Un pueblo sin coches
Peñarroyas (o Peñas Royas) es un pequeño pueblo donde se acaba la carretera. Y lo primero que llama la atención cuando vas es que hay un parking donde debemos dejar el vehículo. Esto es porque los coches no pueden entrar al pueblo.Y cuando escribo que "no pueden" no me refiero a ninguna ley del ayuntamiento, sino a que es físicamente imposible, ya que el acceso al pueblo se realiza por una única calle, tan estrecha que no caben.Pero no acaban aquí las "gracias" de este encantador pueblo: de su calle principal salen unas cuantas más pequeñas y muy parecidas, y supongo que los del pueblo debían estar hartos de que les preguntaran por dónde se salía (recordemos que sólo hay una calle de entrada/salida) y pusieron la indicación pertinente en la calle "buena".Y seguimos, porque aún da más de sí Peñarroyas. Un paseo corto que nos saca del casco urbano por el lado opuesto a por donde entramos nos lleva a un mirador a través de una montaña "roya" desde el que se divisa una espléndida panorámica del pueblo y del cauce del río Martín. Se puede continuar este camino y realizar una excursión circular que nos devuelve al pueblo, y en la que veremos huellas de dinosaurios, pero no lo aconsejo porque hay que cruzar el río alguna que otra vez y, más que por mojarse, la verdad es que está hecho una guarrada (parece mentira, pues este recorrido está englobado dentro de los del "Parque Cultural del Río Martín").En la antigua escuela de niños, al lado de la fuente, hay un bar que a veces está abierto; y, ya para acabar, añadir que en Peñarroyas hay un pequeño museo y dos casas de turismo rural.Vamos, que lo tiene todo para lo pequeño que es. Y ya sabéis los que vayáis con críos: no os preocupéis, que no les atropellará ningún coche.

Fotos denuncia:

El nacimiento del Tajo
Como es bien sabido, pues a todos nos lo enseñaron de pequeños en la escuela (ahora no lo sé, voy un poco perdido con lo que se enseña y lo que no), el río Tajo es el más largo de la Península Ibérica, nace en los Montes Universales, en la Sierra de Albarracín, y desemboca en el Océano Atlántico, en Lisboa. Hasta aquí todo normal.Lo que ya es menos conocido es que nace a 1.500 metros de altitud, en el término municipal de Frías de Albarracín. El lugar donde nace está a pie de carretera (para los que no les guste andar), en una explanada de hierba que se ha habilitado como merendero (así que si váis con algo para echar al fuego, mejor).Cuando llegamos nos recibe un enorme monumento al río, que más parece sacado de Los caballeros del zodíaco que otra cosa. Y, al lado, una estatua nos indica el recorrido a lo largo de la Península Ibérica, y otras tres las tres primeras provincias por donde pasa: Teruel (un torico), Cuenca (un cáliz) y Guadalajara (un caballero). Ahí se debió acabar el presupuesto, faltando Madrid, Toledo, Cáceres y Portugal.El sitio es una pasada; merece la pena. Eso sí, si vais llevaos al menos una chaquetica pues aunque vayáis en verano estaréis a 1.500 m. de altura, y hará fresco. Y no os olvidéis de hacer la foto con la fuente (con su caño correspondiente) y la piedra que indican que nace exactamente ahí, aunque alguien pueda malpensar que, en realidad, el Tajo nace unos cuantos metros más atrás, en el grifo de la cabaña.P.D.: Ya que váis por Frías, acercaos también a ver la enorme dolina que hay por los pinares. Es impresionante.

Vino por patatas
La Cañada de Benatanduz está encaramada en lo alto de unos meandros profundos, erosionados por un río que ha dejado formas curiosas en la roca, allá en el fondo del barranco. Sólo por el paisaje por el que se pasa para llegar hasta aquí ya bastaría para acercarse a este lugar, pero lo cierto es que, una vez allí, te cercioras de que ha valido la pena.Dicen de La Cañada de Benatanduz que aquí el Maestrazgo besa las nubes, y puede que sea cierto pues es el pueblo más alto del Maestrazgo. Y, si una de las cosas por las que era famoso el Maestrazgo era por las patatas de siembra, La Cañada de Benatanduz presumía de tener las mejores, tal vez precisamente por la altura.Me cuentan que, en tiempos, era tal la fama de estas patatas que la gente iba allí aposta a por ellas, cambiándolas por vino (del que escaseaba el pueblo). Esos días se montaba buena fiesta en el pueblo, que solía durar un par de días (lo que durara el trueque y la resaca, imagino). 
La fuente del Mocho
Antes de llegar a Utrillas, viniendo desde el cruce, hay una fuente al lado de la carretera; una fuente por la que siempre ha manado agua fresca, aún en las épocas de mayor sequía: es la fuente del Mocho.
Esta fuente, que yo recuerde, siempre ha estado ahí, con su abrevadero al lado, donde también bebía la burra cuando, de pequeño, bajaba con mi abuelo Agustín o mi padre a los huertos del Gradillo, al lado del cementerio. A la vuelta a casa llenábamos allí alguna garrafa, igual que mucha otra gente, de la mejor agua del pueblo. A veces se llenaba enseguida, otras le costaba un buen rato (cuando el agua salía gota a gota, si llevaba algún tiempo sin llover).
Hace poco colocaron un cartel enorme casi tapando la fuente,en el que ponía que no se podía beber de ese agua. No sé quién lo colocaría ahí, ni quién dejaría que se pusiera, pero está claro que no era del pueblo, ni conocía ese pedazo de historia que durante generaciones ha dado de beber a tanta y tante gente, sin dejar de manar ni un sólo momento. A veces la ignorancia lleva a hacer tonterías como ésta.
Al volver a Zaragoza volvimos a pasar por la fuente del Mocho y ahí, al lado del ignominioso y enorme cartel, estaba Bernardino llenando sus garrafas, como llevaba haciendo desde que era pequeño, hace más de 70 años.
* A mi padre, In memoriam.
El molino de aceite
Jaganta es un pueblecito de unos 50 habitantes, perteneciente al municipio de Las Parras de Castellote. Es un pueblo simpático y tranquilo, y que tiene un molino de aceite construido y utilizado desde el siglo XVII. Actualmente no está en uso (lógicamente), sino que se conserva como una especie de museo.Si preguntáis por el pueblo, os dirán a quién podéis acudir para que os lo enseñe. Y a buen seguro que la señora dejará todo lo que esté haciendo para acompañaros, enseñároslo y explicaros cómo funcionaba, para qué servían los distintos utensilios que allí hay, y daros alguna teoría de cómo rayos debieron, en aquellos tiempos, meter la prensa de eje: una viga monumental, impresionante. La más grande de todas, y perteneciente a la tipología más antigua que se pueda encontrar en todo Aragón.Y, lo que es mejor, a la señora le encantará contaros todo esto porque lo vivivió y, cada vez que lo enseña, se llena de satisfacción al recordarlo. Es muy posible que también os revele alguna anécdota curiosa... vale la pena visitar el molino.Justo al lado hay un antiguo lavadero al que, hoy día, todavía van las mujeres a lavar la ropa, algo raro de contemplar en estos tiempos que corren.
