperéis encontraros todas las plantas crecidas y florecidas a la vez; cada una lleva su marcha.
Otra oferta cultural que nos ofrece Ráfales es la visita al pequeño pero interesante Museo del aceite que se encuentra en el Molí de l'Hereu, un acogedor hotel que es una antigua almazara del siglo XVIII rehabilitada para pasar un fin de semana tranquilo, descansar y solazaros todo lo que queráis y más, pues el spa ya lleva funcionando algunos años.
La gastronomía de Ráfales (la que a mí me gusta) la encontraréis en el bar de la plaza; un bar tipo al que ya he comentado en muchas otras historias: de pueblo, normal, de los de toda la vida, donde todo el mundo se conoce, con una barra un poco triste y mesas propensas a la partida. Aquí he visto cosas que no creeríais... atacar naves en llamas más allá de Orión, untar un la cabeza de un tordo asado en la yema de un huevo frito y, de un bocado, comerse esa cabeza con sus ojitos y su pico chorreantes... ante la mirada atónita de un boquiabierto señor de Barcelona que sólo había pedido un café para almorzar. Excelente comida casera, vamos.
Y, por último, a todos aquellos a los que os gusten las actividades de riesgo, os recomiendo que os paséis allá para noviembre por la Feria de Ráfales, a echaros un orujo recién salido del alambique que ponen en la plaza y que, gota a gota, se pega todo el día destilando.

Dedicado a JL Roda, el forestal, una mezcla de vikingo y del gigantón de Harry Potter; buena gente.
Y también dedicado a Gaudi, otro friki de Blade Runner.


4 comentarios:

MARISOL dijo...

Que bien has retratado Rafales !!! Yo voy cada año, y es exactamente como dices, aunque yo tengo la visión de las fiestas, con tracas tremendas para el tamaño de la plaza y el bar atestado, concursos de guiñote y bailes al aire libre...
Como siempre, muy "currado" Alberto. Saludoshamba

gaudiramone dijo...

he he he gracias por la referencia, me apunto el sitio, aunque yo soy de lugares fijos HA HA HA

Nos vemos

Alberto dijo...

Gracias, Marisol.
Y a ti, Gaudi, más te valía salir más por ahí con los chicos a que vean mundo :-)

nuria angles siurana dijo...

Yo soy de RAFALES, aunque no voy demasiado a mi pueblo estuve el pasado domingo 27/3/16, y pienso como tu es un pueblo precioso. Tengo dos nietas y quería que conocieran el pueblo de su abuela.
También comimos en el bar de la plaza muy buena comida y mucha atención por parte del dueño, a pesar que ese domingo había mucha gente por ser domingo de pascua.