Jugársela por una caña
El pequeño pueblo de Libros tiene un problema: su calle principal es la carretera que une Teruel con Cuenca.Su casco urbano es el típico turolense de esa parte: pequeño, acogedor, con sus corrales hundidos y su iglesia orgullosa... pero entre él y el río Turia que lo contornea está la carretera. Una carretera por la que diariamente transitan nosecuantosmilesdemillones de coches, camiones, trailers... pues es su salida rápida hacia Cuenca y Madrid. Y al lado del río (al otro) está el parque, con su paseo por la ribera y su bar con terraza al sol. Así que, para llegar allí a por una caña y una tapa, hay que mirar bien a los dos lados... y apretar a correr.¿Habéis jugado alguna vez al Froggy, ese juego en el que una rana tenía que llegar al otro lado de la pantalla saltando por troncos, cocodrilos...? Este es el nivel 1.
El Pozo de las Palomas
La primera vez que fui al Pozo de las Palomas tenía 8 años.
Mi padre nos llevó a toda la familia, incluidos primos y tíos. Era verano y, para llegar al pie de la cascada había que nadar en algunos tramos con un agua helada. Fue en una de estas cuando mi padre perdió una zapatilla y, antes que volver con una sólo prefirió volver descalzo (toma chulería). Tiró a cascala la zapatilla que le quedaba y echamos a volver a casa. Llegó con los pies desechos, pero con la cabeza bien alta.En los años posteriores pasábamos bastante tiempo en Las Parras, en la casa donde nació mi padre, y volví a bajar muchas más veces al Pozo de las Palomas, casi todas con mi primo Pepe, y a veces nos acercábamos hasta El Pajazo, donde aún se cultivaban los huertos a pesar de la escasez de habitantes.De unos años a esta parte, algunas de las (pocas) veces que he vuelto a utrillas me he acercado al Pozo de las Palomas con los amigos. En la última, habían acondicionado el acceso hasta casi debajo de la cascada, y me gustó cómo lo habían dejado. Bueno, en realidad habían arreglado y señalizado una ruta PR que llegaba hasta El Pajazo (hoy día ya deshabitado).Pero volvamos al Pozo de las Palomas.El paseo desde Las Parras es corto, y ahora bien señalizado. Las pasarelas aéreas que han colocado permiten acercarse mucho hasta la caída de agua y disfrutar del espectáculo. Eso sí, han quitado algunas rocas del cauce y ahora es muy muy difícil acercarse hasta la propia cascada que, por otra parte, siempre lleva un agua muy fría (incluso en verano).La excursión se completa, por un lado, continuando la PR hasta El Pajazo, por un camino que salva el río varias veces a través de puentes, por un barranco precioso que desemboca, cuando ya abre, en una explanada desde la que se contempla un magnífico panorama al frente y, al fondo a la derecha, cómo cae el río de Las Parras en una magnífica cascada (la cascada del Pajazo, como podréis suponer).A la vuelta (o a la ida, como mejor venga), es obligatorio desviarse un poco del camino y acercarnos a ver un batán que hay a la orilla del río, en la parte de arriba, cuando aún no cae por la cascada. En otoño esta parte del río y el batán están preciosos.Y ya, si por casualidad es temporada, en el último tramo de pista hasta el pueblo podéis coger endrinas.Ahora se ha proyectado un pantano que, se supone, va a ampliar los regadíos de esta zona y va a llevar agua de boca a las localidades próximas (incluído ¿Escucha?). Hay muchas dudas en torno al mismo; la primera, la superficie que va a anegar (no he encontrado en Internet un sólo plano claro en el que se especifiquen los límites del mismo, ni se ha publicado hasta la fecha en prensa; únicamente dan referencias textuales de hasta dónde podría llegar).Yo sólo espero que, si todo este fantástico paisaje de cuento desaparece bajo las aguas, sea para algo mejor.*A mis padres, In memoriam
Un gentilicio curioso
Hacía tiempo que quería acercarme a Cabra de Mora porque leí el gentilicio de sus habitantes. Y la verdad es que me ha parecido un pueblo muy majo. Desde luego, malo no puede ser porque tiene un magnífico merendero en lo alto del pueblo desde donde uno se cerciora de su enclavamiento entre montañas (y además se puede hacer brasa), y otro merendero a la salida, en la carretera a Mora.Pero bueno, a lo que iba: el gentilicio de los habitantes de Cabra de Mora es "egabrenses". Ahí queda eso. Por si algún día os sale en el Trivial u os lo preguntan en el Saber y ganar.
El puente romano
Ahora sí, ha llegado el momento de volver a este pueblo a orillas del Jiloca para hablar de su puente romano. Está al lado de la carretera, a pie de coche, así que no hay excusa para no cruzarlo.
Después de desembarcar en Ampurias, las legiones romanas comenzaron la conquista de la Cordillera Ibérica. Corría el siglo II a.C., y los romanos (muy listos ellos) aparte de "invadir", "conquistaban". Esto es, llegaban, introducían el modo de vida romano en la población autóctona, y seguían conquistando por ahí, pero dejando los poblados celtíberos "romanizados".
Esto viene a cuento de la importancia que, en su momento, tuvo el puente de Luco de Jiloca en la conquista de estas tierras, y que tan bien recoge este texto:
"Entre los años 150 a 130 a.C., los habitantes del valle del Jiloca se vieron envueltos en la segunda guerra celtibérica. Estos pueblos de la ribera gozaban de reconocida fama por sus armas templadas en las aguas del Jiloca; sin embargo, hacía falta algo más que armas para enfrentarse a la invasión romana.
Los druidas habían visto en sus augurios grandes desastres para su bosque sagrado, y la congregación eligió a Oldux, gran jinete y gran estratega, como jefe para luchar contra las legiones romanas.
Así, comenzó una desigual batalla; los soldados de Oldux usaban la guerrilla como estrategia, y la legión romana fue diezmada numerosas veces al intentar atravesar el río Pancrudo. La guerrilla cruzaba el río sobre odres hinchados, y se apostaba en la cima de los cerros cercanos para lanzar sus armas sobre las huestes romanas cuando intentaban vencer las aguas.
En varias ocasiones los ejércitos romanos intentaron cruzar el río pasada la época de lluvias, pues su objetivo final era Orosis -la actual Caminreal-, pero otras tantas veces la guerrilla de Oldux les arrebataba las posiciones ganadas. Finalmente, el general romano al mando decidió la construcción de un puente. Pero la táctica no sirvió: año tras años los vigías romanos eran sorprendidos por la guerrilla, oculta en la espesa vegetación. El general romano veía cómo sus tropas eran incapaces de vigilar el paso y mandó talar los bosques cercanos, colocando dos líneas de soldados en todo su contorno. Así es como pudo terminar la construcción del puente y dominar ese paso. Los soldados de Oldux ("el jefe más alto") no pudieron servirse de la frondosa vegetación, y fueron derrotados.
El genial caudillo Oldux apareció muerto una noche; una lanza atravesaba su pecho y la mano derecha había sido cortada. Los romanos respetaron el rito celta y dejaron a Oldux y los suyos en el campo de batalla, para que fueran enterrados según la costumbre del pueblo indígena.
Y para dejar constancia de los años de lucha, fue grabada en el puente la siguiente inscripción:
"Vencido el caudillo Oldux. Año 137 a.C."
¿Andestá Luco de Jiloca?