viernes, 12 de marzo de 2010

Cella (Comunidad de Teruel)

La fuente de Cella

Recuerdo con un amago de sonrisa la primera vez que estuve en Cella, cuando era un zagal (un poco crecido ya, pero un zagal). Iba con mi primo Quique aprovechando un viaje que tenía que hacer por ahí Enriqueta (¿o Pedro? ¿o los dos?). Tampoco recuerdo si veníamos de las fiestas de Teruel, o si íbamos, el caso es que la parada que hicimos en Cella coincidió con las fiestas del pueblo. Y qué fiestas.
No sé el rato que estuvimos allí, y mientras mi prima Enriqueta negociaba lo que tuviera que negociar, Quique y yo pillamos un pedo del quince en un tiempo récord, hasta el punto de "perdernos" en el pequeño pueblo (eran cuatro calles mal contadas) y dar vueltas desorientados hasta que el azar nos condujo a donde estaba aparcado el coche que nos tenía que llevar a donde fuera que fuésemos.
De ese día, unos veinticinco años después (¿o son más?), todavía mantengo en la memoria flashes imborrables de imágenes subidos en el borde de la fuente, haciendo el indio (entre otras cosas), y todavía sigo sin explicarme cómo no acabamos buceando dentro de la balsa. Tal vez ese día le tocaban horas extra al ángel de la guarda.
Como digo, siempre he conservado esos buenos momentos en Cella y su fuente, de cuando el pueblo era pequeño.
Con el paso de los años, siempre que podía me procuraba enterar de cosas relacionadas con Cella y su "fuente misteriosa", y así, oí y/o leí cosas como que nadie sabía con exactitud su profundidad, que si habían bajado buzos venidos de no sé dónde y no habían encontrado el fondo, que si a veces su agua era salada porque comunicaba con el mar... y que fue por ahí, buceando, cómo un enamorado llegó hasta su amada, a la que se habían llevado a la costa. En fin, cosas de esas de Expediente Iker que siempre han rodeado este pozo.
Desde entonces, he vuelto a parar muchas veces en Cella (casi siempre porque íbamos camino de Albarracín y más allá), y siempre me he acercado a la fuente, a volver a recordar. Y, de paso, a ver cómo desaparecía la maraña de ramas e hierbas que la aprisionaban, a ver cómo sus alrededores se convertían en un cuidado parque, a ver cómo se recuperaba el patrimonio hidráulico que la rodeaba, a ver cómo se creaba una ruta del agua siguiendo los pasos de las antiguas canalizaciones romanas, y a ver, en fin, cómo el pueblo crecía a su alrededor, con polideportivo y bar de tapas y restaurante incluido.
Pero siempre, siempre, ha habido un instante en el que lo que veía en la fuente era a Quique y a mí mismo, haciendo el gamba, ahí subidos.

Esta va para Sevilla.

2 comentarios:

gaudiramone dijo...

Bueno.....
El pozo Artesiano de cella!!! HA HA HA
Mis hijos estuvieron tirando piedras y casi nos encorren los lugareños.... HA HA HA

Alli es donde estuvimos haciendo el tema del cerdo....

Anónimo dijo...

Pero hombre, un pozo artesiano con el agua tan pura y transparente y donde mucha gente bebe agua, como se os ocurre tirar piedras o cualquier otro objeto que contamine e agua...
Correros los lugareños no, pero si os pilla el guardia de turno una multa igual si os hubiese puesto.

Hay que respetar nuestro entorno y más aún lugares tan preciosos y puros como este.

Pedro - un cellano que por motibos varios vive fuera de Cella, pero donde acude siempre que puede.